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El Estado Fallido Dominicano

Rey Díaz                                

“Un escritor libre es aquel que no vende su alma al diablo y es capaz de vivir para contar y decir la verdad”

Zoolaar@live.com

Ciudad de Nueva York.

Parte I

Con la llegada del PLD al gobierno en los periodos que van desde el (1996-2000); al (2004 hasta el presente), la sociedad dominicana ha ido experimentando en su territorio una doble transformación social en el orden económico institucional, así como también en la pérdida de los valores sociales, y patrióticos; convirtiéndose el país en un Estado fallido.

Los recursos que recibe el Estado Dominicano no crecen al mismo ritmo que los compromisos económicos presupuestados anualmente, ni tampoco asciende su economía a la par de su explosión demográfica. Esta brecha desmejora la condición de vida, frente al creciente aumento de su natalidad, unido al número empinado de una inmigración no legal que se sale del control de las autoridades.

Al aumentar numéricamente la población, sin la creación de más fuentes de empleos, esta condición genera un entorno social grave cuando a esto le sumamos la falta de viviendas adecuadas, la construcción de más salones de clases para impartir docencia, lo que indica que el país demanda una reforma sustancial en los servicios públicos que ofrece el Estado.

El futuro de la nación se hace incierto ante el aparato burocrático que funge como ave de rapiña, al dilapidar los recursos del Estado, y sin la capacidad suplir las demandas de una población creciente que se ha multiplicado de 3 millones, a más de 10 millones de habitantes en cerca de seis décadas. Claro, debemos observar que esta crisis se agudiza por la gran inmigración indocumentada proveniente desde distintos países, siendo el mayor número oriundos del vecino país de Haití y últimamente de Venezuela.

La crisis política migratoria haitiana-venezolana esta empujado al país a niveles que presagian una crisis nacional donde las clases marginadas y olvidadas por mucho tiempo, entren en pugna con las elites de poder que se niegan a compartir los recursos conferidos por la naturaleza para el disfrute de todos sus hijos. Esas brechas creadas por los halcones devoradores del pueblo dominicano necesitan ser colocados en un descanso eterno, de lo contrario, la República Dominicana desaparecerá como nación.

La corrupción franqueada por la cúpula Peledeísta ha contribuido al deterioro de los valores de la patria, el aumento desmedido en el desplazamiento de los valores culturales, desplazamiento del lenguaje español y de los principios que dieron formación a una República libre, independiente y soberana. Las elites de poder han ido corrompiendo todos los valores que con vehemencia guardábamos como tesoros de una herencia cultural cuya degradación se ha ido consumando poco a poco, escapando del control oficial. Si no planificamos para el futuro, y sacamos del poder a los depredadores peledeístas, el mañana será incierto para las nuevas generaciones.

La falta de planificación que conlleve una meta clara sobre una política migratoria que beneficie la República Dominicana hace que la nación empiece a dar signos de asfixie acelerada, por un mal social que debilita los niveles de aguante de la población, mientras crece desmedidamente la inmigración, agotando los precarios recursos disponibles del Estado, reservados para garantizar la seguridad de todos los ciudadanos, que requieren los servicios del gobierno que dirige el presidente y que bien pueden contribuir con la superación de quienes se encuentran sumergidos en el atraso impuesto por los factores externos de la corrupción, convirtiendo la sociedad dominicana un infierno dantesco.

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