Meditación

Firmes en la libertad que Cristo nos hizo Libres

Gálatas 5:1 dice: “Estad, pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el jugo de servidumbre.”

Esta carta fue escrita y enviada por el Apóstol Pablo a los hermanos de las iglesias en Asia Menor. Fue escrita entre los años A.D 53 al 57, aunque otros exegetas Bíblicos sitúan esta correspondencia por el año 45, probablemente el primer documento del Nuevo Testamente escrito por Apóstol a los judíos y gentiles que habían aceptado la fe.

 

Esta carta además, junto a la dirigida a la iglesia en Roma forman parte del cuerpo paulino de otros once documentos, trece en total, que son atribuidas al apóstol. El autor de este documento escribe a los hermanos de las iglesias en esa región, los cuales  formaban la comunidad  cristiana a las cuales Pablo instruye sobre la gracia de Dios y las obras de la ley.

 

La razón por la cual fue escrito este documento, se debe a que ciertos supuestos hermanos en la fe, venían desde Jerusalén hacia las iglesias de Galacia con el propósito de judaizar a los nuevos creyentes que habían aceptado la fe cristiana. Estos falsos maestros deseaban persuadir a los hermanos de esas iglesias, que además de la fe en Cristo, los nuevos creyentes debían circuncidarse, guardas las ceremonias rituales de la ley y los días festivos correspondientes a la tradición mosaica de la Ley. 

 

En otras Palabras, además de Cristo, añadían la circuncisión, guardar el sábado, y abstenerse de vivir como los gentiles. Pablo dice que Cristo es suficiente para la salvación. Que si tienes a Cristo pero buscan justificarse a sí mismo por los ritos y ceremonias de la ley, en vano murió Cristo, están bajo maldición y habían caído de la gracia de Dios. 

 

Está claro, que por las obras de la ley, ningún ser humano será justificado. Porque el que se somete a ella debe guardar toda la ley. Por eso la misma ley encierra aquellos y aquellas que la obedecen, a vivir bajo maldición, pues dice maldito todo aquel que no permaneciera en las obras de la ley para obedecerla. De modo que si quebrantabas la ley en un punto, era como si nunca hubiese guardado la ley.

 

Todavía hay más, cada niño nacido de una madre judía debía circuncidarse al octavo día de haber dado a luz. Si el día caía sábado, el sacerdote debía hacer la circuncisión. Entonces este quebrantaba la ley al obedecer la ley. Si un judío caminaba más de lo estipulado por la ley durante el día sábado, quebrantaba la ley. Tienen que viven con mucho cuidado para no quebrantar la ley, pero aun así, no hay formas de estar sometidos a esa ley, porque por la ley es el conocimiento del pecado.

 

Recordemos que según la tradición judía hay 613 leyes en el Pentateuco, Torah, o Ley, como se conoce con esos nombres y estas leyes debían ser observadas al pie de la letra. Pablo dice en otra parte, que nunca él, ni sus padres pudieron guardar toda la ley. 

 

La ley en verdad fue nuestro maestro para conducirnos a Cristo pero venido Cristo, ya no estamos bajo la ley. Cristo nos redimió de la maldición de la ley al morir en la cruz, llevando en su cuerpo todo lo que era contrario a nosotros. Esa misma ley indica, “maldito todo aquel que es colgado en un madero”. Cristo nos redimió de esa maldición. La ley es también descrita como el niño que está bajo tutores, hasta que llegue a la edad adulta y pueda recibir y administrar el testamento dejado por su padre muerto. 

En Cristo Jesús, ya no estamos bajo el tutor de la Ley, que significa esclavitud. Ninguna persona es libre, si todavía está apegado a los requisitos de esa ley que nos hace ser esclavo de la misma y nunca podemos alcanzar la plena libertad, ni mucho menos la salvación que solo se obtiene por la fe en Jesucristo. Cristo pues nos hizo libres para vivir en libertad y no en esclavitud. 

 

Es por esa razón que San Pablo nos dice: “Estad, pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el jugo de servidumbre.”

 

El evangelio anunciado por San Pablo indica que Cristo nos redimió del pecado. La palabra redención es un término legal que indica que pagas un precio por lo comprado y por ese acto de redención, el objeto o sujeto comprado, pasa de un dueño a otro. Así Cristo pago el precio de nuestra liberación, y al hacer esta transacción, pagó el precio total, con su muerte en la cruz. No necesitamos de ninguna ofrenda, ni de ningún otro sacrificio. Al volverse a las obras de la ley, los gálatas indicaban que el sacrifico de Cristo no era suficiente, y por lo tanto necesitaban hacer otras cosas para su propia justificación.

 

Cualquiera que busque añadir algo más a la muerte expiatoria de Jesucristo, trata de buscar su propia justicia, y por lo tanto, cae de la gracia. Y el sacrificio de Cristo es como si no se hubiese consumado. Sin embargo, el sacrificio de Jesucristo se hizo una sola vez, y es válido para siempre. Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a todos los santificados.  

 

Ahora, somos libres no para seguir pecando, sino para obedecer a Dios y tener plena seguridad de la salvación que viene a través de la fe en Jesucristo. 

 

Finalmente, Pablo exhorta a los hermanos a no volver al jugo de esclavitud del cual Cristo los había librado. Cualquiera que trate de justificarse por sus buenas obras delante de Dios, indica que no acepta el plan de Dios para su salvación y busca ser justificado con su propia justicia, no con la justicia que es de Dios por la fe en Jesucristo. 

 

Además, si Cristo te hizo libre, no quieras entonces volver a justificarte por medios de tus propios actos. La justificación por la fe es una doctrina fundamental de la fe Cristiana, demasiado fina para los incautos, pero inmensa para quienes Cristo es suficiente para su redención, justificación y salvación.

Rey Díaz 

zoolaar@live.com

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