Ser Fiel Hasta La Muerte
Rev. Dr. Rey Díaz
Apocalipsis 2:8-11
La literatura apocalíptica surgió entre los judíos y cristianos, en tiempos de gran persecución en contra del pueblo
de Dios. El libro está escrito en códigos, o claves para que no sea entendido por los enemigos de la fe cristiana.
Esta literatura apocalíptica trae esperanza al pueblo de Dios, en medio de una gran aflicción. La palabra profética
de este libro trae al pueblo de Dios esperanza debido al conocimiento anticipado de lo que sucederá.
Por medio de la palabra profética, el pueblo de Dios esta informado de lo que sucederá durante el desarrollo de la
historia. Y es por tal razón, frente a la aflicción que el pueblo de Dios no desmaya ante los ataques del enemigo.
Cristo triunfó sobre la muerte y por tanto no debemos temer lo que nos puedan hacer los enemigos de Dios.
Cristo informa a su Iglesia las cosas que van a pasar de antemano, y a su vez ofrece palabras de consuelo porque él
venció sobre los poderes de la muerte. El enemigo busca destruirnos. Esa es la táctica del enemigo para eliminar al
pueblo de Dios. La otra estrategia es difundiendo falsa información. En cierta ocasión, en la ciudad de Chicago dos
jóvenes dijeron a su Pastor: “Tenemos una importante noticia que comunicarle a usted. ¿Qué noticia, pregunto el
Pastor? Les dijeron los dos jóvenes: “El diablo se acaba de morir”. El Pastor los miró a ambos y les dijo: “Pobrecitos,
se quedaron huérfanos.”
Debemos saber que a pesar de todo lo malo que pueda sucedernos, “El Señor Jesús está en control de todo lo que
acontece en el mundo y al final de la historia, el pueblo de Dios triunfará sobre los poderes del maligno. El libro de
Juan, el Apocalipsis, surgió en medio de una terrible persecución. Así surgió también el libro de Daniel, el libro de
Ezequiel, y la literatura apocalíptica. Juan había sido torturado y luego enviado a la Isla de Patmos por su
testimonio cristiano y por la proclamación del evangelio. La literatura apocalíptica surgió en diferentes épocas, de
crisis nacional, e internacional, en diferentes partes del mundo: en Israel, durante los imperios: Persa, Babilonia, y
Romano entre otros.
En carta a la iglesia de Esmirna, el Señor Jesucristo quiere que los cristianos del primer siglo, como también los
creyentes de todos los tiempos, conozcamos que él está en control de todo lo que sucede al pueblo de Dios. El
otorga libre albedrio a cada uno de nosotros, y en su voluntad permisiva, concede libertad para que incluso
Satanás actúe en contra del pueblo de Dios, pero al final, la iglesia, así como sus enemigos, serán juzgados por
Dios, y cada uno recibirá su recompensa según haya hecho, sea bueno o, sea malo.
El Llamado al pueblo de Dios, en la literatura apocalíptica es la de ser fiel hasta el final. Aunque atravesemos por
sufrimientos, y padezcamos los dolores de la muerte; al final, el Señor dará a cada uno su recompensa: la corona
de vida. Existen varios teólogos cristianos que aseguran que la iglesia no pasará por la gran tribulación. Según ellos,
el rapto de la iglesia sucederá antes de la gran tribulación. Otros, teólogos creen lo contrario de que la iglesia si
pasará por la gran tribulación, y luego los creyentes serán arrebatados por el Señor. Ambas teologías han sido
elaboradas por teólogos norteamericanos.
La historia y la experiencia indican, sin embargo, que los primeros cristianos pasaron por una persecución
aterradora. Fueron casi 300 años de persecución religiosa, torturas de toda especie, y esas torturas finalizaban casi
siempre con la pena de muerte. Hasta que el emperador romano, Constantino, (año 313) legalizó por medio del
Edicto de Milán el cristianismo otorgando libertad de culto en todo el imperio romano.
Sin embargo, años más tarde la persecución en Europa contra los cristianos y no cristianos continuaron a través de
los siglos. Es evidente que aun la Iglesia Católica Apostólica y Romana se había distanciado de la fe cristiana, y a
través de la Santa Inquisición, y las Cruzadas, esa iglesia participó activamente en el martirio de muchos cristianos,
judíos y musulmanes durante varios siglos. Entre los Católicos Romanos la Santa Inquisición probó varias prácticas
malvadas de tortura y muerte.
Debemos estar claro que esa Iglesia durante la edad media, participó junto a otras denominaciones protestantes
en la ejecución de personas que no pensaban como los líderes religiosos de ese tiempo, perdiendo así la conexión
con el evangelio del Señor Jesucristo. Esas malas prácticas apartaron a la iglesia del amor, la compasión y la
misericordia de Jesucristo. Hasta el día hoy esas prácticas cubrieron en tinieblas esas confesiones de fe, las cuales
mantienen a muchos alejados del evangelio de nuestro Señor, y salvador Jesucristo. En nuestra historia más
reciente, los peregrinos que desembarcaron en las costas de Massachusetts vinieron huyendo de la persecución
religiosa que azotaba Europa.
Años atrás, sabíamos muy poco sobre las persecuciones de cristianos en países musulmanes, socialistas y
comunistas. Actualmente, en el vecino país del Canadá, se persiguen a los creyentes. El gobierno canadiense está
cerrando iglesias cristianas coartando la libertad religiosa en ese país. A los cristianos en Canadá no se le permite
predicar libremente la palabra de Dios.
También, se persigue a los creyentes en otros países, como Corea del Norte, en Irán, Iraq, Pakistán, Afganistán, en
varios países de África, como Egipto, Nigeria, Libia, en la China comunista, en Nicaragua, Venezuela, y la India entre
otras muchas naciones. Al presente, cientos de cristianos son asesinados cada mes como consecuencia de la
persecución que se lleva a cabo en los países nombrados.
La iglesia Cristiana en Estados Unidos no está preparada para la persecución que está por venir. Aunque el libro de
apocalipsis fue escrito a finales del siglo primero, su valor profético tiene validez para el pueblo de Dios hoy en día.
Nosotros no somos más amados o privilegiados, que los demás cristianos que han sufrido en el pasado, o quienes
sufren en el presente. ¡La Iglesia en Estados Unidos tiene que despertar, del sueño! ¡Oh Iglesia de Cristo levántate
del Sueño! Despiértate, tu que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrara Cristo.” Efesios 5:14.
Si Cristo sufrió y murió, sus testigos fieles sufrirán persecución y muerte por predicar la verdad. El mensaje a la
iglesia viene de aquel que se describe a si mismo como el primero y el postrero, que estuvo muerto pero que vive
por los siglos de los siglos. Está claro, que el Señor conoce el trabajo de la iglesia de Esmirna. Conoce el trabajo de
cada iglesia que le pertenece. Cristo esta informado de lo que está sucediendo a su iglesia, él no está desinformado
sobre las luchas que se libran en todas las esferas sociales de poder contra su pueblo. En medio de la crisis, la
iglesia dice ser pobre. Sin embargo, el Señor le dice a la iglesia que ellos son ricos. El mundo puede ver a los siervos
de Dios como pobres. Los cristianos pueden percibirse a sí mismos como pobres. Pero el Señor los ve como ricos.
Pueden tener una gran escasez y ser tratados mal por el mundo como sucede con los cristianos donde hay
persecución religiosa. Pero a pesar de su aflicción y escasez, el Señor le dice a la iglesia que ellos son ricos. Los
seguidores de Jesús, somos ricos sencillamente porque somos parte del Reino de Dios. Conforme a la visión divina,
los hermanos de la iglesia en Esmirna eran ricos para con Dios. Si ustedes pertenecen al Reino de Dios, entonces
ustedes no son pobres, sino ricos para con Dios. Diga en alta voz: “Soy rico en el Señor.”
Esa carta está dirigida a la Iglesia de Esmirna en palabras del Señor. Dios no se olvida de lo que la iglesia padece.
¡Alábale que él vive! El Señor dice conocer la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de
Satanás. Por todo el mundo, existen sinagogas de Satanás, personas que enseñan la fe aferrados al Antiguo Pacto
como forma de hacer proselitismo. Predican preceptos, leyes y ordenanzas, pero lejos están de la verdadera
esperanza que llega hasta nosotros a través del Cristo resucitado. La resurrección de Cristo cambio el curso de la
historia, afirmando positivamente todo lo que hizo, y dijo el Señor. “Al derramar su sangre preciosa sobre la cruz,
firmó un nuevo pacto para toda la humanidad. Entonces, somos salvos por la fe y la gracia de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo.”
La carta hace referencia a las sinagogas de Satanás. Esas sinagogas no están bajo la unción del Espiritu Santo, y ni
bajo el Nuevo Pacto. No obedecen la fe en el Mesías, en el ungido de Dios. Estas sinagogas hacen a los hombres y
mujeres doble hijos del infierno. Lo mismo sucede con muchas de las iglesias que existen hoy en día. Hacen a sus
seguidores hijos de Satanás, más que hijos de Dios. Jesús conoce esas sinagogas y esas iglesias que creen
pertenecer a Dios, pero son sinagogas de Satanás.
A los hermanos de esa iglesia, el Señor les dice que no deben temer nada lo que van a padecer. La pregunta es,
¿Por qué Dios no detiene a quienes van a hacer maldad a su pueblo? ¿Por qué el Señor permite que los verdaderos
Judíos y Cristianos fieles a Dios tengan que sufrir por la maldad de sus enemigos. ¿Es acaso que el Señor no los
ama?
Está claro que Dios ha concedido el libre albedrio a todos los seres angelicales y a los humanos también. Cierto es
que ese libre albedrio está limitado a lo que Dios en su voluntad permisible nos concede hacer. Pero al final,
seremos todos juzgados, unos serán premiados por el Señor, mientras que otros serán castigados por ser
obradores de maldad.
Fíjense lo que sucederá a algunos hermanos de la iglesia: ….”el diablo echará a algunos de ellos en la cárcel, para
que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días dice él Señor”. La persecución, el sufrimiento y el
encarcelamiento se muestran aquí como una prueba. Los 10 días de tribulación indican que será breve, no es para
siempre esa tribulación. Pero ese martirio se presenta aquí como una prueba para determinar la fidelidad de cada
uno de los que dicen creer, en el Señor Jesucristo.
Esa persecución está aconteciendo actualmente en muchos países que aborrecen la palabra de Dios. Apresan a los
hermanos y las hermanas, cierran o queman los lugares de reunión, torturan a muchos, a otros matan y a otros
encierran en la cárcel. El mundo no quiere oír la verdad del evangelio, no quieren escuchar, palabra de Dios,
porque ellos aman lo malo, y aborrecen lo que es bueno.
La gente sin Cristo quiere que los dejen vivir tranquilos, sin ninguna predicación o amonestación de parte de Dios.
Pero Dios los ama tanto que envió a Jesucristo para ser sacrificado por el pecado de toda la humanidad. Dios
quiere que todos escuchen su palabra, que todos procedan al arrepentimiento, y que nadie vaya al castigo eterno.
Dios quiere guiar a sus hijos por el camino de la vida eterna para que todos experimentemos el gozo del Señor.
Dios quiere que dejemos de hacer lo malo, que hagamos lo que es bueno, justo, y agradable delante de sus ojos.
Cristo le dice a la iglesia: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” Este es un pacto que Dios está
haciendo con su pueblo y ese pacto tiene promesa de vida eterna. Si eres fiel hasta la muerte, entonces te daré la
corona de la vida.” Cristo está interesado en tu fidelidad hacia él y hacia el reino que el representa.”
Estamos llamados a ser fieles en el trabajo que hacemos, en el hogar donde vivimos, en la iglesia donde nos
congregamos, al conducir nuestro automóvil, mientras vamos de compras. Dios nos llama a ser fiel hasta la
muerte. No es cuestión de ser fieles cuando viene el domingo. No es tampoco ser fieles cuando la gente no nos
está mirando. Es más bien, ser fieles al Señor en todo tiempo, 24/7.
El llamado a obedecer es para todo aquel que tiene oído. No debemos hacernos los sordos. Él dice a los hermanos
y hermanas “oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Miren bien que no dice a la iglesia como si se tratara de una
sola iglesia, sino que dice a “las iglesias”. Se refiere a las 7 iglesias de Asia Menor mencionadas todas aquí en este
libro de apocalipsis. Como este es un libro dedicado a los creyentes de todos los siglos, esta carta está dirigida a
todos los que servimos al Señor Jesucristo. Es bueno observar la promesa que hace el Señor a las iglesias, es decir a
todos los miembros del cuerpo de Cristo. Esta promesa del Señor es para usted, y para mí, y también para todos
aquellos que aman al Señor. El que venciere, dice el Señor, no sufrirá daño de la segunda muerte.
La primera muerte es la muerte física. Casi todos vamos a padecer esa primera muerte. Pero esa primera muerte
no determina tu estado final con Cristo. Lo que determina tu lugar con el Señor, es tu fidelidad al Señor y a su
palabra. La segunda muerte hace referencia a la muerte eterna. La muerte eterna significa separación eterna de
Dios. Jesucristo describe ese castigo eterno como “lloro y grujir de dientes". Para esa segunda muerte no hay
solución. Por tanto, debemos atender el llamado de Cristo a las iglesias de ser fiel aún si tenemos que padecer la
muerte por obedecer al Señor. Dios no desea que la gente se pierda, que sea castigado con la muerte segunda. No
importa quien usted sea, Cristo nos llama a ser fieles a él. Esa fidelidad nace del amor profundo hacia el Señor
Jesucristo.
Articulamos esa fe en forma oral para proclamar a otros la invitación del evangelio y esa misma fe la ponemos por
obra cuando obedecemos las palabras del Señor. Servimos a Dios, porque él nos amó a nosotros primero. Servimos
además al Señor, glorificado sea su nombre, cuando invitamos a otros para que juntos sirvamos al Dios de la vida.
El gran propósito de Dios para con la humanidad, no es condenarnos, sino salvar a toda la humanidad. El Señor
busca que todos obtengamos la salvación eterna de nuestras almas. La otra alternativa, es el castigo eterno. La
muerte segunda. Pero todavía tenemos una gran oportunidad, solo debemos reconocer que Cristo vino al mundo
para darnos vida y vida abundante. El vino para morir en la cruz del calvario por tus pecados y por los míos, para
que todos pudiéramos vivir eternamente al lado de Dios, como fieles aliados de su amor y de su justicia divina.
¡Cristo vive! Cristo viene pronto! ¡A su nombre, gloria! y a su pueblo victoria.




