Frente a la guerra, una paz necesaria

Por: Rafael A. Escotto
«No habrá paz en la tierra mientras perduren las presiones de los pueblos, las injusticias y los desequilibrios económicos que todavía existen« Papa Juan Pablo II.
Quizás hoy, más que nunca, cuando se preparan batallas que podrían ser sangrientas y fatales para la humanidad, se hace necesario leer la monumental obra de León N. Tolstoi, Guerra y paz, publicada en 1865. Este novelista ruso, considerado uno de los escritores más eminente de la literatura universal, expresó: «Si todos lucharan por sus propias convicciones en el mundo, entonces no habría guerra«.
Una breve reflexión sobre el daño de la guerra y el deseo de la paz no siempre basta para detener marcados conflictos internacionales. Hoy, el espejo regional coloca a pueblos latinoamericanos en el centro de una peligrosa disyuntiva que traspasa la frontera colombo-venezolana y brasileña-venezolana.
Observando el tema desde el punto de vista de Tolstoi, el mayor peligro no está en Latinoamérica sino en Europa entre la Otan y Rusia.
Al enfocar un tema tan serio como el de la guerra, la mejor respuesta conocida hasta hoy es la paz. Pero la paz no es tan fácil cuando los intereses arrastran a los centros de poder a conflictos que podrían diezmar la humanidad.
Yo quisiera leer esta reflexión al Grupo de Lima que se reúne hoy en Colombia. Quisiera leer esta reflexión al gobierno Venezolano. La lectura tiene que ser para ambas partes pues cada una tiene una cuota de responsabilidad política y moral en estos días de pasiones, de falsos positivos y de indetenible guerra mediática.
Cuando Tolstoi, autor de otra grandiosa novela de ficción, Anna Karenina, escrita en enero de 1875, escribió su obra clásica «Guerra y Paz«, el dramaturgo español Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura 1922, no pensaba escribir ni tampoco se había estrenado la obra teatral Los intereses creados, cuya comedia se basa en los conflictos de un pícaro con la política, de haberla leído, Tolstoi no hubiese hablado de convicciones sino de lucha de intereses, lo cual ha sido y es actualmente lo que incita los conflictos de este siglo.
Esta excelente obra trata sobre los dilemas de cinco familias rusas durante la invasión napoleónica, la vida en la corte de Alejandro I y las batallas de Austerliz o batalla de los tres Emperadores del 2 de diciembre de 1805, en el entones imperio austriaco hoy ciudad de Slavkov en la República Checa, considerado uno de los triunfos más significativo de Napoleón Bonaparte y la batalla de Borondinó o batalla del rio Moskova, esta última, la más sangrienta batalla de todas las guerras napoleónicas.
Frente a las guerras la paz se reduce a una aspiración, un ideal por el que vale la pena luchar. Partiendo de este imaginario de las personas que no quieren la guerra, casi todos los seres humanos no desean la violencia, prefieren vivir en armonía. Desde lo religioso, la paz, según un mensaje del Papa Francisco, «es la paz que los Ángeles enunciaron a los pastores en la noche de Navidad, es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente los pueblos que más sufren por la ausencia«.
Para la construcción de un mundo de paz, sería conveniente que ahondemos en lo que sugirió Martin Luther Kings, Jr., veamos: «No vamos a construir un mundo de paz, siguiendo un camino negativo. No es suficiente decir que no hay que hacer la guerra. Es necesario amar la paz y el sacrificarse por ella. Debemos concentrarnos no solo en la expulsión negativa de la guerra, sino en la afirmación positiva de la paz«
Obviamente, hay quienes prefieren la opción de alterar la paz de los demás por variedades de motivos entre lo que está el desenfreno.
Cuando estudiamos la batalla de Borondonó, la cual tuvo como escenario la frontera polaca entre fuerzas rusas y francesas, vemos que la psicología de las guerras modernas va a las fronteras, sin embargo, el mundo es otro desde el punto de vista de la industria militar y las sofisticadas armas.
En el caso Venezuela una parte del mundo siguió con interés las imágenes captada y difundida los días 22 y 23 de febrero, a pesar de decenas de heridos en momentos de tenciones y agitación política en los pasos fronterizos que tienen sus antecedentes en lo expresado por el diputado Juan Guaidó y otros dirigentes opositores quienes pretendía el trasiego por la fuerza de una ayuda humanitaria.
La imprudencia política demarcó a la Cruz Roja Colombiana, la cual se desvinculó por motivos razonables no conforme con el protocolo de la organización. Vista así las cosas, produce alta preocupación no solamente los recientes hechos sino la carencia de normas democráticas transparentes en el Grupo de Lima. Salvo Méjico, los pasos de dicho Grupo no contribuyen a la paz en Venezuela ni a una solución política sin camisa de fuerza ni intereses creados.
Venezuela, Colombia y Brasil juegan hoy a las cartas de la guerra ante el fracaso de la diplomacia pautada por la Organización de Estados Americanos (OEA) en este conflicto que sin lugar a dudas producirá muchas páginas al correr de los días.
En esta jornadas de tantas incertidumbre existenciales y políticas debemos guiarnos por una frase de Isaac Newton: «Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes«.




