Hijos y nietos de dictadores en la política

Por: Rafael A. Escotto
Abrimos este tema para tratar de enriquecer la intelectualidad y la política universal ayudando a construir un diagnóstico colectivo sobre esta clase de proyectos políticos
Algunos hijos y nietos escogen el camino de la notoriedad de su antepasado histórico familiar, otros prefieren el anonimato y los menos se encierran por temor o para evitar los efectos traumáticos del desprecio social que intimida la vida del sujeto.
Entre los que escogen la ruta de la ascendencia o el renombre, positivo o negativo, no necesariamente está la reencarnación de los actos del pariente (abuelo, tíos o padres dictador) sino tratar de recoger el símbolo o marca registrada dejada por su pariente en una sociedad.
¿Qué sostiene esta última decisión o tesis? Una marca o sello que ha perdurado en el subconsciente de una buena parte de los consumidores de un producto que se ha impuesto en el mercado ha de suponer que aun descontinuado dicho producto queda su imagen en el inconsciente de los compradores quienes tienden a reproducirla.
Quien busca reimprimir por cualquier motivo o propósito, una imagen o marca trata de repetir una y otra vez exhibiendo el sello y sus colores distintivos, sabiendo que el inconsciente es un depósito de memorias y experiencias de vida.
El que desea hacer uso del apellido de su antepasado para beneficiarse de su trascendencia, perjudicial o positiva, utiliza el apellido heredado, cuestión de que despierte el recuerdo que ha permanecido alojado debajo del umbral de la consciencia.
Quien recurre a vivir en la clandestinidad para subsistir ocultándose de lo que le adversa en la historia de sus descendientes adopta la postura de la tortuga que esconde la cabeza echándola hacia un lado encubriéndose en un hueco de la pata dentro del caparazón para escapar de situaciones y para rectificar su rumbo. Desde luego, con la diferencia de que en el reino animal, la tortuga no ha dejado vendavales de sangre.
A veces una buena marca acaba desapareciendo. Todo el mundo conoce y respeta la marca, pero hay una gran diferencia entre la percepción que tiene la gente de la misma y su deseo de comprar verdaderamente el producto.
En el contexto actual de la historia de América Latina, existe una corriente muy conservadora que tiene su marco geográfico desde Paraguay, Brasil, Colombia, Argentina, Perú, etc. Esa corriente es un canal propicio para vender cualquier mercancía o producto político.
Esta cuestión es más fácil cuando se trata de un apellido con raíces en la dirección del poder, como es el caso de los representantes de cualquiera dictadura en el Continente.
Sucede que el que trata de aprovecharse de la marca apellido (Hitler, Duvalier, Trujillo, Franco, Pinochet, no se da cuenta que la marca o sello al cual pretende recurrir ha ido desapareciendo en la percepción de los ciudadanos. Ciertamente, casi todo el mundo la conoce y algunos la respetan pero siempre se olvida que hay una gran diferencia entre la percepción que tiene la gente de la marca y su deseo de comprar el producto.
Usted puede creer que una marca o un apellido ha resistido los embates del tiempo, sin embargo, como ha sucedió con algunas marca o sellos internacionales que no tenían contrincantes, eso puede cambiar cuando productos nuevos son introducidos al mercado y la marca que usted pensó que podría ser resucitada con la parentela ya había caído en la preferencia de los consumidores.
Habría que entender que el ciclo de vida de un producto (llamase Duvalier, Trujillo, Franco, Ida Amín, etc.) en el concepto de marketing político es la evolución de la venta durante el tiempo que permanece en el mercado. Las condiciones en que la marca o sello se vendía varia a lo largo del tiempo, por tanto tratar de vender el producto, como Trujillo, Duvalier, Hitler, Mussolini, sería un error.
Lo que corresponde es eliminar el producto sacándolo definitivamente del mercado.
Esta clase de pretensiones de candidaturas políticas de nietos e hijos de dictadores solo es posible cuando en las sociedades donde la autocracia ha dejado su marca o sello se origina un vacio verdadero de liderato democrático y, al mismo tiempo, aparecen en el seno de la sociedad contradicciones alrededor de temas tan importantes como son la seguridad ciudadana, el cuestionamiento sobre controles y políticas efectivas que reduzcan o minimicen los flujos inmigratorios, el debilitamiento del sentimiento de patria, si es que ese argumento tiene alguna validez objetiva.
El asunto del patriotismo se presta para levantar controversias emotivas especialmente en una sociedad impresionable, de una naturaleza poblacional veleidosa o inconstante en función de metas.
Además, hay que hacer notar, que estas fragilidades son aprovechadas por hijos y nietos de dictadores donde aparece algún mercado de público o remanente de simpatía que quedaron afectados afirmativamente y, por consiguiente, podrían tratar erróneamente de reinsertar la marca o el sello autocrático que ven reflejado en un nieto o hijo de un dictador.
Creo, por el contrario, que siempre habrá mercado para un producto o marca que aunque dejó de existir como tal, los recuerdos, negativos o positivos, están depositados en el inconsciente de algunos ciudadanos que la mercadotecnia como ciencia podría exponer clientes específicos ante un producto mediante técnicas y canales apropiados, calibrando sus reacciones para finalmente facilitarle el camino al éxito a un hijo o nieto de un dictador.
Sobre nietos e hijos de dictadores que han incursionado en la política hay experiencia en América Latina con los casos de la política peruana, Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori y quien llegó a ocupar una curul en el congreso de ese país y además fue candidata presidencial en 2011 y 2016 y el hijo del dictador Anastasio Somoza García, Luis Somoza Debayle, le sucedió tras el paso salvaje de su padre en el poder de Nicaragua. Su dictadura se prolongó desde
1963 hasta 1979.
Atendiendo al propósito de sus aspiraciones políticas, el nieto o hijo de un dictador suele recurrir por recomendación mercadológica a medios escritos o programas televisivos de amplia audiencia sobre todo dirigidos por personas desafectos o que aparentan alguna antipatía con el paso feroz de su pariente (el dictador) por el poder de una nación.
La participación del sujeto (hijo o nieto) tiene una función liberadora de algún estigma (prejuicio o rechazo) social que haya marcado al individuo respeto a la sociedad de la que forma parte y a la que busca integrarse o ser aceptado.
Sin embargo, al concluir con esta contribución a la discusión sobre las aspiraciones presidenciales de los hijos y nietos de los dictadores, deberíamos preguntarnos si en la mente de estos descendientes su involucramiento en política es con el objetivo de reivindicar o reparar a su progenie o sus antepasados de los daños físicos y mentales que le han causado a sociedad en general y a amplios sectores de la ciudadanía en particular.




