Una Iglesia Católica, apostólica y Romana

Cuarta y última Parte de IV
Rey Díaz, Nadaorg.22@outlook.com
Hemos de recordar que el Concilio de Nicea, aunque definió los fundamentos del cristianismo, a través del credo de Nicea, también desató muchas polémicas teológicas, cuyos efectos siguen incidiendo para bien o para mal, en la fe una vez dada a los santos. Y aunque muchas de estas discusiones han arrojado luz al pensamiento cristiano, no es menos cierto que también han creado sismos muy profundos, mientras que en otras ocasiones han producido doctrinas y prácticas anti bíblicas, es decir doctrina y prácticas puramente humanas, si es que podemos aplicar la palabra pura a ciertas doctrinas.
No es menos cierto que el resultado de todas estas prácticas eclesiásticas durante los siglos de existencia de esta institución social, ha producido un desarrollo sostenible en el pensamiento de la civilización occidental, pero también, no podemos negar que ha tenido graves consecuencias en detrimento de millones de personas que han recibido el azote condenatorio de muerte; de una fe encubada en intereses y caprichos mezquinos ajenos al espíritu cristiano.
Lo dañino de esas prácticas y creencias surgidas del pensamiento humano, ha conducido al desenfreno lujurioso que pretende hacer efectivo el plan divino, no solo entre los católicos romanos, sino también entre los protestantes, “evangélicos,” cometiendo, en ambos casos, errores no solo doctrinales, sino también de prácticas malsanas, cuando por ejemplo nos colocamos del lado de gobiernos e instituciones corruptas para solo salvar nuestros intereses, aunque la mayoría sufra los vejámenes de un sistema corrupto, que va contra la voluntad de Dios.
También causamos daño cuando damos visto bueno a prácticas condenadas por la Palabra de Dios, la Biblia, al exaltar valores y creencias tergiversando el decreto divino. Y es que la voluntad humana no siempre camina del brazo con la razón, o la lógica, las pasiones nos engañan al convertirse estas en el amo absoluto de nuestra libertad. Así la libertad es atraída y seducida por las pasiones de la carne, y entonces es cuando perdemos nuestra capacidad de razonar.
Está claro que una simple lectura de la Biblia nos hace ver que éste no es un libro fácil de comprender correctamente. Y se requiere del estudio sistematizado, de estos 66 libros en su lenguaje original: hebreo, arameo, y griego koiné. La lectura de los libros Deutero-canónicos, o apócrifos también nos ayudarán a comprender esta obra cumbre de la literatura universal, siempre y cuando estudiemos bajo la supervisión de un erudito o leamos libros relacionados a la Biblia escritos por personas que han dedicado su tiempo a escribir comentarios y diccionarios bíblicos que nos ayudan aclarar el texto en su contexto para evitar errores de interpretación.
Hoy en día los seres humanos, sin importar a que rosario confesional pertenecen, debemos admitir, que no hemos sido fieles al evangelio, ni a la iglesia de Jesucristo, que como ovejas nos hemos descarriado, y como el profeta Isaías debemos admitir que somos de labios inmundos y habitamos entre gente pecadora.
La iglesia católica, o evangélicas tienen que revisar sus prácticas y teologías a la luz del evangelio porque no siempre ha sido nuestro accionar teológico fiel a la fe cristiana, sino más bien a los intereses más nefastos que el ser humano haya podido incursionar. Los ejemplos sobre los errores de las iglesias sobran y han aparecido en los diarios, revistas, libros, la tele y las redes sociales donde las noticias sobre demandas, encarcelamientos por violaciones a niños y niñas por clérigos y pastores, o aún más, cuando las autoridades eclesiásticas participan ocultando aquellos que violan niños y niñas, quienes están llamados a cuidar, velar y proteger a todos los que están bajo su cuidado y autoridad.
Cuando nos hacemos de la vista gorda, y no denunciamos los males sociales que generan sistemas de muerte, también nos hacemos cómplices de quienes obran inicuamente. La historia de la iglesia esta manchada por actos infames de corrupción y maldad, en un cuerpo llamado para la redención del mundo. La iglesia está llamada a ser la sal de la tierra. La iglesia como Sal del mundo es un organismo opuesto a la corrupción, a la muerte, y a la mentira. La alianza es con Cristo, no con los reinos de este mundo.
Por lo tanto, debemos preguntarnos ¿Por qué en los Estados Unidos de América los líderes católicos y evangélicos no denuncian al presidente Donald Trump como el más corrupto y mentiroso de la historia republicana de esta nación? Más aun todavía ¿Por qué los líderes de las iglesias católicas y evangélicas en la República Dominicana no denuncian la corrupción de los gobiernos peledeísta de Leonel Fernández y Danilo Medina?
No fue por una acusación de blasfemia que Poncio Pilato cedió a crucificar a Jesús, sino porque quienes querían la muerte del Nazareno, le expresaron, que si el soltaba a Jesús quien decía ser Rey, no eres más amigo del Cesar, pues según ellos, solo tenían un rey, el Cesar. Pilato comprendió muy bien la magnitud que esta acusación, en ese proceso significaba. Y era muy cierto que su pescuezo corría el riesgo de ser atravesado por el filo de la navaja imperial. Ante tal presión, procedió a lavarse las manos para según él, no tener nada que ver con la sangre inocente de Jesús de Nazaret. Pero lavarse las manos, ante un acto de injusticia social, ni a Pilato, ni mucho menos a nosotros nos exime de complicidad y culpabilidad.
La iglesia está en el mundo, pero a su vez no pertenece a este mundo. Somos embajadores de Cristo en un mundo hostil a los principios y normas del evangelio. Por tanto, no debemos alianza al Cesar, llámese este Danilo Medina, Leonel Fernández, o Donald Trump, Vladimir Putin, Nicolás Maduro, o cualquier otro nombre que usted quiera añadir a esta lista.
Finalmente, recuerdo a los lectores de este artículo en 4 entregas que me acojo personalmente a las palabras escritas por San Pablo en 2 Corintios 4:7 que dice: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros.”
Rey Díaz Nadaorg.22@outlook.com
El Rev. Dr. Rey Díaz es Pastor ordenado y retirado después de haber servido por 39 años en la Iglesia Metodista Unida. Tiene una licenciatura del Colegio New Rochelle, Maestría en Teología Sagrada, del Seminario Teológico de Nueva York, cuenta además con un Doctorado en Ministerio de la Universidad de Drew, en Madison, New Jersey. Cinco años del Curso de Estudios en el Seminario Evangélico de Garrett, en Evanston Illinois, y tres años de estudios en la Academia de Predicación, en Nashville, Tennessee.




