Opinión

SE HACE OPOSICIÓN ASIMISMO EL PLD?

Por: Rafael A. Escotto

«Le llevó largo rato asimilar lo que estaba ocurriendo, la lógica perfecta de la autodestrucción que se extendía ante sus ojos«. «Sangre en la luna» (1984), James Ellroy

En ausencia de una oposición política en un país como la República Dominicana, con una vida política intensa e incesante, más o menos, desde su vida republicana, hace pensar que hay una crisis de liderazgo de los partidos rivales al partido de gobierno en el poder, el de la Liberación Dominicana (PLD).

Esta insuficiencia de conductores de masas en el más dilatado sentido de la palabra, no nos permite hacer un examen evaluativo del liderazgo de la sociedad dominicana actual.  Porque no hay tal liderazgo.

Mientras se está ejerciendo el poder, una vez termina su mandato gubernativo, se habla de su obra social. A pesar de ello, cuando termina su gubernatura, su relevancia y reconocimiento se resumen con algunas excepciones, a una simple ponderación social.

El líder es aquella persona que tiene trascendencia y la preponderancia de influir de cualquier forma sobre las personas.  Individuos excepcionales, como Nelson Mandela, Martin Luther King, George Washington, Mahatma Gandhi, fueron capaces de llegar de manera casi universal a las masas o intervenir positivamente en el tiempo en el desarrollo de una consciencia crítica reflexiva de la colectividad mundial.

Esta escasez de líderes en la sociedad dominicana esta desencadenando escepticismo, desconcierto, inestabilidad y grandes recelos. Sépase que esta atmósfera se ha apoderado de la mayoría del pueblo que se ve sin un guía que fascine, capaz de suscitar motivación, de comunicar, de organizar, de responsabilizarse, de reformar, fortalecer instituciones, de crear, de perfeccionar, de producir cambios verdaderos,  de poner a soñar una sociedad.

Pregunto: ¿Han tenido los lideres que han gobernado después de Joaquín Balaguer y de Juan Bosch, alguien alrededor de su poder que sea capaz de compatibilizar todas las capacidades enunciadas anteriormente?

¿Sería posible que por estas carencias el país se encuentre hoy sin líderes?.

Esta situación de falta de liderazgo, ha influido tanto que el PLD se ha visto obligado hacerse oposición asimismo.

Escribe el columnista del periódico  La República, de Costa Rica, Arturo Joffre, en un artículo reciente, «La autodestrucción de los partidos«: «Hay un ambiente de impotencia por una agenda-país que se ha acumulado por décadas sin atención, y una masa electoral muy grande a la que se le ha quitado la ilusión«.

Y, seguidamente se pregunta: ¿Qué está pasando  que los partidos políticos luchan por autodestruirse?  Sera, como cuestiona el filósofo y ensayista español Daniel Innerarity  en un trabajo titulado: ¿El fin de los partidos políticos?  que,  «La actual crisis de los partidos políticos, su descrédito, pérdida de relevancia o fragmentación, es manifestación de una crisis más profunda«. 

Y,  luego responde con algo que está sucediendo no solo en Costa Rica y que  en mayor medida  pasa en República Dominicana, de cuya opinión me veo compelido a hacerme eco en este trabajo y cuya materia he tocado en trabajos anteriores que he publicado en la prensa nacional e internacional, veamos: 

«Se esperaría que los “enemigos”, los competidores, estén en la acera de enfrente, pero no, no es necesario. Curiosamente cada partido se ataca a sí mismo con una eficacia de tal categoría, que no se necesitan contrincantes externos«.

Yo me pregunto: ¿Dónde está la oposición contra el PLD? ¿Está verdaderamente el Partido Revolucionario Moderno (PRM) en la acera de enfrente con un discurso que pueda ser asimilado por las masas?

¡No!, la oposición no ha podido mostrarle al país un discurso que impacte, que lo emocione hasta el grado que lo haga cambiar de partido. Esto hace que los partidos se destrocen entre sí. Como muy bien lo señala Arturo Joffre: «los partidos no necesitan contrincantes externos«.

El PLD es el mejor ejemplo en nuestro país de una posible autodestrucción, no por problemas doctrinarios, sino porque un usufructo largo del poder lo ha vuelto presumido, lo confunde y pierde la real perspectiva del país. En esta supuesta lucha interna o heladera de greña entre el expresidente Leonel Fernández y el presidente Danilo Medina, no está el país como centro verdadero de interés.  Lo que está prevaleciendo son asuntos personales de supremacía.

Esta heladera de greña entre Danilo y Leonel, me lleva a la sátira titulada Los clérigos a la greña, escrita por Gregorio Bartolomé Martínez. Después de la extinción de la Compañía de Jesús sucedieron hechos que los historiadores resaltaron el «lógico resultado de los siglos de odios dentro de la Iglesia Católica.

«Riñas, odios y rencores/fomenta entre sí mayores/la familia clerical/ que a gente mundanal/«.

Me parece que dentro del PLD se ha ido formando un espíritu de casta que está ocasionando un cúmulo de variadas incertidumbres. Hay grupo que se oponen entre si y que se enfrentan para conquistar el poder y supuestamente para defender valores que no son siempre los que se atacan.

La parte del pueblo dominicano que tiene más consciencia de lo que estas divisiones internas crean en los partidos y en la sociedad se cuestionan, como advierte Joffre en su trabajo citado por nosotros: ¿Por qué los partidos pequeños no se han unido para crear  una fuerza que le permita llegar a gobernar el país?

Eso jamás lo piensan ni está en su proyecto. Desde que la Junta Central Electoral le proporciona recursos económicos enormes, a partir de ello los partidos pequeños perdieron sentido de coherencia.  Más bien para no perder legitimidad se adhieren a los partidos más grandes y con posibilidades de llegar al poder. Esta actitud significa que los pequeños partidos se autodestruyen en cada proceso electoral.

Desafortunadamente, el pueblo dominicano se siente incapaz al ver que sus expectativas de progreso y de bienestar se han amontonado durante años por falta de un proyecto-país coherente que le devuelva a los electores la esperanza de contar con una patria donde el ciudadano pueda vivir mejor y sin nerviosismo.

Ante esta falta de liderazgo de la oposición, habría de preguntarnos si se debe recurrir a la vieja máxima que se le aplicó en una ocasión al Partido Revolucionario Dominicana (PRD): Al PLD solo lo derrota el PLD.

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