Educación

Esta es la razón por la que unos niños lloran y otros no en la vuelta al cole

Mar Romera, maestra y autora de «Dani no quiere ir al cole» apostaría por una vuelta al cole flexible progresiva y con una mampara de cristal para que padres e hijos pudieran verse durante las primeras horas de clase.

Laura Peraita

Los primeros días de clase siempre generan gran inquietud, tanto en los padres como en los hijos. Enfrentarse a un centro nuevo, fundamentalmente en el caso de ser primerizos, supone entrar en un lugar desconocido, con niños y adultos a los que nunca se había visto antes, adaptarse a rutinas y normas diferentes… Y, sobre todo, si se es novel, a sentir las emociones de la primera separación entre padres e hijos.

Todos tenemos miedo al primer día de cole. Al menos así lo asegura a ABC Mar Romera, maestra licenciada en pedagogía y en psicopedagogía y autora de «Dani no quiere ir al cole». Explica que «los niños son bajitos, pero no tontos» y que aunque los

padres digan que el cole es muy bonito y divertido, pero por dentro sienten miedo y angustia, los hijos perciben en sus referentes primarios este tipo de inseguridades e irán con temor a clase.

Desde la seguridad y la calma

Para que esto no ocurra recomienda que los progenitores confíen plenamente en el equipo directivo y profesores del colegio, «solo de esta manera conseguirán dejar allí a sus hijos desde la seguridad y la calma. También deben sentir admiración, que es la emoción básica del amor. Es decir, el niño debe percibir que se le quiere y, por eso, le dejamos en el colegio, porque sabemos que es bueno para él y para su desarrollo, y que no lo hacemos porque nos tenemos que ir al trabajo porque, al decírselo, le estamos transmitiendo que nuestra prioridad es nuestro jefe. Por eso, solo desde la admiración a la institución educativa podremos tener la seguridad y calma que, indiscutiblemente, percibirán los niños».

Llegado el día de dejarles en el centro escolar, explica que aquellos niños que lloran más y muestran más pataletas «son habitualmente los que tienen un vínculo más inseguro con sus padres. El vínculo no está hecho correctamente en casa y sus lloros, por tanto, no son por miedo al cole». Para aquellos que no comprendan bien este escenario, les pone un ejemplo: «es como si en una pareja, uno de sus miembros se va de viaje. Si la relación no está bien establecida, es muy probable que se sientan celos o miedos a una posible infidelidad, pero si la relación es sólida, no habrá inseguridades».

También recomienda no mentirles con frases del tipo «te dejo un ratito y ahora vengo», porque no se merecen que les engañemos, cumplir siempre lo que se promete y no ofrecer regalos a cambio de ir a la escuela. «Tampoco hay que asfixiarles con «no toques esto», «no pierdas tus cosas», «no…» porque les hace sentir presionados y estos mensajes les perjudican más que ayudarles a desenvolverse en su nuevo entorno.

Señala que los niños van a la escuela precisamente a aprender a vivir, «a fracasar, a ganar, perder, llorar, reirse…, no solo a adquirir conocimientos teóricos. Necesitan su proceso de adaptación y yo apostaría por modelos muy diferentes a los actuales». Se refiere a que, si no fuera por la existencia del Covid-19, se inclinaría por una vuelta al cole de puertas abiertas, con entradas y salidas de los niños de manera progresiva y flexible, y no con un horario fijo, en función de los horarios de los padres, «para que no tengan sensación de ir a una cárcel de tal a tal hora. Lo ideal sería personalizar la educación».

A través del cristal

También, añade, que pondría una sala acristalada junto al aula para que los padres pudieran conectarse allí un rato a sus ordenadores o a leer el periódico mientras los hijos experiementan sus primera horas de clase y, de este modo, verse mutuamente a través del cristal. «Lo esencial es que, de una forma u otra, prime el interés de los menores y se sientan atendidos y felices»

Y, si no quiere ir al colegio, lo más importante es conocer la causa. «Si la razón está en la dependencia relacional con su familia, es necesario ir dando pasos para que gane en autonomía y para ello es muy importante que los adultos lo permitan, le suelten las manos». Propone darles responsabilidades en casa, retirar ayudas innecesarias de forma progresiva, permitir que pase tiempo con otros adultos, amigos y familiares, posibilitar autonomía en el juego, facilitar la relación con iguales sin intervención de adultos cuando hay conflictos o se toman decisiones…

Si el motivo de no querer ir al colegio se encuentra en el mismo colegio, también es preciso conocer y analizar la situación y mantener una comunicación fluida y positiva entre la familia y la escuela. «Lo importante es no juzgar lo que el niño siente y no dar órdenes emocionales de tipo “no llores”, “no estés triste, tu papá vendrá enseguida”, “no te enfades”, “no tengas miedo”», puntualiza Mar Romera.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba