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Rousseff podría “destruir la imagen de Brasil”

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Aloysio Nunes Ferreira, no han coincidido en Estados Unidos por poco. Mientras la mandataria viaja este jueves a Nueva York para participar en la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, el senador del opositor PSDB partió de Washington el miércoles tras reunirse con legisladores estadounidenses, empresarios, representantes de instituciones financieras y, también, con el influyente subsecretario del Departamento de Estado Thomas Shannon, exembajador en Brasilia.
Una visita tras la cual hay quienes ven una maquinación del vicepresidente Michel Temer para justificar el proceso de impeachment contra Rousseff frente a las denuncias de “golpe” del Partido de los Trabajadores (PT) de la mandataria. En entrevista con EL PAÍS, Nunes Ferreira negó tajantemente esos señalamientos al afirmar —como también corroboró el Departamento de Estado— que el encuentro estaba planeado desde hace meses. Y aprovechó para advertir por su parte a la presidenta en contra de convertir su estancia en Nueva York en un “mitin político”.

Pregunta. ¿Qué espera del viaje de Rousseff a EE UU?

Respuesta. Es importante que venga a la firma en la ONU porque Brasil tuvo un protagonismo importante en la conferencia climática y tiene una actividad importante en el área de la defensa del medioambiente.

Ahora, espero que no haga de ese evento un mitin político en el que vaya a presentar una visión falsa de lo que es la democracia brasileña hoy y el funcionamiento de sus instituciones. Ella acaba de llamar a Brasil una república bananera, un país donde no se respetan los derechos, y es todo lo contrario. Uno de los grandes activos que Brasil tiene en relación con otros países emergentes es que tenemos instituciones que funcionan. En los últimos tiempos, en su desesperación por mantenerse en el cargo, (Rousseff) está trabajando para destruir esa imagen positiva del país.

En España hubo graves acusaciones de corrupción contra políticos importantes, se actuó dentro de la legislación y nadie habló de un golpe. En Estados Unidos hubo dos procesos de impeachment y nadie habló de golpe. ¿Con qué autoridad se dice que en Brasil está habiendo un golpe?

P. ¿Cómo está afectando este proceso de impeachment a la imagen de Brasil?

R. El golpe a la imagen de Brasil es la corrupción de Petrobras. Un golpe a la imagen de Brasil es la de un presidente que no cumple la ley. Un golpe contra Brasil es la crisis económica que está siendo provocada por este gobierno inepto y corrupto, eso sí que es un golpe contra Brasil. ¿Y quién está pagando? Los brasileños.

El origen es este comportamiento irresponsable de la presidenta Dilma Rousseff. Pero Brasil es un gran país y vamos a superar esta crisis.

P. Hace un año, usted decía que no quería un impeachment, sino ver “sangrar” a Dilma. ¿Qué ha cambiado para que ahora apoye su destitución?

R. Nunca lo dije en un sentido físico, sangrar significa ejercer oposición constante, vigilante, intransigente, que no impidió sin embargo apoyar muchas leyes enviadas por la presidenta Dilma.

Lo que aconteció fue la dimensión de la crisis económica, que es inédita en Brasil, con una total desorganización de las finanzas públicas, con un índice creciente de desempleo, con un retraso de inversiones y las revelaciones de la extensión de la corrupción montada por el gobierno del PT, de la que ella se ha beneficiado políticamente.

P. Pero la corrupción salpica a muchos en Brasil.

R. Lo sé, pero quien está implicado tiene que pagar. Y ahora tiene que pagar (ella) también. Así funciona un gobierno de leyes.

P. ¿Estarían dispuestos a participar en un gobierno del todavía vicepresidente Temer?

R. En principio, sí. El PSDB participó de este proceso, tiene 100% de los votos en la cámara, participó en las manifestaciones populares que ocurrieron y por tanto tiene una responsabilidad política en relación con un nuevo gobierno. Sentimos obligación ante nuestro propio electorado de esforzarnos para que el próximo gobierno funcione.

Ya preparamos una especie de plataforma, una carta de principios que deberían servir de base para el entendimiento con el próximo presidente. Tenemos una agenda de común acuerdo con las demás fuerzas políticas que serían invitadas, puntos de respeto sobre todo a la reforma política, apoyo al procedimiento de las investigaciones y a algunas decisiones que si fueran tomadas, podrían destrabar las inversiones y estimular nuevos acuerdos bilaterales de comercio, que Brasil está muy aislado en esto.

P. Y adelantar las elecciones, ¿no sería una solución más sencilla y rápida?

R. Es una posibilidad de acción política que no apoyaría porque la Constitución dice que los mandatos tienen una duración fija. Solo pueden ser interrumpidos en circunstancias previstas por la Constitución, como en caso de impeachment, los mandatos no pueden ser ampliados ni reducidos. Si Dilma no tiene votos suficientes para parar el impeachment, entonces (pensar en elecciones anticipadas) es una fantasía política, una fábula que escogen los oportunistas para no tomar posición ni de un lado ni de otro.

P. De cara a las próximas elecciones, el expresidente Lula sigue en lo alto de las encuestas ¿Cómo lo explica?

R. Lula es un hombre muy popular y un político muy competente. No me cabe duda de que él será un rival fuerte en las próximas elecciones. Las encuestas lo demuestran, pero también demuestran que es el político más rechazado del país. Evidentemente, las acusaciones pesan, desgastaron su imagen. El propio PT es un partido que continuará existiendo. Pero tiene que pasar un reciclaje, un cambio de métodos, y sobre todo tiene que abandonar la idea de que es un partido redentor, un partido portador de la buenaventura sobre la Tierra. Los pobres ya no creen eso.

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