¿Hasta cuándo República Dominicana? Promesas vacías, justicia para los pobres y un país al borde del abismo
Por Eduardo Martínez
Listín USA
El pueblo dominicano ya no aguanta más cuentos ni discursos bonitos. En las redes sociales —que hoy en día son la única válvula de escape que le queda a la gente para desahogarse sin censura— el sentir es unánime: la paciencia se agotó. La República Dominicana que nos pintan desde el Palacio Nacional no coincide en nada con la que vivimos día a día los ciudadanos de a pie.
El cuento de los «métodos propios» y la crisis migratoria
El presidente Luis Abinader insiste en que tiene «sus propios métodos» para lidiar con el problema del hermano país vecino. La pregunta que se hace toda la nación es simple: ¿cuáles métodos? Si todavía no ha resuelto absolutamente nada. Tuvo que venir Nayib Bukele desde El Salvador para demostrar cómo se manejan las crisis con firmeza y resultados en cuestión de días.
Aquí todavía recordamos aquella promesa de campaña donde se aseguraba que en seis meses no quedaría un solo indocumentado en el territorio nacional. ¿Y qué tenemos hoy? La realidad desmiente el discurso: cada vez hay más inmigrantes sin control. Por más maquillaje que sus ministros y seguidores le quieran poner a la situación, la verdad no se puede tapar con un dedo: la política migratoria ha sido un total fracaso.
La desaparición de la clase media: solo quedan los de arriba y los jodidos
En la República Dominicana ya es historia hablar de clase media. Hoy el mapa social está dividido en dos realidades dolorosas:
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La clase alta y los políticos en el poder: viviendo la gran vida, llenos de privilegios y blindados del mundo real.
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Los jodidos por la crisis: la inmensa mayoría del pueblo, sobreviviendo al alto costo de la vida, a la delincuencia que arropa cada rincón y al sacrificio diario de ver cómo su trabajo solo sirve para enriquecer a otros.
¿Y quiénes legislan para nosotros? Basta con escuchar hablar a más de un congresista para darse cuenta de la falta de preparación de muchos. No están ahí por capacidad, ni por mérito, ni por vocación de servicio; están ahí por un apellido, por amiguismos o porque tienen el dinero para comprar voluntades. En este sistema, la educación y el talento valen poco; lo que manda es el compadrazgo y las relaciones de conveniencia.
Justicia selectiva: mano dura para el débil, privilegios para el de cuello blanco
Lo que más indigna a nuestra sociedad es la doble moral de la justicia:
Al infeliz que se roba un plátano en el mercado para llevarle comida a sus hijos le aplican todo el peso de la ley y lo mandan directo a una celda común. En cambio, a los políticos y poderosos señalados por desfalcar millones les regalan «prisión domiciliaria», que no es más que unas vacaciones pagadas en sus propias mansiones.
¿A eso le llaman justicia? Mientras aquí no se aplique mano dura de verdad —como lo ha hecho Bukele— el sistema judicial seguirá siendo un instrumento que solo castiga a los descalzos y perdona a los intocables.
Ahí están figuras como Luis Abinader, Faride Raful y José Paliza, que actúan con la soberbia de quien se cree dueño de los tiempos. Pero todo en esta vida tiene un límite. El poder terrenal dura apenas unos años, y aunque muchos de los que nos gobiernan actúen como si no le temieran a nada ni a nadie, hay una ley divina que no prescribe: lo que en la tierra se hace, en la tierra se paga.
El espejo de Venezuela: es hora de abrir los ojos
Como dominicano doliente que ama a su patria, lo advierto con dolor pero con total claridad: miremos lo que le pasó a Venezuela. Un país inmensamente rico, destruido por la corrupción, la mala administración y la indiferencia de gobernantes que se creyeron eternos. República Dominicana va por el mismo camino si no abrimos los ojos a tiempo a la hora de decidir nuestro destino político.
El clamor de la gente en las calles no se va a callar con publicidad ni con ruedas de prensa. La verdad siempre sale a flote.
¡Que Dios bendiga y proteja a la República Dominicana!




