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El show NBA despide un 2020 agridulce para el baloncesto

Por Raul del Pino Salfrán (*)

(Prensa Latina) Como para reforzar la máxima de que el 2020 fue probablemente el año más atípico para el baloncesto de la NBA –y el deporte mundial- en su historia, la nueva temporada descorre sus cortinas un tardío 22 de diciembre.

 

Para algunos entendidos, sin embargo, la fecha de comienzo resulta precipitada, toda vez que hace apenas dos meses terminó la más reciente campaña con el ascenso al trono de Los Angeles Lakers tras un guión digno de Hollywood al que llegaremos más adelante.

El nuevo curso, cuyo calendario tendrá 10 juegos menos que los 82 habituales, estará marcado por la ausencia de fanáticos en los estadios, al menos en la primera parte de la justa, una decisión justificada ante la situación que todavía vive el orbe –y en especial Estados Unidos- por la pandemia de la Covid-19.

Si bien la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2 surgió en China desde finales de 2019, no fue hasta marzo del presente año que impactó en la sociedad norteamericana, provocando un cambio radical en el modo de vida del país, incluida la suspensión de toda actividad deportiva.

Un preámbulo de este ‘apocalipsis’ puede considerarse la primera gran catástrofe que vivió el mundo del músculo en este fatídico año. El domingo 26 de enero medios de prensa de todas las latitutes se hicieron eco del fallecimiento del exjugador Kobe Bryant en un accidente de helicóptero.

La leyenda de los Lakers perdió la vida junto a su hija Gianna, de 13 años, y otras siete personas, cuando la aeronave que los transportaba a un juego del plantel de la pequeña sucumbió en las inmediaciones de la ciudad de Calabasas, cerca de Los Ángeles.

El luto cubrió con su manto negro al deporte universal ante la muerte, a los 41 años edad, de uno de sus grandes ídolos en el siglo XX, solo un cuatrenio después de su adiós como estrella por dos décadas de la Liga y la franquicia angelina.

Bryant no solo trascendió por sus logros personales y colectivos en el mejor baloncesto del mundo, entre los que sobresalen cinco anillos de campeón y un trofeo de Jugador Más Valioso, sino por su carismática personalidad y su fuerte ética de trabajo conocida como ‘Mamba Mentality’.

Los homenajes no se hicieron esperar por todo el planeta y, en especial, en el seno de la NBA, principalmente aquel organizado el 24 de febrero -en honor al número que usara en la segunda mitad de su carrera- en el Staples Center, coliseo donde celebró sus mayores éxitos.

En esa ocasión, a la cual acudieron las grandes figuras del pasado y presente de la Liga, el considerado mejor jugador de todos los tiempos, Michael Jordan, resumió el pesar colectivo al expresar:

‘Cuando Kobe murió, una parte de mí murió, y veo el estadio y una parte de todos murió. De esas memorias tenemos que vivir y aprender. De hoy en adelante, viviré con eso, con mi hermano pequeño que traté de ayudar y amar’.

La partida física del escolta dueño de la segunda cifra más alta de puntos en un juego (82 frente a los Toronto Raptors en 2006) todavía se hacía sentir cuando la Covid-19 llenó nuevamente de incertidumbre a la NBA.

La suspensión temporal del calendario fue la decisión tomada en las oficinas del comisionado en Nueva York, en espera de que la situación sanitaria se controlara y permitiera proseguir las acciones.

No obstante, ese momento nunca llegó, por lo que al pasar los meses los organizadores, en conjunto con equipos y jugadores, debieron repensar cómo concluir una temporada que al momento de su detención estaba bien cercana a los playoffs.

La solución ideal fue establecer una única sede aislada, que luego sería popularmente conocida como ‘burbuja’, en la sureña ciudad de Orlando, en el estado de la Florida.

Hasta allí se trasladaron 22 de los 30 equipos en competencia, toda vez que los ochos excluídos ya estaban eliminados al momento de la pausa, y el 30 de julio los balones volvieron a rebotar sobre los improvisados tabloncillos del ESPN Wide World of Sports del complejo Walt Disney en la urbe floridana.

Tras un breve final del calendario regular, 16 conjuntos avanzaron a la primera ronda de una inédita postemporada que acaparó los focos mediáticos del orbe pese a la ausencia de público, condimento esencial de los espectáculos deportivos y también para su vitalidad económica.

Por la conferencia Oeste los dos equipos angelinos, Lakers y Clippers, se eregían como máximos favoritos, mientras el Eeste tenía al primer sembrado Milwaukee Bucks como principal aspirante, seguido por el entonces campeón defensor Toronto Raptors y el tradicional Boston Celtics.

De esos elencos, solo el conjunto más antiguo de Los Ángeles logró hacerle justicia a los pronósticos y se plantó en la discusión de la corona, una década después de su última aparición, de la mano de la letal dupla conformada por LeBron James y Anthony Davis.

La mayor campanada de los playoffs la dio el finalista del Este, un Miami Heat inmenso cuya primera gran estocada fue a los Bucks del MVP Giannis Antetokoumpo, para después dejar en el camino a otro peso pesado como el propio Boston.

Pero el cuadro angelino no dejó espacio a las sorpresas e hizo valer su superioridad, combinada con las lesiones de algunos jugadores claves del Heat, como el escolta Jimmy Butler y el pivot Bam Adebayo, que disparejaron más la serie final al mejor de siete encuentros.

La noche del 11 de octubre fue testigo de como Los Angeles Lakers celebraron su campeonato número 17, tras imponerse finalmente 4-2 al Heat, e igualaron a Boston como las franquicias más ganadoras de la historia de la NBA.

De esta forma quiso el destino que el equipo de los amores de Kobe Bryant le rindiera el mejor tributo posible tras su desaparición física, el cetro de la liga que habían ganado por última vez, precisamente, con él como gran protagonista en el año 2010.

jdg/rps

(*) Periodista de la Redacción Deportiva de Prensa Latina.

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