Alicia Alonso sembró en México semillas de grandes intérpretes

La Jornada recuerda que la prima ballerina compartió en México con la Compañía Nacional de Danza y legó enseñanzas sobre técnicas, metodologías, vocación, disciplina y diversos elementos que se requieren en el ballet.
En los escenarios, la eterna Giselle, más que bailar, flotaba. El virtuosismo de la bailarina cubana fue único e irrepetible en el papel de la joven e inocente campesina que está enamorada de Albrecht, describe la crónica.
Alicia Alonso aportó el nivel técnico al ballet, este fue el sello especial de sus propuestas coreográficas; incluso, varios críticos de ballet bautizaron ciertos pasos que observaron en los escenarios con el nombre ‘la pirouette Alonso’, por su perfecta ejecución.
Como coreógrafa, añade, Alicia transmitió nociones y sentimientos a niveles notables, pues logró que el público asistente a las funciones no contemplara sólo el virtuosismo de los bailarines, sino que experimentara el estado anímico de los personajes y comprendiera el contenido de la obra.
La leyenda de la danza mostró desde niña su preferencia por el baile y viajó con su familia a Estados Unidos, donde terminó su formación dancística en Nueva York.
El diario incluye una nota de Prensa Latina en la que se da cuenta de las celebraciones de la efeméride, y de la gala ofrecida por el Ballet Nacional de Cuba en su sede, el Gran Teatro de La Habana, y recuerda que el fallecimiento de la diva sorprendió a todos el 17 de octubre de 2019 en su ciudad natal.
Alonso respaldó la revolución social en Cuba iniciada en 1959, y se alzó sobre prejuicios e ideologías burguesas para llevar su arte al pueblo, las fábricas, los campos, al bosque, al valle, cualquier calle, reseña el diario mexicano.




