El nenúfar del cambio climático

Placas de hielo en el lago Michigan, junto a Chicago. SCOTT OLSON AFP
Mientras en la ciudad australiana de Adelaida los termómetros superaban los 46 °C, en Chicago caían por debajo de los 30 °C. En la visión simplista del cambio climático que tiene Donald Trump, calentamiento global quiere decir calor y no frío, y por eso se permitió hacer broma. Pero el clima no está para bromas. Con estas manifestaciones extremas, cada vez más frecuentes, la Tierra se queja de la primera de las tres fracturas metabólicas a las que la humanidad la ha sometido en su afán por explotar los recursos naturales. Sobre esas fracturas escribe Joaquim Sempere en su último libro, Las cenizas de Prometeo.
La primera fractura es la energética y se produjo cuando la humanidad dejó de abastecerse de la energía procedente del sol, en una economía circular mediatizada por la fotosíntesis, y pasó a utilizar energías fósiles de forma masiva. Primero el carbón y luego el petróleo y el gas. A diferencia del modelo anterior, basado en energía renovable, las energías fósiles podían acumularse en grandes cantidades. Los avances científicos y el nuevo modelo energético permitieron el gran salto de la revolución industrial. Las consecuencias de las otras dos fracturas —el agotamiento de las tierras y los minerales— vendrán más tarde, pero las de la fractura energética ya están aquí. Cuanto antes emprendamos la transición hacia fuentes renovables y volvamos a una economía circular, mejor. Si no, lo tendremos que hacer a las bravas.




