Fantasma Trujillista en la Política Dominicana

Rey Díaz
El Fantasma de la tiranía trujillista que dominó la nación por 31 años, ha dejado un desenlace de eventos delictivos en la historia política y económica de la sociedad. Ese fenómeno ha sido encarnado entre individuos, instituciones del Estado, los empresarios y militares que forman parte de ese entramado de poder que ha transitado por el Estado Dominicano.
Algunos analistas podrían estar o no estar de acuerdo que el trujillismo fue un mal necesario para el país. La historia no la podemos cambiar, solo podemos interpretar los eventos del pasado con meridiana objetividad para no incurrir en los mismos errores del pasado. Pero asesinado el tirano y en aras de la búsqueda por una auténtica democracia que reivindique las libertades civiles y los derechos de cada ciudadano, no hay razón para que ése fantasma diabólico todavía viva merodeando entre los dominicanos.
Y es que los políticos que le sucedieron al tirano, no han hecho nada por hacer desaparecer, o eliminar ese fantasma. Al contrario, no desean eliminarlo porque se nutren de la sangre del pueblo, de su ignorancia y de los vicios que generó ese sistema corrupto.
Desde la muerte de Rafael Leónidas Trujillo Molina el 30 de mayo de 1961, en materia democrática hemos avanzado muy poco. Tenemos un Poder Legislativo repleto de lacras sociales. Desde legisladores involucrados en el lavado de dinero, narcotráfico, soborno, impunidad corrupción, más cientos de violaciones a las leyes del país. Protegidos todos por los partidos de turno, que usan los recursos del Estado Dominicano para comprar decisiones, a través del voto de los legisladores inescrupulosos. Ese nivel de corrupción tiene que desaparecer en un sistema democrático.
Los presidentes que hemos tenido han usado el congreso como el motor de fuerza que empuja y arrastra la nave desenfrenada y corrupta del gobierno. Esto no ha cambiado en nada desde los mejores y peores años de la dictadura de Trujillo.
Ahora tenemos un elemento que no es nuevo pero que se diferencia un poco de la era de Trujillo. Este fenómeno es el narco-Estado político que desde los gobiernos del Dr. Balaguer vinieron popularizándose en el país. Era la justificación barata que había que permitir al Boa, los actos delictivos para que dejaran gobernar al presidente. Sin embargo, fue durante la administración del Dr. Leonel Fernández cuando el Narco Estado se afianzó y desarrolló convirtiéndose la República Dominicana en el mayor país importador y exportador del tráfico de drogas en el Caribe.
Por muchos años en el país, no ha habido un marcado interés por parte del Estado en frenar el narcotráfico. Desde el Dr. Joaquín Balaguer hasta Luis Abinader se ha tenido un miedo notable en combatir seriamente el narcotráfico.
Es que ese mal ya está en el ADN de los políticos, militares y empresarios dominicanos. Los Tucanos se compraron para derribar las avionetas que desde Centro y Sur América penetran ilegalmente en territorio dominicano para tirar desde el aire cargamentos de drogas en territorio nacional.
Esos aviones comprados a Brasil rara vez, se han usado con ese propósito. Los traficantes usan lanchas rápidas para llegar a territorio dominicano y luego regresar a su país de origen. Es un mercado que genera mucho dinero al Estado, los militares y comerciantes dominicanos. Eso no lo dice el Dr. Leonel Fernández en su artículo del día 7 de junio, titulado: “Si Trujillo resucitase” publicado en el Listín Diario, en la página 2 de ese diario.
Está claro que el fantasma trujillista sigue vivito y coleando porque si no te vendes por dinero, te eliminan con las balas y como este espíritu vive y respira dentro de los estamentos del Estado, se necesitaría de un esfuerzo sobre humano para eliminar ese fenómeno que tanto perjudica la salud del pueblo dominicano y a las naciones donde esa droga llega.
El fantasma trujillista produjo un sistema corrupto en la educación de nuestros niños y niñas de la República Dominicana. No se educa para enseñar a pensar críticamente, o para el desarrollo mental e intelectual de los estudiantes. Es una educación mediocre planificada por políticos y funcionarios mediocres que solo están interesados en sustraer los fondos del Estado.
Nuestras escuelas y universidades están repletas de personas que no saben pensar críticamente, y muchos alumnos en las universidades desean pasar los cursos sin estudiar y dominar las materias tratadas en clase, ni desean tampoco hacer sus trabajos de investigación. Anhelan pasar las clases sin estudiar los libros de textos. Estamos produciendo ciudadanos acéfalos, que gustan más los teteos, chercha, la bebida y la hookah que pasar sus clases con notas sobresalientes.
Otra de las manifestaciones del fantasma trujillista es que los políticos reparten migajas entre un pueblo deseoso de que haya un verdadero cambio en la nación. Si la opción que tenemos después de Luis Abinader, es el Dr. Fernández, estamos jodidos los dominicanos.
Ese político debe ser enjuiciado, junto con Hipólito Mejía, Danilo Medina, Gonzalo Castillo, el Penco y todos los otros delincuentes que son parte del PRD, La Fuerza del Pueblo, el PLD y aún aquellos integrantes del Partido en el poder que han cometido actos reñidos con la ley y que dan vigencia al Fantasma trujillista después de 60 años de su asesinato.
Los dominicanos anhelan un cambio radical en las tres áreas de los poderes del Estado: el Ejecutivo, Legislativo y el Judicial donde los funcionarios no sean instrumentos del poder político que mantiene vivo el fantasma de Trujillo. No es posible que los políticos sigan manteniendo la corrupción y ninguno de ellos haya sido procesado por la justicia. Esos políticos corruptos no han sido juzgados y encarcelados en el país, debido al sistema mediocre de justicia que tenemos en las cortes de la nación.
La impresión que se tiene del gobierno de Luis Abinader es que ha sido muy blando para cumplir con las promesas de campaña por la cual el pueblo voto por él. El cambio no se percibe todavía y la pandemia no ha podido ser controlada tampoco. El manejo de la cosa pública para tomar decisiones y administrar la nación muestran que la democracia-trujillista que vivimos, y las decisiones que se toman, son todas muy tímidas y limitadas.
Por otra parte, el ministerio público no tiene ni los recursos ni el personal para someter a todos los que son, pero que no están sometidos a la acción de la justicia por los actos delictivos, las riquezas que exhiben esos funcionarios que no pueden ser justificadas legalmente, debido a su relación con intereses turbios como es el lavado de activos, corrupción gubernamental, asociación de malhechores, aliados al narco Estado.
Aún hay más todavía, los que han estado en el poder: políticos, militares y funcionarios corruptos, siempre han usado sus puestos de mando para cometer todo tipo de abusos contra los ciudadanos. Es un hecho innegable que las instituciones castrenses y el Estado dominicano operan bajo el fantasma trujillista, cometiendo actos reñidos con la ley y contra los ciudadanos, amparando así a todos los delincuentes que comparten los recursos de sus fechorías, con esos forajidos uniformados.
Para eliminar el fantasma Trujillista existe la necesidad de deshacerse de la ración que demanda el Boa, que ha crecido con el paso de los años enormemente y sus tentáculos cubren el territorio nacional. El Presidente Luis Abinader, si es que llega a los cuatro años de su gobierno deberá tomar medidas drásticas que elimine toda conspiración contra su mandato, o la historia del 1963 se repetirá con un golpe de Estado como sucedió con el Profesor Bosch.
El ex Presidente Bosch se convirtió en un muñeco de trapo cuando no quiso remover de las filas a los militares corruptos que conspiraban contra su gobierno y que luego dieron el golpe de estado del 63. Y ese error político, nos llevó a la guerra civil, la invasión norteamericana de 1965 y a los miles de muertos que durante y después de la guerra pagaron con sus vidas los errores del Expresidente Bosch.




