Opinión

Interpretando a Plutarco Arias

Por: Rafael A. Escotto

 

«Bienaventurado el hombre que no espera nada, porque nunca será decepcionado». Alexander Pope

Tratar de hurgar en el intrincado mundo de las opiniones emitidas en el curso de un debate político- electoral y, sobre todo, en tiempo de coronavirus, con el objeto de encontrarle significado a las intenciones que misteriosamente se hayan sumergidas en el interior de un submundo de complicados laberintos creados por el lenguaje y por símbolos difíciles de ser deducidos o decodificados por el ciudadano común, obliga a penetrar en las oscuridades recónditas de ese universo y ver qué podemos extraer que sea valioso y rico para poder entender el espíritu de las disquisiciones que suelen darse en esos planos.

El señor Plutarco Arias, médico por elección y político de profesión, quien funge como director del gabinete de salud del candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Luis Abinader, consideró en Santiago de los Caballeros que «el discurso de Medina está divorciado de la realidad sanitaria del país».

El galeno con sus consideraciones trata inútilmente de manipular la ciudadanía intentando descifrar o de interpretar elementos de un discurso que se encuentran en una zona insuperable de la literatura sanitaria que se supone él como médico debe conocer lejos de la hipocresía o marrullería del politiquismo isleño. 

No obstante, el facultativo pretende agredir el contenido de la disertación; también atenta vana o maliciosamente, no solamente de atacar el espíritu impresionante del discurso, igualmente arremete contra las exactitudes de una alocución diseñada muy alejada de lo eminentemente político y se queda aquella retórica precisamente dentro de los límites sensatos de los problemas humanos de un pueblo sitiado súbitamente por una epidemia implacable y errática.

Como escribidor de discursos a algunos secretarios de Estado, cónsules y personalidades importantes del mundo político dominicano, fuera y dentro del país, debo de reconocer, sin pretender adjudicarme estatura intelectual que no pueda merecer, que la disertación que pretende criticar el doctor Arias fue extraordinaria y bien articulada.

Afirmar, como procura hacer el director político de la oficina o gabinete de salud del candidato Abinader, que «el interés de las autoridades en capitalizar la crisis sanitaria a favor del candidato peledeísta ha caído en el vacío, debido a que la población sabe muy bien que están ocultando la realidad sobre la enfermedad».

Declarar, sobre todo, un médico en ejercicio que las epidemias o enfermedades pueden ocultarse en los entrepaños de un discurso pronunciado frente al país sería una desmesura y un tremendo enanismo espiritual, especialmente cuando el disertante ostenta el poder de gobernante de una nación azotada, aguijoneada y consternada por una plaga tan terrible como el Covid-19. 

El médico Plutarco Arias, del PRM, un partido político que busca afanosamente llegar al poder, pretende suponer en su estado de efervescencia política que el pueblo dominicano es el ignorante de otras épocas que, como dijera Simón Bolívar, puede prestarse a ser «un instrumento ciego, de hombres ajenos de todo conocimiento político».

Me atrevería afirmar detenido frente a mi ventana observando el despliegue hermoso del sol durante el atardecer que el dominicano posee virtudes brillantes que la timidez no permite enseñar. En nombre de esa timidez recurro esta tarde crepuscular a la pluma casta y enérgica de la escritora y socióloga española Concepción Arenal para decir igual que ella que «las virtudes son hermanas que se abrazan estrechamente; cuando una cae, todas vacilan; cuando una se levanta, todas cobran ánimo».

Quien realmente intenta utilizar la epidemia del COVID-19 como si pretendiera ser un artesano de la política es el PRM, tratando laboriosamente de abrir un hospital en La Vega, violando el estado de excepción establecido por el congreso de la nación mediante resolución, que dispone que los asuntos de salud en un estado de emergencia corresponden al Ministerio de Salud Pública oficial. Cualquier ayuda debe canalizarse a través del Gobierno. 

Sin embargo, el jefe de Estado, Danilo Medina, fue bastante candoroso o complaciente, si se quiere, y se dejó coaccionar por una parte de la llamada sociedad civil y de la Iglesia católica que trabajan para y por los intereses del PRM y obtemperó a los reclamos del partido de oposición, pudiendo el jefe de Estado haberse opuesto a la solicitud por ser improcedente y por estar fundamentada dicha solicitud en un interés exclusivamente político en el que la salud es un pretexto para el PRM.

Otra aberración política del galeno santiagués fue haber tratado de desorientar al pueblo al intentar negarle al candidato del partido de Gobierno, el de la Liberación Dominicana (PLD), Gonzalo Castillo, elderecho como candidato de ayudar económicamente a través de los medios lícitos que posee como empresario privado para mitigar los apuros sanitarios y humanos a que se enfrenta el país por efecto del coronavirus.

Es, en consecuencia, irrazonable y necio insinuar, como lo hace el doctor Arias, que «dentro de su mal manejo a una situación tan delicada como la que estamos viviendo a causa del COVID-19 han puesto al candidato oficialista a desempeñar funciones que son competencia de los ministerios de Salud Pública y de Relaciones Exteriores».

Cae el distinguido galeno ingenuamente en su propia trampa política cuando señala correctamente que las ayudas para enfrentar el COVID-19 «son funciones que son competencia de los ministerios de Salud Pública y de Relaciones Exteriores». Por tanto, se me ocurre preguntarle a mis lectores, basándome en esta respuesta del propio doctor Plutarco Arias: ¿A quién corresponde, bajo un estado de excepción, administrar cualquier ayuda nacional o extranjera, abrir hospitales de emergencia o realizar gestiones de salud que vayan dirigidas a la población directamente afectada?

Vistas las anteriores incoherencias desarrolladas por el director del gabinete de salud del candidato opositor, Luis Abinader, hechas al calor de una campaña electoral, tratando inútilmente de imitar con sus erráticos floretes a aquel diestro actor estadounidense nacido en Australia perteneciente a la edad de oro de Hollywood, Errol Flyn, en aquella aventura famosa de Robin Hood. Pero el doctor Arias se quedó corto en su pretendida estocada política contra el discurso del jefe de Estado.

Cae nuevamente el doctor Arias en otra de sus peores confusiones políticas al lamentarse, quizás asfixiado por falta de oxígeno y de confianza en su líder cuya candidatura parece que no crece lo suficiente frente al candidato del Gobierno, Gonzalo Castillo, a quien no conozco personalmente ni pertenezco a ningún gabinete de ningún partido político, estando en capacidad intelectual, profesional , cuando dice en unevidente estado de impaciencia: «[…] en medio del estado de emergencia el Gobierno se haya empeñado en aprovechar el dramático escenario para motorizar el arranque de la candidatura presidencial del partido de gobierno».

Esta declaración por sí sola obliga a invertirla por ser una confesión infausta ventilada en una situación aparentemente emocional de depresión y de una mortificante aflicción personal y política. Debemos admitir, por otro lado, que cuando el político y médico en campaña electoral critica el discurso del presidente Danilo Medina del pasado viernes está en sus derechos como militante político de opinar sobre esta pieza.

Lo que es criticable sería oír en boca de un facultativo, expresar, por cuestiones ideológicas, que el discurso del presidente Medina «no se corresponde con la realidad del país». Señores, los invito a leer en justicia, punto por punto, detalle por detalle cada trozo o fragmento del discurso del jefe de Estado pronunciado el viernes próximo pasado y saquen sus conclusiones. Naturalmente, para poder ser imparcial hay que despojarse o abjurar de cualquier herejía, como conminó Jesús a Zaqueo.

Yo puedo comprender después de todo que hay algunas personas que han sido llevadas a adoptar una posición de predisposición, con razón o sin ella, contra el presidente Medina y el PLD. Empero, fuera de esa postura no cabe duda que fue un discurso enfocado en la situación económica, de trabajo y de salud que vive el pueblo dominicano y, sobre todo, no faltó, como debe suceder en momentos de grandes desazones humanas y sociales, que el gobernante asumiera su rol de autoridad y de esa dirección que necesita del país frente al estado de calamidad que vive la nación.

En conclusión, después de este ejercicio hay que aprender a analizar lo que se oye en las calles del país, a qué grupo social o estructura doctrinaria pertenece las personas que opinan, de uno y de otro lado de la discusión política. Estamos obligados a desarrollar nuestra racionalidad para evitar caer en cuestiones absurdas que nos pueden llevar cándidamente a aceptar pareceres ajenos a nuestra realidad social.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba