El 2018, ¿un año ‘desastroso’ para Japón?

Por Iramsy Peraza Forte
(PL) Los japoneses eligieron el ideograma (kanji) que significa »desastre» para simbolizar el 2018, un año marcado por disímiles catástrofes naturales y políticas.
Más allá de los vaivenes habituales de la política y la economía japonesa, fueron los terremotos, tifones, deslizamientos de tierras, lluvias torrenciales y olas de calor los que hicieron titulares este año.
El ideograma que significa ‘desastre’ fue además una de las palabras más empleadas por los medios de comunicación.
Miles de víctimas mortales y cientos de millones en pérdidas económicas provocaron que los japoneses se decantaran por ese símbolo, incluso por encima del trazo que describe la paz.
Y es que la paz no parece ser el calificativo indicado para un periodo en el que se registraron 18 tifones en el Pacífico, igualando la marca histórica de 1994, además de fuertes inundaciones que dejaron más de 200 muertos y provocaron la evacuación de casi 10 millones de personas.
También en el 2018 cerca de 150 ciudadanos perdieron la vida a causa de una intensa ola de calor que rompió el record con 89 mil 284 personas hospitalizadas en apenas unos meses, según informes de la Agencia Nacional para la Prevención de Desastres.
En este lapso de 365 días, el imperio del sol naciente recibió además al tifón Jebi, el mayor de los últimos 25 años con vientos de más de 170 kilómetros por hora, y un terremoto de 6,7 grados en la escala de Richter que arrasó con la isla de Hokkaido, en el norte del país.
Todo esto provocó que el producto interno bruto (PIB) japonés sufriera su peor caída en cuatro años, según cifras oficiales.
Los efectos de eventos climáticos obligaron a la paralización de las industrias y las infraestructuras, pesaron sobre las exportaciones y el consumo y provocaron un descenso en el turismo, factores que condujeron a una contracción del 2,5 por ciento en el tercer trimestre del año, más del doble de lo esperado.
El clima extremo obligó también al gobierno nipón a recortar las previsiones de crecimiento económico para el año fiscal actual y el próximo.
Para el 2018, el PIB japonés crecerá un 0,9 por ciento, cifra inferior al 1,5 por ciento planificado.
Mientras, en 2019 las finanzas japonesas se expandirán un 1,3 por ciento, según la nueva proyección, también por debajo del pronóstico anterior de un 1,5 por ciento.
Según un estudio del gobierno con la asistencia de diversas instituciones financieras especializadas, las consecuencias de los fenómenos naturales que azotaron este año a Japón tendrán un costo superior a los 10 mil millones de dólares.
Esta situación obligó al Poder Ejecutivo a proponer la ampliación del presupuesto destinado a la rehabilitación de las regiones azotadas por eventos climatológicos durante el 2018.
El incremento de los fondos, que debe ser aprobado por la Dieta (Parlamento) se utilizará en proyectos de reconstrucción de las prefecturas más golpeadas, aseguró el primer ministro, Shinzo Abe.
UNA TORMENTA POLÍTICA
Otro evento, aunque esta vez no relacionado con el clima, estremeció Japón y sus alrededores a finales del 2018.
Tras varios meses de negociaciones, el gabinete nipón presentó sus nuevas directrices de defensa nacional y un programa para el próximo lustro que, entre varios aspectos, contempla el despliegue de un comando multidimensional para operar en tierra, mar, aire, espacio exterior e internet.
El proyecto se enmarca en los esfuerzos del primer ministro Abe para aprobar en el Parlamento una reforma constitucional con el fin de dotar de nuevas capacidades militares al país.
Japón no tiene permitido en su carta magna los enfrentamientos bélicos como medio para resolver disputas internacionales, por lo que está prohibida la creación de un Ejército con gran potencial militar, y sólo cuenta con las llamadas Fuerzas de Autodefensa.
Según expertos, el impulso de un ejército más fuerte que pudiera desafiar los límites de la Constitución nipona constituye una fuente de preocupación para sus vecinos.
En el plano internacional, el mayor temor consiste en que Japón reviva su pasado militarista, aunque -según estudiosos- es muy poco probable que dichos temores se materialicen
Abe, por su parte, insiste en una reforma al artículo nueve, que prohíbe explícitamente que el país entre en guerra con otro Estado y que tenga un Ejército nacional, para poder responder a la rápida acumulación militar de China y su supuesta búsqueda de la dominación en el espacio exterior y el ciberespacio.
Tokio considera además que la amenaza de las armas nucleares y los misiles balísticos de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) continúa prácticamente igual, a pesar del acercamiento intercoreano y la voluntad de emprender el camino de la desnuclearización.
Para el gabinete japonés dirigido por Abe, el artículo nueve, redactado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial para impedir el resurgir del militarismo, es anacrónico y ha puesto a la tercera potencia mundial en seria desventada frente a Beijing y Pyongyang.
Dentro de Japón, sin embargo, gran parte de la población se opone al cambio constitucional y afirma que defenderá la Constitución pacifista, pase lo que pase.
Así las cosas, estos nuevos planes contemplan un gasto récord de unos 243 mil millones de dólares, para los primeros cinco años, para la compra de aviones de combate F-35A y F-35B, la modernización de dos destructores portahelicópteros, la formación de nuevas unidades de defensa cibernética y espacial, así como el despliegue de dos sistemas de combate Aegis Ashore.
*Periodista de la Redacción Asia




