Educación

Educación integral

Por ROLANDO DE PAZ BARRIENTOS

Se inicia el ciclo escolar y junto a él, la ilusión de padres que buscan un mejor futuro para sus hijos, soportando responsablemente la carga económica que esto implica, movidos por la certeza de que la educación es uno de los factores clave para el desarrollo humano y social, por lo tanto no debe ser un privilegio de pocos, sino un derecho universal. Pero una sociedad educada no significa que sea más desarrollada frente a otras. Tenemos ejemplo en la antigua Grecia, cuna de la cultura y el conocimiento, pero moralmente en ruinas:

prevalecía el amor hacia sí mismo y a lo material, la relatividad de sus valores hacía que buscaran el placer a cualquier precio.

De manera que la diferencia entre una sociedad y otra no radica en sus recursos naturales, coeficiente intelectual, raza o en nivel de ingresos de sus habitantes, sino en los principios y valores que la sostiene y el compromiso de cada persona hacia ellos.

Por esto la educación debe ser integral. No debe limitarse a la simple transmisión de conocimientos, o a mejorar las competencias intelectuales que capaciten al individuo para la vida productiva, debe incluir una sólida formación en valores morales, éticos y cívicos que lo conduzcan a actuar con libertad y responsabilidad consigo mismo y para con los demás. Esto le capacitará para enfrentar los desafíos de la vida, no solo en el ámbito laboral, sino también emocional. El resultado será ciudadanos que valoren la vida humana, éticos en todas sus relaciones.

En este proceso tanto los padres como los maestros son protagonistas del cambio. El docente no debe limitarse a cumplir un contenido, sino motivar a la reflexión, al análisis crítico y sobre todo a enseñar con el ejemplo, sin que exista dicotomía entre lo que enseña y lo que vive. El mejor ejemplo de este método pedagógico fue Jesús, el maestro, su enseñanza y ejemplo llegaron a la mente y al corazón de sus discípulos cuyo resultado fue un cambio radical en sus vidas.

La educación integral debe formar o reafirmar valores como la libertad, la responsabilidad y el amor al prójimo. Este es el punto de encuentro entre la relación dinámica familia-escuela. Por ello es necesaria la integración de los padres en el proceso educativo de sus hijos, dando soporte al aprendizaje.

 

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