Farándula

La Navidad es la fiesta del Amor, de la Gracia y el perdón

Por Rey Díaz
En Belén de Judea nació en un humilde pesebre el niño Dios quien trajo al mundo la luz brillante de aquella estrella, que guío a los pastores hacia el establo donde la santa familia se reunió alrededor de Jesús. José y María salieron desde el lugar de residencia hasta el lugar de nacimiento para ser empadronados, según el edicto del emperador romano, Augusto. María que había quedado embarazada después que el ángel Gabriel anunciará a ella, que iba a tener un hijo, el cual debía llamar Jesús, porque el salvará a su pueblo de sus pecados.
Los hijos son un regalo de Dios hacia los padres. Sin embargo, Jesús no es sólo el regalo de Dios para María y José, sino para toda la humanidad. Independientemente que deseemos recibir, o no el regalo que Dios nos ofrece a todos por igual, su amor es invariable. La muestra de ese amor sublime de Dios hacia la humanidad se hizo visible en la persona de Jesús.
La encarnación de Jesús es el resultado del amor infinito de Dios, quien vino desde el cielo con el propósito de acercarnos a la grandeza y santidad de nuestro creador. La navidad es la fiesta del Amor, de la Gracia y el perdón de Dios.
Así todo lo creado es el resultado del amor que Dios tiene para todos los humanos por igual. La creación es el resultado del poder creador que sale de su mente maravillosa, y a través de su inmenso poder se ejecuta lo que su mente ha diseñado para ofrecernos lo esencial para la vida y la salud de los habitantes de la tierra.
Así es que Jesús sale desde la misma naturaleza de Dios, enviado al mundo no como ente aparte que existe fuera de la familia humana, sino como Emanuel, cuyo significado es Dios con nosotros. Jesús procede del Padre que emana desde la misma existencia como se reitera en los concilios y credos de la iglesia.
Entonces, la gracia de Dios resulta ser el favor inmerecido que se ofrece gratuitamente a la humanidad. Tampoco podemos comprar ese don con dinero, ni mucho menos podemos obtener ese don maravilloso con el trabajo. Se nos ofrece ese don de la gracia divina por el puro afecto de su voluntad.
Esa gracia inmerecida pero que tiene un valor intrínseco que ni el oro ni la plata puede comprar, se acerca hasta nosotros desde un humilde establo, donde el niño envuelto en pañales reposa en un pesebre para recordarnos la fragilidad a la cual estará expuesto el niño Dios.
Además, esa vulnerabilidad a la cual estará expuesto, expresará a través de los años, el riesgo al que estaremos también expuestos los humanos. No obstante, el mensaje del Ángel Gabriel, es que el niño tiene como propósito principal salvar al pueblo de sus pecados.
El ángel vino con el anuncio de las buenas Nuevas, que será para todo el pueblo que hoy en la ciudad de David ha nacido el salvador, Emmanuel, o sea, Dios con nosotros. El nacimiento del niño inicia una nueva época en la historia de la humanidad, ya que a partir de ese momento no estaremos solos pues Dios estará siempre con nosotros, y a partir de ahí, se identificará con nuestras debilidades; librándonos del pecado, y dándonos una nueva esperanza de vida eterna.
El perdón que el niño ofrece tiene como propósito reconciliarnos con Dios, para que el pecado no pueda dominarnos, ni se convierta en un obstáculo para las relaciones entre Dios y la humanidad. Jesucristo entonces representa la parte humana y divina que hace posible esa reconciliación. Al amistarnos con Dios celebramos con gusto la navidad como fiesta del amor divino.
No podemos ignorar que la obra redentora de Jesucristo impactó en forma radical la Civilización Occidental. Desde el Arte, la música, la escultura, la filosofía, la teología, la historia, la arquitectura, la cultura en general, el cuidado médico en los hospitales creados por las distintas denominaciones de la fe cristiana que, aunque nos opongamos a la fe, sin embargo, todos nos beneficiamos del cuidado médico que ofrecen los hospitales creados por los hombres y las mujeres de la fe cristiana.
Además, muchas de las obras literarias de relieve universal están influenciada por la Biblia. También, las universidades de mayor prestigio fueron creadas por gente aliados a la fe protestante, o católica que poco a poco fueron convirtiéndose en un legado fecundo en el progreso de la humanidad. Al celebrar la navidad en este año, recordamos al niño de Belén, que desde el pesebre de Belén de Judea nos invita con su encanto y hermosura a inclinarnos hacia él, y reconocer su digna majestad. Desde ese reconocido homenaje, celebramos la navidad como la fiesta del amor, la gracia y el perdón del niño Dios.

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