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La Crisis Haitiana en la República Dominicana

Rey Díaz Nadaorg.22@outlook.com

Ciudad de Nueva York. Los haitianos quienes comparten al igual que los dominicanos la misma isla, son por naturaleza seres humanos dignos de respecto, con el derecho a la vida, como cualquier otro ser humano sobre la faz de la tierra. Al igual, que los dominicanos que ocupamos las tres cuarta partes de la isla, su acervo cultural, su etnicidad, y religión fueron alteradas por la geo-política imperial del siglo XV – XVIII, donde participaron holandeses, españoles, franceses, ingleses y portugueses, en la trata de personas y en la conquista europea que dio pie al mestizaje y a la imposición de una nueva religión.

Entre los habitantes tainos de esta isla ya existía una forma de religión, distinta a la que trajeron los africanos, que se unieron por la fuerza del invasor en la Isla llamada Quisqueya. Ese choque de culturas, idiomas, razas, y religiones, produjo un sincretismo religioso y un enriquecimiento del lenguaje en un mestizaje salvaje de sangre y sudor, de muerte y dolor, de infierno y de gloria. Fue una “evangelización cruel e inhumana” con los símbolos de la cruz, la Biblia y la espada, el lema era: “conversión, o muerte, otras veces fue: “conversión y muerte.”

En los días de la conquista, los tainos no estaban acostumbrados al trabajo forzoso a que fueron obligados, y debido a los acuerdos que dieron pie a las Encomiendas, además de las diversas enfermedades que trajeron los europeos al Caribe, la población de la isla fue disminuyéndose rápidamente. De un millón de tainos que habitaban esta isla llamada Quisqueya, en 1492, su número en pocos años 1520, se redujo a unos 25,000 habitantes.

El Padre las Casas, recomendó a la reina Isabel de España traer esclavos desde África para que ayudaran con la producción de la agricultura demandada por los colonizadores. Se trajeron los africanos, hacia las islas del Caribe, y poco a poco se produjo el mestizaje que hoy existe en todo el continente americano. El tráfico de esclavos traídos desde África, fue un negocio muy lucrativo para los imperios anteriormente mencionados, en donde se pobló la isla con los negros llegados desde el continente africano.

Por una parte, los españoles no podían ejercer cuidado y control de toda la isla. Habían conquistado muchas tierras en américa, y las demás potencias buscaban competir con España, no solo por los territorios conquistados, pero también, por los bienes que los españoles transportaban hacia la madre patria.  Así que los franceses, llegaron a la parte oeste de la isla, se apoderaron del territorio y establecieron puertos para abastecimiento, y control de su flota marítima. La historia es muy larga para entrar en detalles, pero los franceses dominaron las tierras montañosas, de donde proviene su nombre, Haití.  

Haití, según datos de la época, llegó a ser la primera nación que alcanzó su independencia, de Francia. Los haitianos eran uno de los países más avanzados de américa latina. Su nivel social, cultural y económico estaba muy por encima de las otras naciones latinoamericanas, así lo señala el Profesor Juan Bosch en su libro Composición Social Dominicana. Su avance era notable porque Francia tuvo una influencia en ese territorio que lo convirtió en uno de los países más avanzados de Latinoamérica.

Está establecido históricamente que las invasiones al territorio dominicano han sido innumerables, y causaron un impacto social de grandes proporciones, habiendo los haitianos ocupado el territorio Este de la isla desde 1822 hasta la independencia de 1844. La obra de los Trinitarios, quienes se organizaron para luchar por la independencia del país, fue inspirada en la ilustre figura de Juan Pablo Duarte, quien concibió la creación de una nación libre, soberana e independiente de cualquier otra potencia, o nación extranjera. Francisco del Rosario Sánchez, y Ramón Matías Mella, se unieron al Prócer Juan Pablo Duarte para formar este proyecto que conocemos como la República Dominicana. 

No deseo hacer un recuento de la historia que ustedes ya saben de memoria, pero lo que si deseo señalar aquí es que tanto la República Dominicana como Haití, no surgieron de una concepción filosófica libre que eligieron los haitianos, o los dominicanos. Estos países fueron dando formación a sus ideas, poco a poco, aprendiendo de las experiencias de otros países, y de los conflictos que sus habitantes tuvieron que enfrentar, y así luego surgió el concepto de nación, y más tarde, el de independencia nacional. Como dice el poeta “tuvimos que hacer camino al andar.” Históricamente, Haití y la República Dominicana, son dos proyectos opuestos a la idea de nación libre y soberana, pero unida en una misma isla.

Es una isla, pero con dos historias diferentes, a quienes las fuerzas imperiales nos dejaron como legado histórico una religión y un lenguaje, que son diferentes culturalmente hablando, el uno tiene como su religión oficial el vudú, y su idioma es el francés, y el creole; la otra parte tiene como su religión, católica-cristiana, y su idioma oficial es el español.

Hay otros rasgos característicos de la cultura de Haití, que nos hacen ser diferentes como caribeños. Mientras los haitianos han ido en retroceso, político, social, económico, la República Dominicana a partir de 1930 ha ido encaminándose hacia una economía de mercado libre, de exportación, orientada a sí mismo para el consumo nacional; que ha permitido el progreso sostenible de su economía, permitiéndonos alimentar la población a pesar de la gran explosión demográfica que hemos tenido en los últimos 50 años, dando frente además, a la alfabetización y la mejora del sistema educativo, encaminándonos hacia el progreso y la reducción de la pobreza. Por lo menos, eso es lo que dice el gobierno dominicano actual.

Aunque nuestra democracia dominicana es muy frágil todavía, por la corrupción, la violación a las libertades civiles, la inseguridad ciudadana, y el desempleo que es muy alto, más de un 76% de la población. A pesar de todas estas adversidades, y los efectos desbastadores de una deuda externa que consume el 24% del presupuesto nacional, nuestros gobiernos han sido más estables que los de Haití.

Los haitianos cruzan la frontera, se apropian de terrenos del Estado, o de otros particulares, roban reces, cometen crímenes contra ciudadanos dominicanos, violan nuestras mujeres, desforestan las montañas para producir carbón, y son una carga publica para el país, en los hospitales, municipios, ciudades, y provincias en donde ellos residen. Los dominicanos no pueden echarse encima la carga de una inmigración haitiana agobiante para el país.

El presidente que elegimos los dominicanos y las dominicanas debe dar prioridad en el presupuesto de la nación, y en los servicios públicos que ofrecemos, a los dominicanos. El presidente es electo para servir al pueblo dominicano, para ofrecer seguridad a la población y para administrar los recursos del Estado con pulcritud y honestidad. Y de todo eso carece el gobierno de Danilo Medina.

Creo que los dominicanos que se solidaricen con Haití, deben hacer brigadas de trabajo para que ayuden a organizar esa nación, azotada por una política que solo ha buscado el enriquecimiento ilícito de sus gobernantes, sin importarles a ellos, la pobreza extrema que padecen sus conciudadanos. Está claro, que cada país tiene el derecho para establecer los tratados inmigratorios que considere de beneficio a su nación. Y la República Dominicana tiene y debe establecer controles en su frontera, y en la inmigración no solo de los haitianos, sino también de otros inmigrantes que llegan al país sin resolver su status migratorio.

¿Si usted vive en una casa, o un apartamento de tres cuartos, un baño, una cocina, con su sala y comedor. Y llegan diez personas que invaden por la fuerza su casa, lo acogería indefinidamente a esas personas, sin que esta situación le cause un trauma a usted y los miembros de su familia? Eso es lo que precisamente está pasando en el país.

La República Dominicana no tiene la capacidad habitacional para que esta situación continúe indefinidamente, y en la medida que se prolongue esta situación, más grades serán los conflictos internos que generará este desorden migratorio. En el lado dominicano debe haber cerca de 3 millones de haitianos, no creo en las cifras del gobierno dominicano. Y la entrega ilegal de cedulas a nacionales haitianos por parte del gobierno dominicano, es inmoral, ilegal, anti-Constitucional y es una traición a la patria.

Tarde o temprano, así como el pueblo de Cataluña quiere su independencia de España, así los haitianos, reclamaran el control de la isla. Para ese entonces, como decía René del Risco Bermúdez, al final de su poema: “¡No estaremos tú y yo, sencillamente…!” de El Viento frio (1966), Ediciones Cielonaranja, 2004).

El gobierno dominicano debe enfatizar en la búsqueda de una solución tangible a la crisis migratoria que afecta el país.  El énfasis del gobierno además debe encaminarse, no solo para resolverse la inmigración haitiana, sino también ser un líder en exhortar a la comunidad internacional para dar solución a todos los males sociales del pueblo haitiano. Las naciones que durante el pasado se beneficiaron explotando los obreros haitianos con mano de obra barata, deben hacer sus aportes para mejorar la condición de vida de los haitianos.

Esta contribución económica, debe ir acompañada de extranjeros que ayuden al liderato haitiano en un acompañamiento para que ellos aprendan la vocación de servicio al pueblo y así puedan superar la crisis que vive Haití.  En esta propuesta deben participar también los ricos millonarios dominicanos que por siglos se han beneficiado del trabajo de los haitianos, en los ingenios azucareros del país, como también en la industria de la construcción, y la agricultura.

Esta ayuda económica debe ser vital, e impostergable, por ser un deber moral que adeudan estos ricos al pueblo haitiano, para que se mejoren las condiciones de vida de los haitianos en su territorio. Estos ricos, de los ingenios azucareros, la industria de construcciones en el país, al igual que los gobiernos fallidos de la República de Haití, han sido parte del problema, no de la solución, que ha mantenido a los habitantes de ese vecino país, en la pobreza extrema, y la marginalización, que han sido sometidos los ciudadanos en todo el territorio haitiano. Sé que mi postura en este artículo es un sueño, y como decía Caderón de la Barca, “los sueños, sueños son.”

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