Opinión

El Profesor Bosch tuvo alumnos que no entendieron sus clases

Por BERNARDO VEGA

El autor es economista e historiador. Reside en Santo Domingo.

Un diplomático extranjero de aquella época reportó a su cancillería: “Bosch ha administrado las finanzas del gobierno como lo hace un viejo a cargo de la caja registradora de un almacén de pueblo”. Y un reporte del Fondo Monetario Internacional (FMI) se refirió a: “las prudentes políticas monetarias y fiscales que sigue el gobierno del presidente Bosch que aseguran un superávit de balanza de pagos”.

Por el contrario, el PLD lleva doce años corridos de gobierno con presupuesto deficitario financiado con aumentos en la deuda externa e interna. Además, para ganar elecciones y adeptos para su partido aumentan innecesariamente la nómina pública lo que escandaliza a la población, desestimula una reforma tributaria y, a través de las “botellas”, crea dentro de la población un ambiente de cinismo.

Todo esto hace que los peledeístas tengan un gran problema de conciencia pues como saben que no siguen los lineamientos que Bosch enumeró durante su gestión de gobierno y, por el contrario, llevan a cabo políticas que hubieran enfurecido a su líder si este hubiera estado vivo y consciente, para tratar de exculpar sus errores y desaciertos, han optado por una táctica de ponerle el nombre de Bosch a toda una serie de obras públicas.
Pero Bosch precisamente se caracterizó por una total ausencia de ostentación y una gran modestia. Era enemigo del culto a la personalidad, por lo que en vida nunca hubiese aceptado ese tipo de honores.

Cuando se juramentó como presidente rehusó colocarse la banda presidencial y cuando en Ciudad de México fue condecorado no se colocó la medalla. Vivió en modestos apartamentos hasta que muy tarde en su vida a través de una recolecta un grupo de amigos le construyó una casa.

Los peledeístas deberían fijarse en lo que dejó estipulado Fidel Castro, un gran amigo de Bosch, en el sentido de que nada debe llevar su nombre.
Trujillo, a gran diferencia de Bosch fue un megalómano, gran amante de la ostentación. Por eso ordenaba que puentes, carreteras, edificios, etc. llevaran su nombre. Llegado el 30 de mayo y desaparecida la tiranía, el pueblo destruyó todos los símbolos de la dictadura.

Juan Bosch, por el contrario, no se merece que una vez el PLD salga del gobierno las obras que hoy llevan su nombre sean cambiadas como reacción a excesos. Pero si continúa con la política actual nada impide que eso pueda ocurrir en el futuro.
Si los peledeístas quieren ser buenos boschistas tienen que seguir las prácticas que en su gobierno llevó a cabo Juan Bosch: mano fuerte contra las huelgas, austeridad y total falta de ostentación.
Es obvio que “El Profesor” tuvo alumnos que no entendieron sus clases.

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