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La ACB de las emboscadas: el Real Madrid sufre contra el Murcia

Yusta pelea con Soko y Kevin Tumba durante el partido. JUANJO MARTINEFE LUCAS SÁEZ-BRAVO

Las rotaciones, el cansancio, el propio relax tras la tensión europea de la semana (esta pasada, dos citas para el Real Madrid), el enfrentarse a un rival que, normalmente, lleva toda la semana preparando la cita. La ACB se vuelve emboscada. Pequeño aliciente para la competición y apenas un rasguño para los grandes, siempre con margen para arreglar los tropiezos. El equipo de Pablo Laso apunto estuvo de llevarse otro buen susto, como el del domingo pasado en Lugo. Finalmente, los puntos de Thompkins y una de esas canastas imposibles de Llull hicieron que el Murcia acabara cediendo en el Wizink. [80-74: Narración y estadística]

Empezó el local con espíritu de redención. Qué mejor que ponerse las pilas en defensa para allanar el camino. Esta vez el ajedrez de Laso dejó fuera de la convocatoria a Ayón y a Randolph. También a Deck, con unas molestias, además del joven Pantzar. Jeffery Taylor, en el banquillo, se quedó sin jugar. En los primeros ocho minutos, apenas concedieron los blancos cuatro puntos, con Tavares haciendo la noche a los murcianos. Estaban claras las intenciones, pero no duraron demasiado.

Primero porque el veterano Urtasun espabiló a los suyos, con nueve puntos en el segundo cuarto. Y después porque el Madrid fue cayendo en la indolencia a la vez que se venían arriba los de Javi Juárez. En el segundo cuarto, Campazzo y Tavares, y después Thompkins (acabó con 22 puntos), equilibraron la distancia (42-30).

Pero los problemas para el Madrid surgieron a la vuelta de vestuarios. Fue una remontada paulatina la del Murcia. Aparecieron los triples visitantes (Soko, Doyle, Rudez…) y al final del tercer acto ya estaban ahí (58-56). Nada más arrancar el definitivo, Tavares cometió la cuarta, otra vez en ataque, y emergió un descomunal Booker, que encadenó ocho puntos consecutivos para poner por primera vez el UCAM por delante (61-63). El Madrid, por su parte, encalló ofensivamente, con varios fallos claros de Llull desde el perímetro.

Pudo ganar cualquiera. Y los fallos condenaron a un UCAM al que le temblaron las piernas en la recta de meta. Primero erró tres tiros libres consecutivos y después vieron como un errático Llull atinaba con una de sus mandarinas, cuando la posesión se acababa, de esa forma alucinante que sólo él es capaz. Un rebote ofensivo de Felipe Reyes fue su condena final, la que le separó del sueño de asalta el Wizink y seguir en la puja por colarse en la Copa.

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