De Fugas y Visiones en el Gran Teatro del Cibao

Por: Rafael A. Escotto
«Hay dos clases de escritores geniales: los que piensan y los que hacen pensar«. Joseph Roux
Estuve en la puesta en circulación de esta magnífica ensayística divulgada en el espacio el «Oficio de la palabra« que conduce con extraordinaria autoridad doña Marcela Mirabal, en el marco del emblemático y reputado Bar Moisés Zouain, del Gran Teatro del Cibao.
Los asistentes aquella noche de verano recibimos una propuesta exquisita de jazz latino realizado por el músico y pianista, Rafaelito Mirabal.
Disponerme a recorrer las intrincadas y extensas rutas del libro-ensayos titulado «De fugas y visiones«, de la autoría del médico y escritor santiagués, Jochy Herrera, resultó una propuesta que desde que concebí arriesgarme a este proyecto pensé que sería una osadía escritural.
El autor escribe acerca de unas fugas. Sus escapadas en esta magnífica obra se realizan en un tiempo real; no obstante, esa ruta es simplemente una fantasía del autor en la que éste entra en figuraciones soberbias en las que aparece un reloj con las manecillas libres.
La vida del escritor se vuelve indefinida y dentro de ese estado impreciso el tiempo se esfuma a golpe de olas en los arrecifes de una isla donde el tiempo no es precepto sino imaginación frívola de una esperanza inexistente o imaginaria. No obstante, al despuntar la ricura del alba el autor aparece en las islas Galápagos y se cree que está en el Mar Jónico, en Itaca. Se sienta a leer la Odisea de Homero y tuvo una fantasía con Ulises, con el escritor inglés, Francis Bacón, con Robinson Crusoe de Daniel Defoe. Al parecer en ese estado de alucinación confunde su isla con la Atlántida.
Ve una vegetación que se insurrecciona con el toque suave del rocío y una ilusión que hace renacer un tiempo diferente en toda la ínsula.
Pienso que el distinguido escritor, Jochy Herrera, en su obra comentada aquí, pretende dejar a la reflexión del lector un espacio que no logró resolver en este magnífico libro, cual es el espacio impreciso entre temporalidad y atemporalidad que es donde el autor supone la existencia de un – espacio/tiempo – imperceptible que responde a la renovación o renacimiento del hombre.
Borges resolvió esta cuestión del espacio-tiempo haciendo una recapitulación del concepto tiempo desde la antigüedad hasta nuestros días en tres posiciones: el tiempo isotrópico, el tiempo circular y la negación del tiempo. Como desenlace obtuvo el sincretismo o fusión entre literatura y filosofía.
Los griegos, por su parte, vieron lo temporal o desde el punto de vista de la presencia (en un ahora), o desde el punto de vista de una serie repetible en ciclos, o desde el punto de vista de una eternidad superior a la mera temporalidad.
El autor Jochy Herrera, reconocido cardiólogo deja de ser a veces el médico que es para ser el libre escritor que es, distante en su discurrir cotidiano del territorio griego.
¿Es o no es Jochy Herrera el escritor que requieren dos repúblicas seducidas en una misma isla por las riendas grises del poder?
Es cierto que se trata de dos repúblicas de idiosincrasias diferentes, pero al fin las dos atrapadas por ilusiones, trampas y pactos de grupos dominantes
El autor analiza la relación subjetiva – temporalidad/atemporalidad – en el Heráclito viajero y en el Platón visionario partiendo de la idea de que el tiempo es una imagen móvil de la eternidad. Mientras que para el físico, Isaac Newton, el tiempo es absoluto, verdadero y matemático.
Jochy Herrera nos lleva en su libro a formularnos una pregunta ¿Qué es la eternidad? Para Aristóteles significa, «una existencia sin tiempo, ya que la materia, el movimiento y el tiempo deben haber existido y existirán eternamente«. Cuando el filosofo estagirita se refiere a la «eternidad« la está relacionando con la existencia eterna de Dios, al igual que Newton.
En el concepto «De fugas y visiones« de Jochy me imagino al autor viajando dentro de su isla acompañado de una amiga que puede ser su esposa u otra mujer desconocida venida de una calle de Chicago al mundo de la fuga, en esa caminata misteriosa no se ven besos ni regalos en público, el escritor fugado con los ojos abiertos y la cabeza en alto olvida que es un médico requerido por citas y horarios, ¡por Dios, ninguna fuga tiene tiempo!
El escritor Jochy Herrera en su errante fatiga se detiene en Mesoamérica y conoce el ciclo de vida solar de los aztecas y con él descubre el calendario moderno. Sorpresivamente regresa a su vida de inocencia en su natal Santiago donde el niño Jesús y no los Reyes Magos eran esperados en medio de la candidez que esfumó la postmodernidad.
Previo a la presentación de la importante obra de ensayos en el Bar Moisés Zouain, los poetas Luis José Rodríguez y Andrés Acevedo me hicieron reír unos minutos con mini cuentos y frases del folklore nacional entre vaivenes de copas de vino. Antes de la llegada de Acevedo habíamos hecho una retrospectiva de la última Feria del Libro de Buenos Aires y pusimos en contexto el Mundial de Fútbol.
Era rumor cotidiano la asistencia de unos escritores escabrosos.
Tratándose de una actividad eminentemente cultural, deja mucho que decir la ausencia del encargado en Santiago del Ministerio de Cultura, no tanto así de un cronista de opacas notas culturales en la TV Azteca.
Rafael Yunén, presentador de la obra de Jochy en el Gran Teatro, un intelectual y profesor universitario de larga data, buen entendedor de la mecánica del poder jugó ampliamente con amenidad a las cartas del ser o no ser marcadas por William Shakespeare en su obra maestra «Hamlet«. Sin embargo, no quiso entrar adrede al arte de la seducción en Monólogos de Narciso, de José Martínez Hernández y mucho menos a la telaraña del poder.




