Guadalupe deja toda la fe en el arte

Por: Rafael A. Escotto
A Antonio Guadalupe y a Melany Rodríguez González
«La obra de arte es ante todo un proceso de creación«. -Paul Klee.
El centro de Convenciones y Cultura Dominica-UTESA regó incienso humeante de perfume agradable como símbolo de homenaje por la clausura de la grandiosa y triunfante exposición «Dialogo de Fauna« y «Sol y Agua« del maestro de la pintura dominicana, Antonio Guadalupe, de forma tal que la grandeza pictórica de este artísta universal siga fluyendo luminosa por los grandes museos del mundo.
Con la clausura de esta importante exposición Antonio Guadalupe deja toda la fe en el arte.
Cuando recurro a la fragancia del incienso me doy cuenta que como intelectual soy también excéntrico, pues llego a este simbolismo metafóricamente pretendiendo traer algo ceremonioso y esplendido, propio para una clausura como a la que asistimos recientemente, a cuyo ritual apelo filosóficamente a modo de expresión de reconocimiento a la excelencia pictórica de uno de los artista mas artista de la pintura dominicana, Antonio Guadalupe.
Quisiera ser, en este momento de clausura de esta exposición, aquel Ángel del Apocalipsis que llevaba en sus manos el incensario de oro para colocarlo en un lugar sagrado de la sala donde estuvieron expuestos los cuadros y las sombrillas de colores frutos de la extraordinaria creatividad artística de este famoso acuarelista criollo.
Sé que los ojos de los espectadores durante el tiempo que permaneció en el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana-UTESA (CCC-UTESA) la grandiosa exposición de Antonio Guadalupe, la que acabamos de despedir, se han llenado de belleza por la capacidad de estimular nuestras emociones y la potencia exhibida por el artista para comunicar con éxito su pensamiento y sentimiento haciendo que su arte sea hermoso.
Cada cuadro, cada sombrilla expuesta a la vista de los concurrentes es una expresión intima del artista y de su ser más entrañable. Esto nos hace recordar una frase de Aristóteles: «El objetivo del arte es representar no la apariencia de las cosas, sino su significado interior«
Antonio Guadalupe nos ha dejado una experiencia bella y emocionante llena de colores y de significación. En labios de Albert Einstein «Es una emoción fundamental que se encuentra en la cuna del verdadero arte…«
Y me pregunto ¿Y no fue acaso esa clase de arte bello que acabamos de ver y disfrutar en el Centro de Convenciones? Mientras los cuadros permanecieron suspendidos en el preciosamente decorado salón de exposiciones y las sombrillas multicolores pendían elegantes provocando la atención del auditorio, oías la voz del poeta Alejandro J. Díaz Valero que recitaba:
«Sé un poco cautelosa/observa que el sol poco brilla/y en esta tarde lluviosa/te hará falta la sombrilla/El viento soplando chilla/las nubes amenazan con caer/lleva niña, tu sombrilla/y me lo vas a agradecer/«.
Esa enorme creatividad de este artista de la pintura dominicana solo es alcanzable cuando se está enamorado de la vida. Sin embargo, en voz del poeta, escritor y dramaturgo irlandés Oscar Wilde, la vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida. Ambos están correctos en sus excelentes apreciaciones
Aquel 21 de octubre de 2018 cuando se bajó el telón del Centro de Convenciones para dar por clausurada la maravillosa exposición de pintura y de sombrillas volando al viento zafiro fruto de la creatividad del pintor dominicano Antonio Guadalupe.
En esta clausura el pintor nos transportó de manera descriptiva por el mundo mágico del arte Taino, describiendo figuras, trazos y configuraciones grafológica que revelan la forma de ser y la personalidad de nuestros aborígenes. Además, Antonio Guadalupe nos tradujo cada una de la simbología de su pintura mostrándonos al mismo tiempo el mundo ideal que nos espera visualizado por los tainos en piedras, cerámicas, madera, concha, huesos y otros materiales.
Guadalupe hizo interpretaciones atrevidas, en el buen sentido del término, sobre la riqueza cultural del pueblo taino destacando brevemente su arte en República Dominicana. Hizo también una especie de anecdotario sobre los relatos mitológicos tainos respeto a las plantas, animales y aves, como el pájaro carpintero del cual hablo sobre su creatividad y su apariencia.
El maestro Guadalupe le ofreció a los presentes durante el recorrido por las rutas, los vericuetos creativos que tuvo que transitar, penetrando cuevas para poder entrar a lo imaginario y lo majestuoso de su pintura. Yo pienso que después de este trayecto pedagógico habrá otra muestra más adelante tan rica como «Dialogo de Fauna« y «Sol y agua«.
Luego de una abundante lluvia de éxitos, un Sol de colores brillante nos invita a cerrar las sombrillas que permanecieron enganchadas sobre un techo decorado de hermosos pretextos para ponernos a contemplar asombrados la magia de las tonalidades glamurosas del arco iris, signo de la alianza de Dios con el ser humano.
Esta grandiosa clausura del Centro de Convenciones y Cultura Dominicana-UTESA, en la que dio por concluida exitosamente la exposición pictórica del artista de la plástica dominicana Antonio Guadalupe me llevó por un momento a soñar el Museo del Louvre en Paris, cuando se cerró la exposición de aquellas obras titulada La libertad guiando al pueblo, del pintor francés Eugéne Delacroix, o del oleo sobre lienzo: La boda de Caná, pintada en 1563, una de la obra más famosa del pintor italiano Paolo Veronese.
Gracias mil desde el hondón del publico a todos los responsables en el montaje de esta extraordinaria exposición de Guadalupe. Con ella pudimos apreciar simbólicamente una forma de expresión determinada por ciertas reglas al servicio de una intención comunicativa y/o expresiva que nos permitió como espectador construir a partir de elementos concretos de sus conocimientos y sensibilidad, constituido por forma, sustancia, técnica y arte, tramas y contenidos expresados por el artista Antonio Guadalupe con insuperable originalidad e imaginación.




