El dolor de las 56 niñas de Guatemala

Por Maitte Marrero Canda
En sus manos traen una hoja con 41 preguntas sobre el caso que entregarán a la jefa del Ministerio Público, entre ellas, ¿cuántas más tienen que morir para que se haga justicia?
‘Protección para la niñas’ y ‘No las hemos olvidado’ se lee en algunas de las pancartas, el mismo sentimiento que alienta a mantener un pequeño altar en la concurrida Plaza de la Constitución, justo delante de la sede de Gobierno y a la vista de muchos que quisieran verlo destruido.
Desde muy temprano, una de las madres de las menores comenzó a restaurar el pequeño círculo, símbolo quizá del infierno que vivieron, y a sustituir las endebles cruces de madera por unas de hierro, más permanentes.
El lugar ya no exhibe un gigantesco número 56, que meses atrás se colocó para incorporar en el reclamo de justicia a 15 menores sobrevivientes del incendio, el único modo que encontraron para rebelarse cuando fueron encerradas bajo llave en un área de siete metros de largo por 6,8 de ancho.
Sin dejar ni un minuto de alinear las macetas que sirven de base, Carmen, madre de Mayra Haydee Chután Urias, de tan solo 16 años, cuenta que estarán hasta mañana en ese sitio, el mismo que fue testigo el pasado año de varios días de un reclamo popular extendido a otros departamentos del país ante el impacto de una noticia que trascendió las fronteras de Guatemala.
‘Estamos aquí exigiendo justicia tanto al Presidente como al Estado que no ha hecho nada en todo este tiempo… ya un año de las niñas y no se ha hecho nada. Injustamente fue algo que pasó y no tenía que pasar, verdad, pero ellos provocaron y así fue como murieron’, dice mientras acomoda otra de las cruces como si ello le devolviera la vida de su hija.
El 8 de abril llegó a la Plaza y desde entonces permanece allí cuidando del altar. ‘Ha sido muy triste, estoy aquí con mi corazón hecho pedazos, pero tengo que salir adelante, tengo otra niña de 15 años y tengo que luchar para darle de comer’, afirma.
Según el peritaje de incendios presentado por la Fiscalía, fueron alrededor de nueve minutos y medio de llamas, con una temperatura superior a los 300 grados centígrados. A pesar de los golpes y gritos de auxilio, la llave para abrir el recinto no aparecía y la demora trajo el fatal saldo.
Las investigaciones de entonces sacaron a la luz un largo expediente de abusos sexuales, suicidios, actividades delictivas y hasta trata de personas en la institución estatal llamada paradójicamente Hogar Seguro.
A casi un año del crimen, el proceso penal contra los supuestos responsables permanece en un limbo, pero resulta imposible para los guatemaltecos pasar la página.
Si bien Doña Carmen comenzó prácticamente sola a preparar el lugar de homenaje popular, casi deshecho, poco a poco se van sumando más personas.
El círculo de cruces antes vacío, luce ahora un manto de pétalos de flores, caminos de alfombra y lo iluminan 41 velas.
Las niñas del 8 de marzo podrán quedar olvidadas en la agenda política del gobierno, pero a las familias de las víctimas, a las organizaciones sociales y a quienes vivieron como suya la tragedia, le siguen doliendo las 56.
Carmen es una de ellas, por eso repite: ‘Aquí siempre vamos a seguir hasta que se haga justicia’.




