Ninguna revolución se ha hecho arrojando excremento

Por: Rafael A. Escotto
Cuanto más se oprime un conjunto de necesidades y cuanto más se impide que se ejerzan derechos, más se facilita que estallen revoluciones claramente violentas. John F. Kennedy
La corrupción abierta, el nepotismo negador de oportunidades a otros ciudadanos, la falta de un régimen de consecuencias para los funcionarios que transgreden los más elementales principios de decencia y honestidad y el enriquecimiento ilícito en una sociedad permisible, son solo unas cuantas indelicadezas que pueden crear una revolución equivocada, no de colores, en las que lanzar heces fecales sea el arma escogida para destaponar el cumulo de agresividad reprimida en la población victima de estos estados, fruto de la degeneración política y social imperante.
¿Lanzar excremento hace que las cosas cambien en una sociedad que toca fondo en la decadencia política y moral .
Los pueblos abandonados a su suerte tienden a angustiarse y como resultado de la intranquilidad espiritual se va registrando en el cerebro de las personas una acumulación de estrés que altera el sistema nervioso de la población que se siente afectada por los actos condenables de los gobernantes y de un sistema político y económico prácticamente secuestrado por Alí Babá, parecido a aquellos hombres del cuento La mil y una noches que le dijeron a una cueva sellada mágicamente, como las arcas públicas nacionales, ¡Ábrete, Sésamo!
En el siglo XX, se dieron acontecimientos y movimientos políticos y sociales muy importantes euroasiáticos. Estos procesos históricos acontecieron cuando América Latina era un lugar de dictaduras, con algunas excepciones. El siglo XXI llegó con las puertas abiertas del neoliberalismo, llamado en Roma por un papa «Capitalismo salvaje«.
Un distinguido escritor como Vargas Llosa, rompiendo con sus posiciones democráticas y liberales anteriores, le levantó bandera y se convirtió en un activista furibundo del neoliberalismo. Sin embargo, un gran intelectual como John Ralston Saúl, en su libro El colapso de la globalización…pide o plantea la reinversión del mundo. Y lo hace sin duda alguna por la corrupción y el caos que trae consigo el liberalismo.
La democracia bajo la sombra del neoliberalismo ha desbordado la corrupción de los gobiernos y de grandes corporaciones como es, por ejemplo, el caso de Odebrecht.
La corrupción del neoliberalismo creó la crisis bancaria en los Estados Unidos en el año 2008. Asimismo, llevó a Grecia a la bancarrota y a otros países europeos. En el caso propio de la democracia estadounidense no hubo empresario bancario detenido, todo lo contrario, el gobierno de Busch fue al rescate y la prensa dijo amén. Un filósofo como Beltrán Russel diría que la democracia tiene momentos que es un espejismo, uno quisiera que lo dijera Juan Rulfo, pero el maestro no se metería en eso.
Una gran parte del pueblo dominicano sufre la consecuencia de los malos gobiernos y los grupos facticos, a partir de la muerte de Trujillo, con excepción, desde luego, del gobierno de Juan Bosch. Las acciones de los malos gobiernos gravitan aún y degeneraron a partir de Abril 1984 en el gobierno de Salvador Jorge Blanco. Quien abrazó las recetas neoliberales.
La realidad de hoy no es que el pueblo se ha vuelto cobarde como piensan algunos, sino que como todo se «compra y se vende«, vivimos en un mercado sin escrúpulos y cualquier intermediario gobierno-corporación puede llevarse no los «Versos de manus«, sino un paquete de millones de la corrupción que tiene pasaporte en casi todos los países del mundo.
Pero la realidad crea mucha confusión en sectores políticos y movimientos sociales, que pueden tener en ocasiones propuestas reivindicativas correctas y en otra desnaturalizan la lucha comunitaria.
La confusión es tan grande, que algunas fracciones celebraron el excremento lanzado en Caracas en el año 2017 contra funcionarios públicos. Uso como fuente de referencia un cable de la Agencia Efe. Si aquello fue un acto que no educa a nadie ni contribuyó socialmente a nada, ocurre lo propio con lo que vimos aquí en el edificio de la Suprema Corte de Justicia.
Yo pregunto ¿Acaso lanzar excremento es un acto de impotencia por la inexistencia de otra opción?
El hecho en sí no constituye nada nuevo ni crea en la psicología del pueblo una percepción positiva. En ninguna parte del mundo se ha hecho una revolución cultural y social lanzando mierda, una materia que comenzó a cargarla el homo sapiens y que hoy todos sus continuadores sobre la tierra la tienen en su órgano más largo interno.
¿Cómo podrían desecharse de la materia de referencia los Chicagos boys?




