Opinión
Este desorden no puede seguir
Por Dayvi López Vargas
La República Dominicana no es un país de paz, decir eso es seguir con la mente en el pasado. Entre 2009 y 2016 fuimos la nación más feliz de todo el mundo, hoy en día, si no es la sociedad más desdichada, pues, sin duda, de las más infelices de todas.
Nuestras calles y autopistas huelen a sangre. Por un lado, los delincuentes, sin freno, matan a nuestros ciudadanos y por el otro, los accidentes, la mayoría por deterioro de las calles y por falta de control estatal y de las autoridades. Los policías andan sin cápsulas, sin poder disparar y los delincuentes bien armados. Mientras se declara que ahora nuestro país dirigirá los DDHH en los organismos internacionales, ya todos sabemos con qué fines.
Mientras El Salvador hace gala de haber acabado con la delincuencia, al parecer, aquí la delincuencia acabó con el país. Nadie está seguro. Nos atacan por aire, mar y tierra. Cadáveres a diario en ríos, matorrales y por doquier. Secuestros, asaltos y hasta torturan y lo suben a las redes. Esta pesadilla debe llegar a su fin y lo más pronto posible.
Mientras nos presentan falsas estadísticas, los delincuentes nos muestran la cruda realidad. Ayer conté siete asaltos. Antes de ayer, nueve asaltos y parece no causa la más mínima indignación, y la verdad que siento vergüenza ajena e indignación.
Los «anarquistas» no están en Haití, lamentablemente los tenemos en muchas instituciones, porque de ellos han surgido los demás males. Felices están muchos insaciables organismos internacionales porque se va cumpliendo con la agenda 2030.
Finalmente, estamos cumpliendo fielmente la «Triple AAA»: «ausencia de normas», «ausencia de autoridad» y «ausencia de gobierno»…




