Opinión

¿Es o no la reelección un derecho humano?

Por: Rafael A. Escotto

¿Está usted de acuerdo con la afirmación del Secretario de la OEA, Luis Almagro, de que la reelección no es un derecho humano?

Esta interrogante del periódico La información de Santiago de los Caballeros motiva un debate teórico sobre el tema de la reelección.

Desde lo eminentemente humano y psicológico, la reelección es una tentación que afianza una creencia en el individuo que la experimenta sobre su convicción de creer tener una facultad salvadora, porque una vez demostrada, imagina que ha sido coronado, no por los electores, sino de la vida que Dios prometió a los que le aman.

En esta clase de sentimiento hay una carga de divinidad por creer el sujeto tener algo que los otros no tienen: El poder excepcional que se le concede a un ser humano de ser presidente de una República.

En la segunda Carta de Pablo a los corintios, en un momento en que las relaciones entre éste y los ciudadanos de esta comunidad se volvieron  tensas por la situación de la iglesia, dijo: «Hermanos míos, nada vale nuestro poder empleado contra la verdad, sino en defensa suya«.

El sentido religioso de las tentaciones aconseja que no  debamos caer o resistirnos a ellas. Si fallamos y pecamos, tenemos la obligación de arrepentirnos inmediatamente. Si no nos arrepentimos, Dios deja que vayamos a lo nuestro: permite que experimentemos las consecuencias naturales de nuestros pecados.

El poeta y escritor ingles, Oscar Wilde, refiriéndose a la tentación, expresó que: «La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella«

Imagino que después de una serie de contradicciones de tipo político que cuestionaba un fallo que permite – por ejemplo – al presidente boliviano, Evo Morales, buscar un cuarto mandato, el Secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, replantea su anterior posición y dice esta vez, que «La reelección presidencial no es un derecho humano y eliminar sus límites hace retroceder una democracia«.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos contiene una lista de principios sociales, individuales, económicos, culturales y civiles que merecen que reflexionemos sobre estos. En los artículos 18 y 21 de la Carta está establecido taxativamente la libertad de pensamiento, la de conciencia, de religión y la libertad política.

Conocidos estos principios, ellos nos llevan irremisiblemente a formular una pregunta ¿Es o no la reelección presidencial un derecho humano? Si partimos de la Carta, la reelección es un derecho humano y, al mismo tiempo, un derecho de consciencia.

Aunque existe la pretensión generalizada contra la reelección, lo cierto es que la Comisión Europea para la Democracia, mejor conocida como la Comisión de Venecia, consultada en materia de Derecho, afirmó que. «La reelección no es un derecho humano en sí, sino que deriva del derecho a la participación política y no se vulnera la imposición de límites de mandatos«

Esta última afirmación de la Comisión sobre la reelección ni la prohíbe ni la aprueba. Ahora bien, cuando se emplea el adverbio «en sí«, indica afirmación o consentimiento. El gobernante que crea que debe reelegirse no está obligado a aceptar lo que rechaza o aconseja  la Comisión. ¿Por qué? Porque la reelección entra en los derechos políticos y por tanto, es una prerrogativa de los políticos. También, repito, es un asunto de conciencia.

En cuanto a la  conciencia, esta se define como «el conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones. También trata sobre la capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre su visión y reconocimiento«.

Cuando un gobernante decide voluntariamente reelegirse hay en esta decisión una tentación y a la vez está ejerciendo un derecho de «libertad política y de conciencia« reconocido dentro de la gama de derechos humanos.

¿Qué cosas o hechos motivan en el sujeto reelegirse? En algunos casos  la mera presunción de creerse divino y practicarlo con obediencia ciega y dar órdenes si hay gentes que se prestaren a ser dóciles tienen que aceptar un poder despótico e ilimitado.

Francisco de Paula González Vigil, intelectual, clérigo y político peruano, escribe  en su obra Defensa y autoridad de los gobiernos y de los obispos contra la curia  romana, publicada en 1819, «que si la elección de un monarca estuviera exclusivamente reservada a los sacerdotes y de los soldados el sufragio de los primeros seria céntuplo o duplo: si los ciudadanos se hubiesen dado garantías contra sus jefes civiles y militares, redundaba esto en ventaja de los sacerdotes, pues ejercían sobre estos el derecho de destitución, mientras que ellos no podrían ser destituidos«.

«El género humano – manifestó el poeta T.S. Eliot – no puede soportar mucha realidad«. La realidad es el poder. Quién pueda darse la oportunidad de mantenerse en el poder persevera en él creando la circunstancia, «La ocasión hay que crearla«, dijo Francis Bacón.

El profesor y filósofo español, miembro de la generación del catorce, José Ortega y Gasset, acuñó una frase justificadora «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo«.

Naturalmente, los principios generales del derecho son sus enunciados o expresiones normativas, que sin perjuicio de no haber sido integrados al ordenamiento jurídico en virtud de procedimientos formales, se entienden que forman parte de él, porque le sirven de fundamento a otros enunciados normativos particulares.

Ahora bien, la reelección o no reelección de un gobernante que ha sido previamente elegido por el voto popular de los ciudadanos en elecciones libres, es una facultad Constitucional propia de un país y, por consiguiente, esta decisión no está supeditada o sujeta a la voluntad o decisión de ningún otro organismo supranacional.

Conforme al llamado Pacto de San José de 1970, este establece: «…la reelección de los expresidente de la República e incluso de los diputados es un derecho humano avalado por la Convención Americana de Derechos Humanos, con rango superior a las simples leyes, e incluso preeminente sobre la Carta Magna en cuanto garantiza fueros que muestra legislación niega«.

 El profesor y expresidente de Costa Rica, de 1966 a 1970, José Joaquín Trejos Fernández,  autor de un libro interesante que trata sobre las Ideas Políticas Elementales, sostuvo que «el ser humano está dotado por su propia condición de atributos y derechos que anteceden a la existencia de los entes políticos y que por esencia son inalienables e imprescriptibles…».

Los países desarrollados están preocupados por los constantes flujos inmigratorios hacia sus sociedades y después de analizar sus problemas socioeconómicos internos causados aparentemente por el peso de la inmigración y otros factores financieros que se le suman, como son reducción en la actividad financiera por las pérdidas de mercados externos, las especulaciones, el desempleo por la crisis económica que  trajo el desplazamiento de las empresas  detrás de mano obra barata.

Frente a esta realidad, existe la posibilidad de que estos países apoyen los gobiernos de América Latina, África y Asia que se preocupan por atender los desarrollos socioeconómicos de sus ciudadanos internamente, sean estos reeleccionistas o no.

No debemos ignorar que el tema inmigratorio a nivel planetario podría estar siendo utilizado como un asunto de la llamada moda al que hay que acudir para montarse en la ola populista y ocultar una marcada falta de liderato en las naciones más desarrolladas.

Debemos referir a nuestros lectores a la norma 23 de los Derechos Humanos que plantea que: «Todo los ciudadanos deben gozar de  derechos y oportunidades…«, especialmente en un momento de confusiones en la historia del país y en el mundo, y más aun ante la ausencia de voces y el estado de mudez o silencio de los ángeles malos del canon.

No obstante, somos de opinión que cada reelección debería ser estudiada dentro de su propio contexto particular mirando las realidades nacionales con lentes de doble graduación que valores objetivamente las acciones socioeconómicas y políticas de un gobierno reeleccionista o no, renunciando a recetas transnacionales.

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