Opinión

Antonio Guadalupe y los colores del espíritu

Por: Rafael A. Escotto

 

 

 

«La naturaleza siempre lleva los colores del espíritu»

 

Ralph Waldo Emerson

 

 

 

Los colores del Sol durante el crespúsculo, en la fantasía del artista, nos colocan ante un espectáculo que solo a un experto de la fotografía creativa o el pintor con su pincel maravilloso podrían adueñase de tanta belleza y plasmarla en el lienzo con espectacular imaginación, esto último todavía sería incluso más asombroso.

 

 

 

La creatividad es el talento del artista de generar ideas o conceptos nuevos. Es innovar. Es modificar elementos ya existentes con el fin de mejorarlos o renovarlos. Es saber procesar información a partir de imágenes, de características subjetivas y saber entrelazar técnicas y recrear las cualidades del universo material.

 

 

 

A veces nos encontramos con algo que nos sorprende gratamente y nos seduce a la vez. Ese estado de fascinación por lo artístico nos llega por múltiples factores donde no solo influye la vista.

 

 

 

En el caso de la pintura y su cromatismo el iris de nuestros ojos se expande ante la presencia de la armonía en las tonalidades a la que recurre el paisajista en su divino afán de reflejar con su pincel mágico la hermosura de la naturaleza imaginada por el Creador. Esto me lleva a una frase de Vincent van Gogh: «Si realmente amas la naturaleza encontrarás la belleza en todas partes».

 

La exposición pictórica denominada «Diálogo de fauna y Sol y agua» nos transporta al mundo surrealista del escritor y poeta francés André Bretón, autor de magníficos ensayos tales como Manifiesto de surrealismo (1924) y El surrealismo y la pintura (1928) y poesías tan famosas como El aire de agua (1934) y Claro de tierra (1923), con un aguafuerte o modalidad de grabado del pintor y escultor español Pablo Picasso.

 

Creo que Antonio Guadalupe con esta exposición «Diálogo de fauna y Sol y agua» nos presenta sus preocupaciones estéticas o morales y a la vez nos muestra su inclinación por el dadaísmo, el cual fue un movimiento antirracionalista que examina el fluir de la conciencia. Una forma de hacer que brote lo subliminal.

 

Antonio Guadalupe, uno de los artistas plásticos dominicanos más destacados, se reencuentra en el Centro de Convenciones CCCD-UTESA con Yoryi Morel, Federico Izquierdo y Mario Grullón en una especie de fantasía o semejanza estética de similitudes y diferencia entre Edvar Munch y Vincent van Gogh en el Museo de Oslo.

 

Esta muestra de Guadalupe viene siendo un resucitar de las artes plásticas en Santiago, puesto que el artista mocano en esta magnífica obra se nos ofrece a través de sus recursos plásticos y su imaginación o visión de la realidad, el ser humano que es.

 

Pienso que el Centro de Convenciones nos ha «permitido encontrarnos y perdernos al mismo tiempo», como expresó el monje, escritor católico y poeta estadounidense Thomas Merton, también conocido como Padre Louis.

Es un evento que los artistas y escritores santiagueses debemos celebrar y respaldar con fervor.

 

Esta excelente exposición de imágenes y colores que nos ha traído Antonio Guadalupe a Santiago permite, como expresara Pablo Picasso, «lavar el polvo de la vida cotidiana de nuestras almas».

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