Entre la Promesa y el Gatillo: El Abuso Policial, Faride Raful y el Desafío del Gobierno de Abinader
EDITORIAL – LISTÍN USA .NET
Sección: Opinión / Política Dominicana
Fecha: 5 de julio de 2026
Por Eduardo Martinez
La República Dominicana arrastra una deuda histórica y dolorosa con sus propios ciudadanos: la garantía de la vida y la dignidad frente a quienes están llamados a protegerlas. Cuando el gobierno de Luis Abinader Corona asumió el poder, lo hizo enarbolando la bandera del «Cambio». Uno de los pilares más aplaudidos de esa promesa fue la tan anunciada Reforma Policial, un proyecto diseñado para extirpar de raíz la cultura del macaneo, el gatillo alegre y la impunidad en la Policía Nacional. Sin embargo, la realidad en las calles, especialmente en los barrios marginados, sigue pintando un cuadro teñido de abusos y luto.
Hoy, el debate sobre el abuso de poder en la República Dominicana cobra una dimensión más compleja y, para muchos, profundamente paradójica. Las constantes denuncias de brutalidad policial, ejecuciones extrajudiciales disfrazadas de «intercambios de disparos» y el hostigamiento a civiles desarmados no son reliquias del pasado; son titulares del presente. La maquinaria del abuso de poder parece resistirse a los decretos presidenciales y a las comisiones de notables.
En el centro de esta tormenta institucional se encuentra una figura que históricamente representó la antítesis del autoritarismo: Faride Raful.
Durante sus años en el Congreso Nacional, Raful fue la voz más estridente y articulada contra la corrupción, la impunidad y el abuso de poder de los gobiernos anteriores. Su capital político se construyó sobre la base de la interpelación, la transparencia y la defensa férrea de los derechos ciudadanos. Hoy, desde las altas esferas del Poder Ejecutivo —y con una influencia directa en las políticas de seguridad y orden público— el país la observa con una mezcla de esperanza y exigencia.
La pregunta que resuena en la diáspora y en el territorio nacional es inevitable: ¿Dónde está la indignación frente a los uniformados que siguen violando los derechos humanos bajo esta administración?
El abuso de poder no se define únicamente por dar una orden injusta; también se manifiesta en la inacción, en la burocracia que retrasa la justicia, y en el silencio cómplice cuando las instituciones fallan. Para el gobierno de Luis Abinader, el riesgo es enorme. La verdadera prueba de su gestión no será cuántas patrullas nuevas se compren o cuántos asesores internacionales se contraten para rediseñar el currículo policial. La prueba de fuego es si el Estado dominicano es capaz de someter a la justicia a los agentes que cruzan la línea, sin importar su rango.
Para Faride Raful, el desafío es aún más personal. La historia política dominicana está llena de figuras que, al cruzar del activismo opositor a los sillones del poder, terminaron asimilando las mismas prácticas que juraron destruir, o peor aún, justificando lo injustificable en nombre de la «gobernabilidad». El país espera que su voz no se haya apagado bajo el peso de los cargos públicos, sino que se transforme en acciones contundentes para desmantelar las estructuras mafiosas y abusivas que aún operan dentro de la Policía Nacional.
Desde Listín USA .net, levantamos la voz de alerta. La diáspora dominicana, que sostiene gran parte de la economía del país con sus remesas, exige una nación a la cual regresar sin temor a ser extorsionada o maltratada por quienes visten el uniforme de la ley.
No podemos aceptar que el abuso policial sea un mal endémico incurable. El gobierno del presidente Abinader y líderes de la talla de Faride Raful tienen en sus manos la oportunidad histórica de demostrar que el Estado de Derecho no es un privilegio de las élites, sino un escudo para todos. De lo contrario, la promesa del «cambio» quedará archivada como un espejismo más en la larga historia de decepciones del pueblo dominicano.
Nota del Editor: Este espacio editorial busca reflejar las inquietudes de la comunidad dominicana tanto en la isla como en el exterior, promoviendo un debate sano y exigiendo la rendición de cuentas de nuestras autoridades.




