Opinión

El Líbano contra Israel, una guerra que nadie quiere

(PL) Las recientes acciones de Israel en las cercanías de las fronteras con El Líbano, anuncian una posible escalada del régimen de Tel Aviv, aunque en el fondo ninguno de los bandos quiere una guerra.
El ejército israelí acometió una operación para destruir túneles que dice fueron construidos por la organización político militar Hizbulah a fin de penetrar en la Palestina ocupada.

Esas acciones solo se realizarán en territorio usurpado, aunque funcionarios israelíes de alto rango declararon que podría necesitarse una incursión para neutralizar las amenazas de Hizbulah.

Los analistas, sin embargo, se preguntan si Tel Aviv está dispuesto a iniciar otra guerra que no les favorece por ningún lado.

En 2006, una invasión de la entidad sionista fracasó a causa del nivel de enfrentamiento que encontró en la Resistencia islámica libanesa.

Esa aventura duró 33 días y finalizó con una Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que incluso envió cascos azules para patrullar la frontera entre los dos Estados.

A juicio de los expertos, Israel calculó mal las capacidades de Hizbulah y en la actualidad la Resistencia islámica es mucho más profesional y con armamento capaz de impactar en puntos estratégicos del Estado usurpador.

El pueblo no tolerará más muertos en Israel y la idea de un conflicto no goza de popularidad, aunque podría ser una salida del primer ministro Benjamín Netanyahu ante una situación de rechazo interno, consideran algunos medios especializados.

Tel Aviv anuncia que va al Consejo de Seguridad de la ONU para quejarse de sus supuestos hallazgos y violaciones de las resoluciones del máximo órgano internacional.

Pero olvida sus violaciones casi diarias del espacio aéreo y las aguas territoriales libanesas en contravención de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU.

De marzo a junio de este año, las Fuerzas de Paz de la ONU en El Líbano (FPNUL) documentaron 456 violaciones aéreas israelíes con mil 518 horas de sobrevuelo.

Los exhortos de la FPNUL para que Israel cese esas operaciones caen en oídos sordos.

La ONU también anotó el irrespeto israelí que ocupó el norte de la localidad de Ghajar y un área adyacente al norte de la Línea Azul, demarcada por la máxima instancia mundial como frontera entre las dos partes.

De igual manera, desoye la propuesta de 2011, dirigida a facilitar la retirada de áreas que pertenecen a El Líbano.

A medida que la comunidad internacional hace la vista gorda a esas violaciones, el potencial para la guerra es evidente.

En la percepción libanesa, la Resistencia islámica no entregará sus armas si Israel mantiene ocupado territorio libanés, basada en el acuerdo sellado en Taif, Arabia Saudita, para poner fin a la guerra interna libanesa de 1975 a 1990.

Otra razón que frena las intenciones bélicas de Tel Aviv se refiere a su desconocimiento sobre el potencial y la ubicación de las armas de Hizbulah con posibilidades de lanzar cohetes hacia Israel.

Pese a esa ventaja sicológica, El Líbano no quiere la guerra, al decir del primer ministro designado, Saad Hariri, quien apuntó que no se busca una escalada frente a la actividad militar israelí a lo largo de la frontera sur.

Por Armando Reyes Calderín

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