Educación

Aulas mixtas: «¿Por qué han separado a mi hijo de sus amigos y empieza el curso con niños mayores que él?»

El COVID-19 ha impuesto grupos estables de convivencia con una menor ratio de alumnos por clase, lo que ha obligado a los centros escolares a crear aulas internivel en las que se mezclan niños de dos niveles educativos consecutivos, provocando la indignación de las familias

Ana I. Martínez

 

Los alumnos de Educación Infantil y Primaria han regresado este año al colegio de la manera más inusual posible debido al coronavirus. Y es que los más pequeños no solo van a tener que adaptarse a una nueva realidad que incluye la toma de temperatura diaria, el uso de mascarilla o el lavado de manos constante sino que, además, algunos han pasado a formar parte de un nuevo grupo mixto, con un nuevo docente, al que las familias no encuentra explicación.

Cada comunidad autónoma ha diseñado su propio protocolo para una vuelta al cole segura. Entre dichas medidas destacan los grupos estables de convivencia, que oscilan entre los 20 y 25 alumnos. Así, los profesores que hasta el curso pasado tenían una clase con un número de alumnos superior a dicho ratio han tenido que reducirla, de tal manera que varios alumnos han sido trasladados a las aulas mixtas, en las que se mezclan niños de dos niveles educativos consecutivos. Por ejemplo, menores de 1º y 2º de Primaria son hoy compañeros de clase.

La medida no ha sentado nada bien a las familias. De hecho, Change.org, la mayor plataforma de peticiones del mundo, registra ya una decena de solicitudes de padres y madres contra aulas mixtas en los colegios de Madrid, una de las comunidades que sí ha apostado por esta opción académica, al igual que Valencia, Asturias, Cantabria o Cataluña.

«Es lógica la reacción que están teniendo padres y madres. Entra dentro de la incertidumbre, miedos… que rodean la vuelta al cole y que se suma a todo lo que ya llevamos vivido», explica Amaya Prado, Psicóloga Educativa y de Familia y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

Para las familias, la solución a este curso académico no debería ser la creación de aulas mixtas o internivel para mantener las medidas de seguridad e higiene que impone la nueva situación, sino la contratación de más profesores. Padres y madres insisten en que niños de diferentes edades no pueden estar estudiando el mismo curso porque tienen diferentes necesidades de aprendizaje. Aseguran también que el cambio les afectará a su salud emocional, ya que les han sacado de su grupo de siempre para pasar a formar parte de una clase nueva formada por desconocidos.

«Es algo que se ha hecho siempre en la escuela rural», explica Ana Cobos, presidenta de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE). «En dicho entorno, las aulas mixtas siempre han tenido un aspecto positivo porque potencian el trabajo cooperativo entre el alumnado: los mayores ayudan a los pequeños. Está comprobado, tal y como demuestra la pirámide de aprendizaje de Edgar Dale, que como mejor aprendemos es enseñando y si ponemos a un niño mayor a ayudar a aprender a otro más pequeño, ambos aprenden».

Un potencial desperdiciado

El problema es que las nuevas aulas mixtas no responden a un «criterio pedagógico», señala Cobos. «Responde a una necesidad de bajar la ratio, de falta de contratación de profesorado… Un parche para no hacer la inversión necesaria». En su opinión, trasladar una práctica tan común del entorno rural al urbano «da una imagen precaria de lo que es la educación y de lo poco que importa».

De «parche» habla también Almudena Palacios, maestra de Primaria y experta en Crianza Positiva y método Montessori, un modelo educativo que, entre otras cosas, trabaja con niños de diferentes edades en una misma clase. «De las aulas mixtas se pueden sacar grandes cosas pero ahora se han creado ‘porque es lo que toca’ y la mayoría de los docentes no han trabajado con este tipo de grupos nunca», señala la autora de Viviendo Montessori.

Palacios explica que, a pesar de no tener la misma edad, los alumnos que forman parte de un grupo internivel «sí comparten características motoras, cognitivas…» y los beneficios que obtienen son infinitos: «los niños cooperan mucho más, adquieren conocimientos de una manera más flexible, no existe la competición de ‘a ver quién acaba antes’, aprenden por imitación y a respetar diferentes ritmos de aprendizajes, adquieren una mayor autonomía, independencia, autoestima… No se ríen de Fulanito porque no sabe hacer una determinada cosa porque va más retrasado sino que los mayores esperan pacientes a que los pequeños consigan hacer lo mismo».

Sin embargo, los progenitores no lo ven así. «Los adultos siempre vemos competición nunca cooperación y solo nos centramos en lo que es el contenido académico puro y duro. ¡Hasta nosotros nos relacionamos con gente de diferentes edades, caracteres varios… y resulta más enriquecedor!», recuerda.

Eso sí, para sacar el provecho adecuado a las aulas mixtas requiere que las bases del actual sistema educativo cambien. «Si seguimos guiándonos exclusivamente por el contenido puro y duro, que es lo que los profesores tenemos que impartir sí o sí entre septiembre y junio, nada cambiará. Creo que se debería favorecer ese otro tipo de aprendizaje que va más allá del curricular», opina Palacios.

Optimista con este tipo de grupos se muestra también David Santos, director del colegio público Antonio Machado, situado en la localidad madrileña de Majadahonda. «Nosotros hemos decidido organizar todo el centro en grupos mixtos, excepto los niños de 3 años porque son justo dos clases de 20», comenta. «Es la decisión que más nos motiva y la que creímos más justa para no tener que sacar a 3 o 5 niños de cada clase y ‘señalarlos’».

Santos, al igual que Palacios, destaca la necesidad de tener una base sólida y alejada del método tradicional para que una iniciativa así triunfe. «Los grupos mixtos nos han cuadrado muy bien por el proyecto educativo que tenemos», basado en el aprendizaje por proyectos, aprendizaje colaborativo o los rincones de aprendizaje. «Vamos eliminando los tradicionales libros de texto», comenta el responsable, que entró hace ya más de siete años al centro de la mano de un equipo directivo decidido a cambiar la metodología del colegio. «Poco a poco lo hemos ido consiguiendo», explica. De ahí que los centros con metodologías más tradicionales se encuentren con mayores dificultades a la hora de crear los grupos internivel. «Es todo un reto -reconoce Santos- Y no va a ser fácil. Pero estamos muy motivados».

Atención especial

Esta nueva realidad, si no se hace de la manera más adecuada, también puede provocar un trastorno emocional, más que académico, en los niños. «En las etapas de Infantil y Primaria, los contenidos son básicamente los mismos. De un curso a otro, varía el grado de profundización», explica Cobos. Por eso, tanto para ella como para Prado y Palacios, la atención emocional de los niños urge más que nunca.

En este sentido, la psicóloga señala que sentimientos como la frustración pueden aparecer en los menores «y más cuando se han enterado que van a ir a una nueva clase el mismo día o el día anterior de volver al colegio». Prado recuerda que aunque los niños tienen una gran capacidad de resilencia, «convendría llevar a cabo una mayor atención psicológica y emocional en las primeras semanas de curso». Y es que tal y como recuerda la presidenta de Copoe, «los bloqueos emocionales impiden el aprendizaje».

Por ello, es fundamental que padres y madres han de observar a los niños. «Y preguntarles, sin hacer un interrogatorio», señala Prado, «para ver si verbaliza lo que está sintiendo, cómo está siendo la vuelta al cole, si narra aspectos positivos de su nueva clase, lo que no le gusta…». Los progenitores, además, «han de explicar a los hijos que todo es fruto de una situación excepcional que nos afecta a todos, marcada por la incertidumbre y ante la que hay que adaptarse para no generar una ansiedad innecesaria».

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