Educación

Claves para que tus hijos sean más solidarios

Nieves Mira

Educadores, profesores y padres de todo el mundo trabajan por ayudar a solucionar los grandes problemas sociales a través de la educación. Tanto es así, que la formación en valores es un aspecto que muchas familias tienen en cuenta a la hora de seleccionar un colegio para sus hijos. La solidaridad es uno de los aprendizajes más importantes que se ejercitan en las aulas, con el objetivo de influir y mejorar la forma de pensar y actuar de los niños. Por tradición, el periodo navideño es el más propicio para hablar de solidaridad con ellos, a pesar de que lo ideal es mantener presente este valor durante todo el año.

Para Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del Departamento de Orientación del grupo  Brains International Schools, ser solidario «no es dar lo que no quieres o te sobra o está roto», se trataría de «reflexionar sobre qué te hace a ti feliz y mirar si lo puedes compartir», cuenta Herrero. «Hay que plantearles a los niños ese reto: «Qué crees que haría feliz a alguien». Según señala Herrero, «el ser humano tiene tendencia a la bondad, porque la hay y es contagiosa. Si educamos en eso se contagia».

La importancia de la empatía

Existen algunas pautas que contribuyen a potenciar personalidades más solidarias, generosas, comprometidas, tanto dentro como fuera del colegio. «La solidaridad es un valor que se aprende, pero lo tenemos dentro, es algo innato. Ser solidarios nos ayuda a la supervivencia» cuenta la psicóloga. «Ser solidarios nos ayuda a la supervivencia, pero los modelos de conducta de los adultos van a influir en los de los niños, según vean lo que hacen sus mayores», añade.

Una de las claves es desarrollar la empatía. «Lo normal es que haya niños que tienen un momento muy egocéntrico, y para quienes suyo juguete es tan importante que no lo dejan. Tenemos que entender lo difícil que a veces es para los niños dar algo de lo suyo, porque a veces les obligamos a compartir cuando simplemente podríamos decirles que cuando terminen pueden dejarlo, sin obligarlos», comenta la psicóloga. «Algo que ayuda más a los niños a ser empáticos es que nosotros seamos empáticos con ellos. El niño aprende a darse cuenta de las emociones del otro porque ha aprendido de sus emociones porque hemos sido empáticos con ellos. Educar en la empatía se basa en la capacidad de los adultos para ser nosotros empáticos con sus emociones, porque las reconocen en sí mismos, las validan y eso les ayuda a ser también más capaces de reconocer las emociones de los demás», añade.

El proceso se puede hacer de lo cercano a lo lejano: por ejemplo, contribuir en tareas domésticas, compartir con los hermanos, ayudar a los compañeros que les cuesta más hacer algún ejercicio, etc., y a partir de ahí implicarles en acciones como poder renunciar a cosas que tienen (ropa, juguetes), y que aprecian, para donar a otros niños con menos recursos.

No ocultarles lo que pasa a su alrededor

Otro de las claves que aporta para que aprendan a ser más solidarios es que los padres no tengan miedo a hablarles de todo. «Hay padres que están protegiendo a sus hijos de informaciones y el mundo es muy duro, y cuando aparecen noticias que los niños escuchan hay padres que deciden ocultarles ese mundo pensando que así los protegen, y lo que tenemos es que ayudarles a entender el mundo, traducírselo», cuenta Herrero. Así, la psicóloga defiende que es importante que valoren lo que tienen, porque a veces parece «normal» todo «lo que tenemos, y es normal porque lo vemos de cerca, pero en todo el mundo las personas no tienen el nivel de bienestar que tenemos aquí, por ejemplo en España». Se trataría de hacerles ver la suerte que tienen de contar con una familia, una casa, unos padres, amigos y bienes materiales como los regalos que reciben ahora por Navidad.

Para seguir desarrollando la solidaridad, Herrero aconseja compartir con los niños tanto buenas lecturas como películas. «A veces hay tradiciones cada vez más cercanas, como Halloween, que nos ayuda a abrir la mente, a salir del etnocentrismo, para entender que al otro le pasan cosas diferentes que a mí y ser más abierto a entender que hay formas distintas de vivir, entender la vida, la religión o las fiestas o cualquier cosa», cuenta la psicóloga. En este sentido se trataría de ayudarles a valorar lo propio y también a interesarnos por la riqueza que hay fuera.

Por último, Herrero destaca la importancia del deporte para desarrollar el trabajo en equipo, alejándose de la presión que muchas veces pueden ejercer los padres sobre ellos. «A los niños pequeños les cuesta mucho perder. Pero si el deporte está bien enfocado, se pueden trabajar los valores de equipo, pues nos ayudamos y consolamos al que no ha metido gol o ha fallado un tiro», cuenta la psicóloga. Una pieza clave entonces aquí serían los entrenadores del equipo, que deben enfocar el trabajo deportivo con valores y que hablen a los padres del valor de disfrutar y compartir», añade. Para ser solidario, en definitiva, «hay que renunciar a lo propio por lo del otro, y el deporte muchas veces pasa por eso», zanja.

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