Opinión

¿Doscientas cincuenta ONGs contra la República?

Por: Rafael A. Escotto

«Mira que a veces el demonio nos engaña con la verdad, y nos trae la perdición envuelta en dones que parecen inocentes».

Macbeth

Al parecer, cabría preguntarnos: ¿Es tan frondosa la República y tan suculentas y carnosas sus finanzas que cuando fueron contadas las ONGs se expandió la voz en toda la isla con una sonoridad tal que hizo recordar aquel merengue «las palomas estaban poniendo en los yayales»?

Ricardo suelta una obra de Ramón María del Valle-Inclán y no para hacerse un surfie. Ve el entorno y se pregunta: ¿Ninguna ONG fue encontrada en la isla a nombre del músico folclorista Tatico Henríquez o del bachatero Eladio Romeo Santos ni mucho menos del compositor español Sebastián de Iradier, quien escribió Los Yayales en  una época en que las palomas blancas no eran conocidas en Europa?.

Ricardo, sorprendido por el entusiasmo que cobraron repentinamente las ONGs en el país se  acerca en busca de una explicación a un rey carnavalero. Dicho rey, que injustamente no aparece en los cuentos de José Lezama Lima ni de Jorge Luis Borges, lo remite a donde un distinguido sociólogo quien por mala suerte del rey se iba a Punta Cana el largo fin de semana a una competencia de polo.

Diez días después el rey carnavalero vuelve con el tema de las ONGs a visitar al sociólogo, quien le responde: «Señor rey,  al igual que en Haití, aquí hay mucha gente sin sentido de patria, que se deleita y prospera con pacas de monedas criollas y extranjeras».

A todo esto el rey carnavalero y el sociólogo deciden sentarse en La Cafetera,  de Marino, en la calle El Conde, a tomarse una taza de café. El sociólogo le dispara una frase de Shakespeare en el «Mercader de Venecia»: «Me ha arruinado… se ha reído de mis perdidas y burlado de mis ganancias, ha afrentado a mi nación, ha desalentado a mis amigos y azuzado a mis enemigos».

Después del comentario del sociólogo el rey carnavalero cae en cuenta que las ONGs no son cosas de Romeo y Julieta. El rey comenta: «¿Doscientas cincuenta ONGs en un espacio geográfico tan pequeño?» Pero el distinguido sociólogo lo corrige y le dice: «Son veinticinco mil cincuenta ONGs en el país. Seguidamente le aclara que esos de doscientos cincuenta ONGs contra el país existen entre Boca del Toro a Mata Grande.

Después de las sorprendentes acotaciones del sociólogo el rey se va de playa a Bayahíbe y tiene la suerte de encontrar y hablar con una profesora experimentada quien le da una nueva versión respeto al tema.

«¿Cuándo aparecieron las ONGs aquí?», pregunta el rey.

Profesora: Fueron estimuladas desde afuera hacia adentro por razones políticas y económicas. Luego se fueron fortaleciendo internamente vestidas a veces de mansos corderos y en ocasiones a la cola de grupos de presión que compiten con partidos políticos y hasta bailan en los salones del descrédito.

El rey: ¿Quién financia las ONGs?

Profesora: Cualquier organismo nacional o extranjero que desee crear desconcierto en la población, justificar actuaciones antipatrióticas, fragmentar la sociedad para respaldar azares políticos y financieros, crear trastrueques en los desarrollos de reformas democráticas progresistas o tener influencia en los procesos electorales, mineros y otros, atentos en el discurrir político, social y económico.

Mientras el rey se pone pensativo la profesora vuelve y toma la palabra diciendo: «Diversas circunstancias estimularon la creatividad y surgieron unos grupos sociales urbanos con habilidades para manipular ventajas económicas a través del concepto ONG. Estas constituyen una penetración perjudicial para el equilibrio y para una discusión en el seno de la sociedad de aquellos temas que verdaderamente interesan al desarrollo colectivo».

El rey: ¿Quiere decir que hay ONGs para todas las necesidades, incluyendo para vender el país al primer postor y al último subastador?

Profesora: Tan simple como eso. Además son como dioses omniscientes, pretenden conocer todos los trucos del ilusionismo. Dominan los medios de comunicación televisivos y escritos. Han formado una especie de monopolio de la información que obliga su contratación para promover, encubrir connivencias políticas y económicas o simplemente confundir la población con los fines de pescar en río revuelto.

«Las palomas están poniendo en los yayales».

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