
Existen dos narrativas que compiten entre sí.
La primera -apoyada por el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump- es que Irán no tiene buenas intenciones. Se dice que han iniciado preparativos para un posible ataque contra objetivos de EE.UU., aunque son pocos detalles que se han revelado públicamente.
Estados Unidos ha desplazado refuerzos a la región. El país está reduciendo su personal diplomático no esencial en Irak y se dice que está desempolvando planes bélicos.
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El mensaje enviado a Teherán es claro: cualquier ataque a un objetivo estadounidenses desde cualquier fuente, ya sea Irán o alguno de sus muchos aliados en la región, se enfrentará con una contundente respuesta militar.
Derechos de autor de la imagenEPALa segunda narrativa culpa directamente a Washington de la actual crisis.
Irán, como es lógico, mantiene esta opinión, pero también lo hacen muchos críticos del enfoque adoptado por la administración Trump.
De hecho, en distinta medida, muchos de los principales aliados europeos del presidente comparten algunas de estas preocupaciones.
Según esta narrativa, los «halcones de Irán» en la administración de Trump -funcionarios como el asesor de Seguridad Nacional John Bolton, o el Secretario de Estado Mike Pompeo- quieren aprovechar su oportunidad.




