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La Cuaresma Tiempo De Refrigerio Espiritual Para El Alma

Por : Rey Díaz

Rreydiaz1952@gmail.com

El Salmo 51 escrito por el rey David capta la figura de un hombre acongojado por sus errores después de ser confrontado por el profeta Natán. Es la historia de un monarca arrastrado por pasiones y deseos tan bajos como inicuos. Él rey David era también un ser humano como cualquiera de nosotros que podía elevarse desde las pasiones humanas a la que estaba sujeto hasta escalar los peldaños del alma apesadumbrada por decisiones erróneas cuando confiesa sus pecados a Dios. Ese crimen envolvió abuso de poder, corrupción en el ejército y violación a las leyes del Estado Judío.

Al redactar ese Salmo constituido en patrimonio literario de la humanidad David lucha contra las fuerzas del mal superando así esa etapa oscura de su vida. Además, esta historia es la narrativa de dos familias centrales destrozadas por la decisión de un hombre a cargo de los asuntos de la nación de Israel. La narrativa que muestra el complot entre las figuras preponderantes de la historia narrada, nos habla del impacto social de la maldad y de las implicaciones y consecuencias para las futuras generaciones de Israel. 

El trasfondo histórico de esta narrativa comienza cuando el rey David caminaba por el techo de su palacio en la ciudad de Jerusalén y vio a Batsabé mujer de extraordinaria belleza bañándose en el patio trasero de un piso inferior al suyo. El rey ordenó a uno de sus sirvientes que la trajera hasta él. Ella estaba casada con Urías, uno de sus soldados más fieles, quien estaba en el campo de batalla en esos momentos y pertenecía al ejército de Israel.  De todos modos, el rey David no tuvo en consideración que ella estuviese casada. Él tuvo relaciones íntimas con la mujer de Urías quebrantando así el mandato divino. 

Tan pronto como el rey David se percató que Betsabé estaba esperando un niño suyo, envió un mensaje al general a cargo del campo de batalla donde estaba Urías y dio orden para que enviara a Urías de vuelta a su casa.  El rey David trató de encubrir su pecado de tener relaciones sexuales con la esposa de Urías enviándolo a casa, asumiendo que tendría sexo con Batsabé mientras visitaba su hogar. Al cabo de nueve meses de haber visitado su hogar, el niño nacido concebido podía aparentar ser hijo de Urías.  

Urías, que también era una persona muy devota, decidió no volver a casa porque estaba en contra de su conciencia disfrutar de las intimidades de su hogar con su esposa en tanto que la nación estaba en guerra contra otra nación. Era un lujo que no deseaba darse al tener en cuenta que los demás hombres todavía estaban en el campo de batalla. 

En su lugar Urías durmió en la entrada de la casa del rey David con todos los sirvientes.  El rey David fue informado sobre la decisión de Urías de dormir fuera de su casa. Como Urías se había negado a volver a casa, el rey David supo que Urías nunca tuvo intimidad con su esposa esa noche.  Se dio cuenta que había tratado en vano encubrir su pecado y temía que su romance con Betsabé pronto fuera conocido por toda la nación.

En la segunda noche que Urías estuvo en Jerusalén, el rey David invitó a Urías a comer y beber con él.  Después de que Urías se emborrachó, David una vez más trató de enviar a Urías a casa, pero de nuevo Urías decidió no volver a casa.  Al día siguiente Urías fue enviado de regreso al campo de batalla.

Después de haber fracasado en estos intentos para encubrir su pecado, entonces el rey David escribió un mensaje a su general quien debía colocar a Urías en la primera línea de la zona de guerra. Cuando el combate sea más intenso, los soldados bajo su autoridad debían alejarse de donde Urías estaba luchando, permitiendo así que los enemigos lo hirieran mortalmente. Urías no sabía nada sobre el macabro plan del rey David. Así este siervo fiel contado entre uno de los valientes de Israel llevó su propia sentencia de muerte en la carta dirigida al general Joab. El rey David pensó que el asesinato de Urías nunca sería descubierto, y así salirse con la suya y luego tomar para si la esposa de Urías. Pero Dios que ve y sabe todo, no podía dejar pasar por alto este horrendo crimen. 

Después de todo este drama, el profeta Natán visitó a David, quien fue enviado por el Señor. En seguida compartió con el rey David una historia muy poderosa sobre un hombre rico y un hombre pobre. Dijo: «Había dos hombres en cierta ciudad, uno era rico y el otro pobre. El hombre rico tenía un gran número de ovejas y vacas, pero el pobre tenía un único corderito hembra que había comprado. La crio y ella creció en su casa con sus hijos. Ella comía su comida y bebía de su taza. Ella descansaba en sus brazos y era como una hija. Un visitante vino a la casa del hombre rico. El hombre rico pensó que sería una lástima tomar una de sus ovejas y ganado para preparar una comida para el viajero. Así que tomó el cordero del hombre pobre y la preparó para el viajero.

David lleno de ira contra el hombre rico dijo. «¡Juro solemnemente, como el Señor vive, el hombre que hizo esto ciertamente merece morir! Y debe devolver cuatro veces el precio del cordero porque hizo esto y no tuvo piedad. Entonces Natán le dijo al rey David: «Tú eres ese hombre. Esto es lo que dice el Señor Dios de Israel. «Te ungió rey sobre Israel y te rescaté de Saúl. ¿Por qué despreciaste mi palabra haciendo lo que yo consideraba malvado? Por lo tanto, la guerra nunca saldrá de tu casa porque me despreciaste y tomate la esposa de Urías el hitita para ser tu esposa.»  

Entonces David le dijo a Natán, «He pecado contra el Señor.»  Natán respondió: «El Señor te ha quitado tu pecado; no morirás. Pero como habéis mostrado un desprecio total por el Señor por este asunto, el hijo que nacerá de ti debe morir.» Natán se fue a casa y el Señor enfermó al niño que la esposa de Urías había dado a luz al rey David. El niño se enfermó y al séptimo día el niño murió.» (2 Samuel 12: 1-24) A raíz de este incidente, el rey David escribió el Salmo 51 después de haber sido confrontado por el profeta Natán. He aquí algunas de las declaraciones que aparecen en el Salmo 51 atribuidas al rey David:

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;  

conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 

Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. 

Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado esta 

siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, 

y he hecho lo malo delante de tus ojos; …He aquí, en maldad 

he sido formado, y en pecado me concibió mi madre…Purifícame 

como hisopo, y seré limpio; lávame, y seré mas blanco que 

la nieve. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas 

mis maldades. Crea en mí, Oh Dios un corazón limpio, y

renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de 

delante de ti, y no quites de mi tu Santo Espíritu. Vuélveme 

el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente. 

Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres 

holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu 

quebrantado; al corazón contrito y humillado 

no despreciaras tú, oh Dios…”

Las lecturas del Salmos 51 y 2 Samuel 12:1-24 podrían ser utilizadas para la reflexión durante el tiempo de la cuaresma. Estas lecturas nos indican que cualquier acción maligna hacia nuestro prójimo esta contra la voluntad de Dios. Las Escrituras nos enseñan que las malas acciones y las practicas pecaminosas humanas recibirán condenación y traerán consecuencias inevitables a quienes desobedecen al Señor.  En el caso del rey David, él se arrepintió por sus enormes pecados. A partir de ese momento David mantuvo presente una actitud física de aflicción, y dolor que lo llevó a confesar su pecado, pero sólo después de ser confrontado por el Profeta Natán quien le mostró su iniquidad y el castigo que vendría de parte Dios.

Lo interesante en esta historia es que el rey David se enojó rápidamente contra el rico y estaba listo para condenarlo por tomar el cordero del hombre pobre, a pesar de que él mismo era culpable de un gran pecado que incluía los crímenes de corrupción, premeditación y alevosía en un crimen de Estado.  Esta historia ocurrida más de 2,700 años atrás es tan válida para hoy día como lo fue en su tiempo. Estamos más listos para juzgar a los demás que para ver nuestros propios pecados. 

Natán usó la historia del hombre rico y el hombre pobre para llamar la atención del rey David. Astutamente Natán usó esta historia en forma tal que el mismo rey dictó su propia sentencia. Si al dictar la sentencia hacia los demás fuéramos tan benevolentes contra los que cometen injusticias en contra nuestra, o cualquier otra persona, como si estuviéramos dictando nuestra propia sentencia, cuán diferente seria el mundo y cuán distinto sería nuestro veredicto final. 

El rey David se dejó llevar por la narrativa del cuento y dictó sentencia contra el hombre rico según la cual se había cometido una terrible injusticia social que implicaba al hombre rico contra el pobre.   Este cuento bien narrado por el profeta Natán era tan poderoso que el rey David estuvo listo para condenar al hombre rico pero ficticio de la historia, sin poder percibir que él era ese hombre. Es decir, no pudo ver su propio mal hasta que fue señalado por el profeta de ser él, ese mismo hombre quien actuó cruel e injustamente contra Urías. 

¿Cómo nos habla esta historia bíblica hoy en día?  Nos dice que el pecado nos hace ciegos al aceptar y cumplir las leyes divinas.  Es por tal motivo que la lectura del Salmo 51 se hace necesaria durante el tiempo de la Cuaresma.   La historia sobre el rey David es un claro ejemplo de alguien que quiere vivir una vida recta y al mismo tiempo hace todo lo contrario a la voluntad de Dios. 

La aplicación personal es que Dios confronta a sus hijos e hijas con sus propios pecados. La Biblia no oculta la conducta de sus héroes y heroínas. Los pecados de todos los personajes bíblicos están siempre expuestos como ejemplo a toda la humanidad para que sus historias nos ayuden a rechazar el pecado, nos arrepintamos de toda iniquidad y sirvamos al Señor. Estas historias nos ayudan también en nuestra jornada espiritual. De no arrepentirnos de toda maldad antes de la muerte, seremos castigados en el lago de fuego por el Señor Dios todopoderoso. 

Por lo demás, Dios quiere que los humanos se arrepientan de sus malos caminos porque él es un Padre amoroso y misericordioso.  No se regocija en castigar a sus hijos e hijas que vienen a él y confiesan sus pecados. Está claro que un día nos presentaremos ante Dios y él nos recompensará, o castigará de acuerdo a su justicia divina.  

Mientras tanto, somos invitados a seguir el camino del Señor. Dios envió a su Hijo Jesucristo a pagar el precio de nuestros pecados. Cuando murió en la cruz, la transacción para librarnos del pecado, y de la muerte eterna la obtuvo al derramar su preciosa sangre como pago por nuestros pecados. Con su resurrección, Jesucristo selló la conquista contra la muerte y se convirtió en el autor de eterna salvación para aquellos que confían y creen en él. 

Recordamos a nuestros lectores que el tiempo de Cuaresma es un buen momento para acercarse a Dios. El profeta Isaías dice: «Buscad a Jehová mientras puedas ser hallado. Llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia…el cual será amplio en perdonar.” (Isaías 55:6-7). Se le invita a asistir a cualquiera de las iglesias cristianas de su preferencia en cualquier comunidad donde se lea Listinusa.net

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