Mali, aún en el laberinto

Por Julio Morejón*
Sin embargo, si bien el conflicto en la región septentrional amainó y no se observa el peligro de una asonada ?como la de Amadou Haya Sanogo en 2012 procedente de los mandos castrenses-, aún quedan dos problemas que mantienen en el laberinto al país considerado uno de los más ricos del mundo en cuanto a la tenencia de uranio.
El primero de los asuntos concierne a la seguridad, la cual se erosionó con la emergencia de grupos terroristas que el pasado año emplearon trampas explosivas artesanales en cerca de 100 ocasiones, según el sitio digital español del Departamento de Seguridad Nacional (DSN).
La inseguridad es fuente de inestabilidad civil y política, por lo cual promoverla es uno de los propósitos de los grupos radicales armados de confesión islámica, que en un momento dado se creyó habían sido aniquilados con las operaciones francoafricanas Serval ?primero- y Barkhane, después. Más de 40 muertos causaron recientes combates entre militares y grupos extremistas en la frontera entre Mali y Burkina Faso, lo que ratifica que el peligro no es sólo en un país, sino que trasciende y se regionaliza. A finales de 2019 se reportó la muerte de 13 soldados franceses a causa del choque de dos helicópteros.
Aunque las bajas fueron causadas por la colisión de los dos aparatos, un Tigre y un Cougar, que apoyaban a un comando de paracaidistas galos en un enfrentamiento con un grupo extremista, esa katiba o destacamento reivindicó el hecho como una acción combativa librada en la región fronteriza entre Malí, Níger y Burkina-Faso.
‘Murieron silenciosamente, cumpliendo con su deber, como hombres prestos a dar su vida para proteger a los pueblos y las libertades. Son un ejemplo vivo que une a toda la nación’, expresó el presidente francés, Emmanuel Macron, en la despedida de duelo a la cual también asistieron los exmandatarios Nicolás Sarkozy y François Hollande.
Mientras Macron revelaba el compromiso político-militar de París con Bamako, ilustrado con la operación antiterrorista Barkhane, la presencia de Sarkozy y Hollande evidenciaron la continuidad de una doctrina de seguridad para con Mali adscrita a la lucha de Occidente contra el terrorismo.
Al terror le favorece la falta de desarrollo socioeconómico, las tensiones entre comunidades y las líneas de tráfico comercial, lo que le posibilita asentarse en áreas con escaso control oficial y este año sus acciones tuvieron una proyección dual: el combate contra las fuerzas de seguridad y la planificación de matanzas en zonas urbanas.
Según un sondeo difundido por el sitio digital galo ipof.com, el 58 por ciento de los franceses apoya la actuación de más de cuatro mil 500 de sus soldados en el país africano con la Barkhane, pero algunos analistas opinan que con esa intervención militar en el Sahel, principalmente en suelo maliense, París se adentra en ‘otro Vietnam’ rememorando la guerra perdida en Indochina en 1954.
Es persistente la violencia, particularmente en el centro de Malí, donde las formaciones radicales comparten su protagonismo con los enfrentamientos entre comunidades. Ya en marzo se registraron 160 civiles muertos en la región de Mopti en un ataque contra la etnia peul.
Al cierre de 2019 se estima que más de 45 mil maliense se convirtieron en desplazados por la violencia incluyendo la desatada entre comunidades: los choques de pastores fulani y agricultores dogón y bambara aumentaron, así como los enfrentamientos en entre los peul.
Ute Kollies, jefe de la Oficina de ONU para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios (OCHA), aseguró que a nivel nacional se registró un pico de más de 120 mil desplazados internos que huyen hacia el sur por inseguridad, lo cual no ocurría desde 2012 cuando el levantamiento tuareg.
Los refugiados malienses son 138 mil 510 en los vecinos estados de Burkina Faso, Níger y Mauritania, conforme con la agencia de la ONU especializada en ese perfil humanitario.
CONTRA FAMA Y MINUSMA
Durante los pasados 12 meses se reiteraron los ataques de grupos fundamentalistas contra las Fuerzas Armadas de Mali (FAMA) y la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas (Minusma), tropa multinacional instalada en 2013 con el fin de respaldar el proceso político en el país y cumplir tareas de seguridad.
Los cascos azules y el ejército nacional sufrieron feroces ataques en octubre, los que causaron la muerte de un militar chadiano en uno de los enfrentamientos y 38 soldados malienses en otros dos combates, según registros de víctimas difundidos por Naciones Unidas en el segundo semestre de 2019, cuando se intensificaron tales asaltos.
El país se halla en la franja saheliana, una región que ‘es un foco de irradiación de una inseguridad que las misiones militares malienses y francesas, con el apoyo de la Minusma, han sido incapaces de contener, y mucho menos de erradicar’, indica el académico español David Nievas Bullejos, en artículo sobre la expansión del Estado Islámico en esa área.
No obstante, a finales de año la cancillería maliense confirmó la expulsión del país de un alto cargo de la Minusma, Christophe Sivillon, por sus declaraciones acerca del estatus de la norteña región de Kidal en el curso de un congreso del Movimiento Nacional de Liberación Nacional (MNLA), considerado separatista.
La cuestión de Mali constituye un asunto de seguridad nacional para Francia, ya que su industria nuclear depende en gran medida del uranio procedente del Sahel, así como es notable su dependencia, pues más del 75 por ciento de la generación energética responde a la producción de sus plantas electronucleares.
De ahí que es evidente que detrás de la lucha contra Al Qaeda, lo que se busca es amparar las concesiones de mineral de uranio que tiene la multinacional Areva en los territorios en disputa de Malí y en Níger, opina con agudeza el analista José L. Mosquera en el sitio digital eltiempo.com, sobre los intereses que se mueven en el conflicto.
Areva es una firma estatal gala, líder mundial en el sector de la energía nuclear y Mali y Níger poseen una de las mayores reservas de uranio a nivel mundial. La mayoría de yacimientos se hallan en la región fronteriza de los dos países, aspecto estratégico a tener en cuenta para fundamentar cualquier informe.
*El autor es periodista de la redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.




