Educación

Por qué las universidades estadounidenses sufren una crisis de identidad

Las universidades en Estados Unidos están envueltas en una ola de protestas en torno a problemas de raza, identidad y cómo esas instituciones deberían actuar frente a su historia.

La situación aborda amplios interrogantes sobre la cultura y los límites de la libertad de expresión en los campus.

Gran parte de esta batalla ha sido librada en términos de símbolos y argumentos sobre el lenguaje.

En la famosa y antigua universidad de Harvard, hay llamados para que se elimine la palabra “master” (una de cuyas traducciones al español es “amo”) del título académico “house master” (jefe o supervisor de residencia) porque la palabra, en su acepción de “amo”, está asociada con la esclavitud.

El título tiene más que ver con el sistema de educación de Reino Unido -que influyó en universidades como Harvard- donde el cargo de rector es “school master” (director de escuela) y “house master” para el supervisor de las residencias estudiantiles.

En el contexto de EE.UU., “master” tiene diferentes ecos históricos y la palabra se ha vuelto tóxica.

Para reflejar el ambiente en el campus, este argumento ha sido aceptado por los propios supervisores de residencias, quienes dicen estar buscando un título diferente.

Dicen que el uso de la palabra “master” causa incomodidad y genera imágenes de “subyugación humana”.

Vínculos con la esclavitud

La Escuela de Leyes de Harvard ha estado enredada en una disputa sobre su blasón heráldico que muestra el escudo de armas de la familia Royall.

Este es un vínculo que se remonta a un donante de la universidad del siglo 18, Isaac Royall, quien además de establecer el primer profesorado de leyes de la escuela, era un propietario de esclavos particularmente brutal.

Este ha sido el emblema oficial de la escuela desde los años 30 pero, este semestre, tras acusaciones de que se trata de un emblema racista, se conformó un comité para reconsiderar su uso.

En Princeton, otra tradicional institución universitaria, la disputa se ha concentrado en una escuela nombrada en honor a Woodrow Wilson.

El entonces presidente de EE.UU. ha sido acusado de aferrarse a profundos puntos de vista racistas, así que manifestantes de la coalición de estudiantes negros Black Justice League quieren rebautizar el edificio.

En la también exclusiva universidad de Yale, se realiza una campaña para cambiar el nombre de la Calhoun College para desasociarla con John Calhoun, un defensor de la esclavitud del siglo 19.

El hilo que conecta estas protestas es la sugerencia que el racismo no es algo del pasado sino que continúa siendo un tema que no ha sido resuelto en los campus.

Hay un sitio internet, Demands, que incluye las quejas en más de 70 universidades donde los estudiantes se han “levantado” contra tal discriminación.

“Identidad tribal”

Pero, ¿a qué se debe que tantas protestas estén afectando a las universidades ahora?

Carol Christ, directora del Centro de Estudios de Educación Superior de la Universidad de California, en Berkeley, dice que “las luchas simbólicas siempre son sobre asuntos de política actual” y que en EE.UU. el tema de la raza siempre está a flor de piel.

“La raza es un tema central y traumático en la cultura estadounidense, con tanto la historia de la esclavitud como la del genocidio de los nativos siempre presente”, afirma la doctora Christ.

La sensibilidad sobre la raza y la discriminación ha sido exacerbada por eventos como la muerte a disparos de un joven negro por un policía en Ferguson, Missouri.

“Eso generó mucho activismo en los campus universitarios”, agrega.

Y los argumentos sobre los emblemas y las tradiciones son parte de una batalla más amplia sobre la identidad y cuál cultura debería ser conmemorada en los predios de las universidades.

“Las escuelas y universidades en Estados Unidos hacen mucho alarde de su historia, siempre están relatando su historia, es la manera en la que intentan crear una identidad tribal”, señala la doctora Christ.

Pero esas historias pueden resultar difíciles de escuchar por parte de grupos minoritarios cuando las instituciones tienen nombres y emblemas que tienen resonancia con la esclavitud y la segregación.

“Se sienten alienados de esas historias sobre las que se les dice que deben aceptar como parte de la identidad universitaria”, dice la doctora Christ.

Significado económico

Lo que le da más significado a esta lucha es que asistir a una universidad se ve ahora como el paso hacia un mejor empleo.

Aunque las universidades pueden expresar un compromiso público con la inclusión y diversidad, los manifestantes las han acusado de seguir siendo el ámbito de las clases medias y medias altas blancas.

Sólo un 5% de los profesores en las universidades de EE.UU. son negros, de acuerdo a cifras oficiales.

Los manifestantes arguyen que las instituciones se han hecho las de la vista gorda frente al largo legado de discriminación.

“Es por el creciente sentido de que la universidad es la vía hacia la seguridad económica y el poder”, explica la doctora Christ, que añade que eso se combina con el temor de que las prestigiosas universidades cada vez más están dominadas por los ricos.

Otra tendencia provocadora en las disputas de los campus gira en torno a la libertad de expresión y si algunas actividades o idioma u opiniones deberían ser limitadas si incomodan a algunos estudiantes.

Esta tendencia incluye el concepto del “espacio seguro” donde los estudiantes pueden estar protegidos del lenguaje o argumentos que los puedan ofender.

Pero esto ha sido criticado por opositores que señalan una contradicción del propósito intelectual de una universidad que debe ser sobre ideas desafiantes y creencias encontradas.

“Narcisista”

Uno de los ataques más directos provino de Everett Piper, presidente de la Universidad Wesleyan de Oklahoma.

El doctor Piper dijo a sus estudiantes: “Esta no es una guardería. Esta es una universidad”.

Y advirtió: “Nuestra cultura le ha enseñado a nuestros hijos a ser así de ensimismados y narcisistas. Toda vez que tienen sus sentimientos heridos se convierten en víctimas”.

Y continuó: “Cualquiera que se atreva a desafiarlos y, por ende, hacerles sentirse mal sobre ellos mismos, se convierte en un ‘odioso’, un ‘discriminador’, un ‘opresor’ y un ‘victimario'”.

También hay quienes arguyen que el cambiar el nombre de edificios es una manera de esquivar interrogantes difíciles sobre actitudes del pasado, en lugar de enfrentar el legado histórico de las universidades.

No obstante, estas son unas protestas que está hirviendo a fuego lento y que no muestran señales de calmarse.

El presidente de la Universidad de Missouri dimitió el mes pasado, en medio de denuncias de que no había respondido adecuadamente a los alegatos de racismo.

Y, esta semana, un profesor de Yale, que se vio envuelto en una disputa sobre el derecho de vestir cualquier disfraz de Halloween, aunque causara ofensa, decidió renunciar a su cargo.

Según la doctora Christ, “debido a que la raza es un tema tan irritante y turbulento”, en EE.UU., la “polémica continuará”.

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