Opinión

La prensa: ¿Una «dictadura invisible«?

Por: Rafael A. Escotto

“La opinión de toda una multitud es siempre más creíble que la de una minoría.” Miguel de Unamuno.

«Llaman al orden, a la confianza, a la sumisión a quienes, en el curso y en nombre de la Revolución, tomaron y legalizaron sus propios poderes dictatoriales; así es como estos revolucionarios políticos reconstituyen el Estado.

«Nosotros, por el contrario, debemos despertar y fomentar todas las pasiones dinámicas de la gente. Debemos traer la anarquía, y en medio de la tempestad popular, debemos ser los pilotos invisibles que guían la Revolución, no por ningún tipo de poder abierto, sino por la dictadura colectiva de todos nuestros aliados [miembros de la organización de vanguardia anarquista«

La anterior fueron las expresiones contenidas en una epístola que le enviara el filosofo ateo y anarquista ruso Miguel Bakunin, quien participó en la Primera Internacional de los Trabajadores (PIT), a Alberto Richard Parsons, sureño, antiesclavista, nacido en Montgomery, Alabama, Estados Unidos,  anarquista y líder sindical, responsable de la  Revuelta de la Plaza  Haymarket  del 4 de mayo de 1886, en respaldo a los obreros de Chicago, miembros de la Alianza de la Socialdemocracia durante los disturbios que rodearon a Paris en 1871.

¿Por qué traigo a estas páginas el titulo de este trabajo?

Para que mis lectores puedan entender lo que significó en la Europa del siglo XIX  esta idea, debo recurrir, para tratar de explicar su trasfondo,  a uno de su más vehemente proponente: Luis Blanc.

El gobierno surgido de la Revolución Francesa de 1848 planteó en medio de un mitin multitudinario en el cual el político e  historiador francés, Luis Blanc, precursor de la Socialdemocracia, defendió la tesis siguiente:

«(…) se considera a sí mismo como dictadores designados por una revolución que se había hecho inevitable y que no estaba obligada a buscar la sanción del sufragio universal hasta después de haber realizado todo el bien que el momento requería«

Esta clase de dictadura, dijo Blanc, es un «gobierno con un poder dictatorial ilimitado en el que todo estarán sometidos a una única autoridad dictatorial basado en una jerarquía y una disciplina incondicional«

En un estudio sobre la psicología de la masa publicada en 1928 escrito por el periodista de nacionalidad judía Eduardo L. Bernays, éste explicó una teoría interesante que tendría que ver mucho con la manipulación de la masa  de  la dictadura invisible (la prensa), veamos:

 “La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importantes en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país«. Interesante ¿verdad?

¿Estaría la República Dominicana sometida hoy a  una «dictadura invisible« en la cual  la masa está siendo manipulada para aceptar un régimen de esta naturaleza?

Dice Bermays, que «Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar«.

O sea, que  la  opinión pública está manipulada para que aceptemos pura y simple lo que nos viene del Gobierno en contubernio soterrado con la Prensa.

Germán Gorraiz López, analista geopolítico español en un trabajo titulado «La dictadura invisible del siglo XX« advierte: «Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país«.

Y más adelante en su análisis sobre la manipulación de la opinión pública, señala: «Los Gobiernos, ya sean monárquicos, constitucionales, democráticos o comunistas, dependen de la aquiescencia de la opinión pública para llevar a buen puerto sus esfuerzos y, de hecho, el Gobierno sólo es Gobierno en virtud de esa aquiescencia pública«.

SI se parte de lo dicho por Gorraiz, no cabe duda que buena parte de la prensa dominicana sea esa dictadura invisible, que al poner a disposición del Gobierno su poder de manipulación de la opinión pública se convierte en ese poder secreto del que habla Gorraiz López.

Al estudiar el comportamiento de la prensa y su relación con el Gobierno, los cuales forman una «dictadura secreta« ejercida por «dictadores invisibles« (la prensa), como calificara Hal Draper, escritor, trotskista y fundador del Partido de los Trabajadores y autor del libro Las dos almas del socialismo, entonces podría afirmase que en nuestro país existe una dictadura invisible constituida por los medios de comunicación bajo el control de los poderes facticos, llámese los empresarios

Ahora bien, si el sistema de educación nacional estuviera estructurado   de tal manera que  fuera un verdadero proceso  de enseñanza-aprendizaje, libre de intereses, entonces se pudiera hablar de democracia en la educación. Esta afirmación nos lleva a otra pregunta:

¿Está diseñado el sistema educativo actual para elevar  la conciencia del pueblo?

Nuevamente, me veo obligado a apelar a Gorraiz López para que sea él quien nos hable de manipulación mediática y de conciencia crítica:

«El estadounidense Harold Lasswell (uno de los pioneros de la “mass comunicación research”), estudió después de la Primera Guerra Mundial las técnicas de propaganda e identificó una forma de manipular a las masas (teoría de “la aguja hipodérmica o bala mágica”), teoría plasmada en su libro “Técnicas de propaganda en la guerra mundial (1927) y basada en “inyectar en la población una idea concreta con ayuda de los medios de comunicación de masas para dirigir la opinión pública en beneficio propio y que permite conseguir la adhesión de los individuos a su ideario político sin tener que recurrir a la violencia«.

Resulta interesante conocer  de  la pluma del  periodista Germán Gorraiz López, su opinión sobre la práctica de esa prensa llamada dictadura invisible, veamos: 

«A ello, contribuye el encefalograma plano de la conciencia crítica de la sociedad actual favorecida por una práctica periodística peligrosamente mediatizada por la ausencia de la exégesis u objetividad en los artículos de opinión y el finiquito del código deontológico periodístico que tendría su plasmación en la implementación de la autocensura y en la sumisión “nolis volis” a la línea editorial de su medio de comunicación (fruto del endemismo atávico de la servidumbre a los poderes fácticos del status quo) y que habrían convertido al periodista en mera correa de transmisión de los postulados del establishment o sistema dominante«.

Creo, finalmente, que estas reflexiones de Gorraiz López nos pueden conducir a entender un poco el papel de manipulación de una parte de la prensa dominicana confabulada con el gobierno (cualquiera que sea el Gobierno) para proporcionar el establecimiento de una dictadura soterrada que se oculta detrás de la «dictadura invisible« representada por los medios de comunicación en poder de los intereses económicos.

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