Educación

La era de las habilidades

Abc Familia

Idoia Salazar, profesora de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo, explica que al ejercicio de la memoria en la educación deben sumarse «sin más demora, incentivos que fomenten el desarrollo de las cualidades necesarias en el siglo XIX»

El desarrollo de habilidades es el gran reto de la educación del siglo XIX. Flexibilidad, adaptabilidad, creatividad, toma de decisiones, resolución de conflictos… Estas palabras que bien pudieran aparentar un ‘relleno’ en cualquier currículum son, en la actualidad, las principales cualidades que se busca en los profesionales.

En un mundo de datos, en el que cada vez está más presente la inteligencia artificial, la buena memoria y la mera teoría entran en un segundo plano, para dejar paso a la capacidad de iniciativa, de pensamiento crítico, y de agilidad mental. Unas características que, desafortunadamente, no se aprenden en dos días o en curso rápido online de los que tanto se estilan en la actualidad. Son habilidades que se adquieren con el tiempo y con el uso.

Con el éxito y el fracaso. Con la constancia y el convencimiento de que nuestras metas profesionales —incluso me atrevería a decir que también las personales— pasan por el cultivo, a fuego lento, de estas cualidades, no fáciles de conseguir, en ciertos casos.

La solución tampoco es sencilla. La Educación, en general, sigue muy centrada en la teoría y la memoria. Y un modelo histórico de enseñanza es difícil de cambiar. Pues bien. No cambiemos. Limitémonos a complementar. La ‘Era de las habilidades’ no significa que la ‘memoria’ haya dejado de ser completamente relevante. De hecho, es importante mantenerla activa. Ejercitarla convenientemente y no delegar al 100% en las máquinas que nos rodean, y que ya nos complementan demasiado. Pero, a este ejercicio deben sumarse, sin más demora, incentivos que fomenten el desarrollo de las cualidades necesarias en el siglo XIX.

En la actualidad ya hay centros educativos que fomentan —y de manera muy eficiente— este desarrollo de habilidades. Pero, en general, sigue siendo una opción. Estas ‘asignaturas pendientes’ —acaben llamándose como se llamen— deben convertirse en troncales. Obligatorias para todo estudiante, independientemente de su edad. Solo así, acabaremos formando personas realmente preparadas para vivir personal y profesionalmente en un mundo dominado por la tecnología. En caso contrario, muy posiblemente acabaremos siendo fácilmente manipulables, maleables y débiles frente a los grandes retos de nuestro futuro.

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