Comunicador nicaragüense denuncia mentira mediática al año de crisis

Recordó que en la trama se involucraron sectores que desde el 2007 hasta el 18 de abril de 2018 habían mantenido extraordinarias relaciones con el gobierno de Daniel Ortega, entre ellos los empresarios nucleados en el Consejo Superior de de la Empresa Privada (Cosep), administradores de los intereses del gran capital.
El artículo rememora que en los años previos a lo que el gobierno nicaragüense considera un fallido intento de golpe de estado, la oposición, tildada de pírrica por el escrito, realizaba todos los miércoles marchas tipo plantón cuyo poder de convocatoria no rebasaba las 60 personas.
Al propio tiempo, campesinos del llamado movimiento anti Canal Interoceánico protagonizaron más de un centenar de manifestaciones a lo largo y ancho de la geografía nacional.
En el mismo contexto anterior a abril de 2018 nunca el gobierno de Daniel Ortega cerró un medio de comunicación, encarceló un periodista ni limitó la libertad de prensa y expresión, ‘por el contrario de la misma forma que ahora lo que siempre existió fue libertinaje (…) y siempre la Policía Nacional gozó de una amplia confianza y apoyo en el pueblo’, continuó el análisis.
El periodista plantea como tales circunstancias cambiaron de la noche a la mañana cuando un primer ensayo aprovechó el incendio de la Reserva de la Biosfera Indio Maíz (primera quincena de abril del año anterior), pretexto esgrimido bajo supuestas banderas ambientalistas por quienes nunca antes mostraron la más absoluta preocupación por el tema.
A los pocos días vino una reforma a la Ley de Seguridad Social que se convirtió en el detonante de aquella orgía y aunque el gobierno del presidente Daniel Ortega, por la estabilidad de país, echó pie atrás, ya no fue posible detener el plan del imperio a ejecutar por sus sirvientes nacionales y entonces la noticia falsa comenzó a hacer lo suyo y produjo un muerto que jamás existió el 18 de abril, argumenta el comunicador.
La operación mediática convirtió al día siguiente el asesinato de un miembro de la Juventud Sandinista, quemado vivo dentro del edificio del Centro Universitario de la Universidad de León, ‘primer crimen de odio del terrorismo golpista’, en un muerto de ‘la insurrección popular’.
Lo que siguió después fue el secuestro del país por unos tres mil individuos muy bien pagados que se apostaron en lugares estratégicos para montar tranques que con toda impunidad eran paredones de fusilamientos y centros de torturas contra todo ciudadano que se identificara como sandinista, recuerda de manera textual uno de los párrafos de la citada columna de opinión.
Absalón Pastora considera dos factores por los cuales el terrorismo se lanzó contra Nicaragua.
El primero es que Estados Unidos jamás perdonará a Daniel Ortega y al Frente Sandinista de Liberación Nacional que su nacionalismo se haya inspirado en el General de Hombres Libres (Augusto C. Sandino), quien desde Las Segovias hizo morder al derrotado gringo invasor el agreste polvo de nuestras montañas, apuntó.
La incompetencia, el resentimiento y la frustración del oposicionismo (en Nicaragua), caracterizado por estar en contra de los que están a favor y a favor de los que están en contra, es el otro aspecto causante de hacer emerger el odio entre sus compatriotas, expone el texto.
El autor define a la tendencia opositora en Nicaragua ‘como lo más antipopular y mediocre que uno pueda imaginar, pero por si fuera poco lo más anti nacionalista, anti nicaragüense y traidor que uno pueda concebir’.
Ellos han ido a Washington a pedir sanciones que solo afectan al pueblo nicaragüense, y para ambientar un estado de caos que ellos mismos crearon, vienen recibiendo desde hace siete años más de ochenta millones de dólares, denuncia Absalón Pastora.
Y con tales recursos, desde distintos frentes, el principal el de la mentira mediática, hoy pintan hacia afuera un estado de rebelión interna que contrasta con la indignación mayoritaria de un pueblo que quiere paz y que centra su valentía en no responder al odio con odio, concluye por desenmascarar la operación sicológica.




