Joseíto Mateo: El merengue tuvo su color

Por: Rafael A. Escotto
Si el merengue tuviera color todos fuéramos Joseíto Mateo. Si el merengue tuviera color hoy todos vistiéramos los colores de la bandera dominicana. El merengue tuvo su color.
La cruz blanca en la bandera nacional es un símbolo cristiano del porqué el hombre está en la tierra. Todos los puntos confluyen en aquella figura geométrica. Ella representa los cuatros puntos cardinales y los conceptos de divinidad.
Joselito Mateo, a quien el poeta Héctor J. Díaz le dio en llamarle «El negrito del batey«, no solo fue pretexto, fue musicalidad, fue folclore, fue gozo, fue expresión, fue leyenda, fue exegeta de un ritmo que encarnó el alma nacional.
Cada vez que Joseíto entonaba con su voz extraordinaria, «a mi me llaman el negrito del batey« en los cañaverales en la tierra de Juana la Brava se atizaba la pasión al sonido de la tambora, la güira y el acordeón.
Se preparaba una especie de salón de baile en un rancho cobijado de canas con piso de tierra alisada con cal blanca y a ritmo de merengue cibaeño y de una mangulina sureña, de tabaco y de ron se bailaba hasta pasado el amanecer.
Mujeres y hombres entrelazados, con olor a sudor y a licor, bailaban el rítmico merengue La empalizá en la voz inconfundible de Francis Santana, hasta que hiciera su aparición el Rey del merengue con su Caña brava. Entonces, alguien voceaba en medio de la fiesta: «llegó el rey, aquí bailamos tó o se rompe la tambora«.
A la salida de aquella verbena, todas las personas, sudorosas, medio borrachas y jadeantes, se les oye exclamar: Compay Que fiesta. Creo que después de haber bailado el merengue el Sancocho de Pumarejo, sería bueno que fuéramos donde Jovinita a comernos un ajiaco. Es que las fiesta del Rey del merengue dejaban a uno floriado como aquel gallo.
Joseíto Mateo, fue un símbolo auténtico de la dominicanidad. Como dice el titulo del merengue cantado por él mismo, adoró a Quisqueya, con agudo acento. Siempre fue amado y respetado por lo que personalizó y amó a su pueblo con entereza e incuestionablemente. Habría de decirle en esta dolorosa e interminable despedida: Que te vaya bonito.




