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Nayib Bukele Modelo A Seguir

Rey Díaz

 

Análisis político exclusivo para el Listinusa.net

Zoolaar@live.com

 

El ejemplo de Nayib Bukele, Presidente constitucional en El Salvador, Centro América, debe ser el modelo a seguir para construir una nueva sociedad. Bukele vio cómo los recursos de la nación eran mal usados, cómo los políticos se beneficiaban del crimen organizado, y cómo las pandillas azotaban ese gran país frustrando así el esfuerzo de los salvadoreños de encaminar su nación hacia el progreso y el bienestar social.

El neo-liberalismo, ha dejado sus huellas profundas en la forma de ejercer la policía en América Latina.  Ese neo-liberalismo construyó una élite política corrupta para perpetuarse en el poder, y desde allí construir grandes nichos y paraísos fiscales donde esconden todo lo robado al Estado.

En El Salvador esa era la orden del día, corrupción, soborno, mal uso de los fondos del Estado, políticos convertidos en multimillonarios de la noche a la mañana, una justicia al servicio de políticos asociados con malhechores, que dejaban perdidas millonarias al Estado salvadoreño, con también cientos de muertos y extorsiones, mientras el temor y la impotencia se apoderaba de todos los salvadoreños.

Hasta que llegó al poder el Presidente Nayib Bukele, quien se ha ocupado de reformar y transformar ese bello país centro americano. El gobierno de Bukele nos ha enseñado que la cárcel para los pandilleros y la destitución y posterior enjuiciamiento para los políticos corruptos es la mejor decisión política para encaminar hacia el progreso esa, o cualquier otra nación.

Sin embargo, en la República Dominicana vivimos el mismo derrotero que vivió El Salvador, antes de que llegara al poder, Nayib Bukele.  Es lamentable que, en un país como la República Dominicana, la ciudadanía tenga que optar por el reciclaje de políticos, que representan el atraso político, social y económico de esa nación.

A raíz de la caída de la tiranía trujillista, el 30 de mayo de 1961, hemos sido azotados por la corrupción, la impunidad, el crimen organizado, la violencia y la pobreza extrema. Nuestra democracia ha sido envilecida en reiteradas ocasiones por fuerzas interna y externas, malogrando las aspiraciones del ciudadano común.

Probablemente, el caso dominicano sea más complejo porque tenemos una oligarquía muy poderosa que suben y bajan del poder a quienes no representan sus intereses económicos. Sin embargo, es hora de que los dominicanos seamos más juiciosos para reelegir gobernantes que solo representen el pasado con más de lo mismo, o los intereses económicos de un grupo reducido de la población como es el caso del Luis Abinader representante consuetudinario de los peores intereses de la patria.

La época apunta hacia un cambio inminente en el pensamiento colectivo, ante la posibilidad de un posible regreso al pasado infame. Y es que elegir a un candidato que represente la corrupción, el crimen organizado, la degradación moral de la juventud, el robo al Estado dominicano, así como una política de libertad al delito organizado por la oligarquía explotadora, debe llegar a su fin.

La sociedad dominicana no puede estar organizada bajo el pretexto de favorecer uno pocos, en detrimento de una gran mayoría del pueblo trabajador que no ve una mejoría en sus ingresos económicos. Si nos remontamos a los años de 1996, los gobiernos que hemos tenido en la República Dominicana han sido gobiernos amparados por el crimen organizado, el narco-tráfico, el pisotear a la constitución y las leyes del país.

Un país que busque regresar al pasado tiende a repetir los errores de ese pasado. La sociedad dominicana debe darse una oportunidad de buscar elegir, no un villano educado, como el Dr. Leonel Fernández Reyna, o un corrupto engreído como Danilo Medina, ni mucho menos un payaso ilusorio como Hipólito Mejía, o un Presidente deshonesto como Luis Abinader, cuya incapacidad de gobernar se demuestra en haber prometido mucho y al finalmente cumplir nada.

Estos políticos están cortados todos por la misma tijera un partido absoluto, donde el caudillo gobernante hace el papel de “Kazán el Cazador, Amo de la selva.” Esta cultura de impunidad y corrupción ha sido hasta ahora el resultado de una tiranía que dejo sus huellas profundas en la nación. Después del fin de la dictadura, la sociedad dominicana continúo con el déspota ilustrado, el Dr. Joaquín Balaguer, escoria política de nuevo cuño, la cual ha buscado imitar el Dr. Leonel Fernández Reyna quien busca acercarse a los récords de más años gobernando al país.

Antes de que este último se convirtiera en presidente dominicano en 1996, “su excelencia” no había administrado, ni si quiera una bodega o colmado pequeño. Así, el Dr. Fernández gobernó la nación dando licencia de impunidad a todos los funcionarios corruptos de su gobierno para hacer del Estado un botín de guerra que bien se repartieron sus aliados.

Desatar ese nudo dominicano se hace difícil especialmente cuando los otros gobernantes de las demás parcelas políticas han venido haciendo prácticamente lo mismo. Es decir, cada uno de los presidentes que hemos tenido han sido clonados por el mismo ADN de corrupción, impunidad, vista gorda al crimen organizado y una precaria situación para los hijos de machepa.

Es evidente, que la oligarquía dominicana ha jugado un papel predominante en auxiliar a los gobiernos de turno para que el país siga igual de atrasado en la educación, administración de la justicia, agricultura precaria y un sistema médico deficiente. A esto se añade, una economía basada en préstamos y endeudamientos, un sistema de explotación de los recursos mineros por multinacionales extranjeras. Esto ha sido marcado además por una política inmigratoria ascendente de nacionales extranjeros, sin que la sociedad perciba el peligro que se avecina ante la inmigración de haitianos en territorio dominicano.

Es hora ya de buscar el avance económico del ciudadano promedio porque los tiempos indican la necesidad de un cambio radical en la forma de gobernar, no dando un salto al pasado ignominioso, sino dando pasos agigantados hacia el futuro de la patria como está gobernado actualmente el Presidente Bukele en El Salvador.

Y si en alguna forma deseamos regresar al pasado, entonces busquemos el buen ejemplo del Padre de la patria Juan Pablo Duarte y de sus discípulos más prominentes como lo fueron Francisco del Rosario Sánchez, y Ramón Matías Mella. Fuera de ahí, solo nos quede el mal ejemplo de los políticos en partidos tradicionales que solo han trabajado para el bienestar propio, sin pensar en el bien común de todos los dominicanos.

En las próximas elecciones 2024, en las urnas electorales debemos eliminar a través del voto popular, a todos los políticos malvados, que se han robado los recursos y los mejores años de la patria. Busquemos en el liderazgo joven un mejor porvenir, una visión de Patria encaminada a soslayar la corruptela política que sigue haciendo de la Patria un botín de guerra para los candidatos y gobernantes salidos desde el centro de los partidos tradicionales.

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