Farándula

Plantea Forma de Mejorar Seleccion Nominados a Premios Soberano

El cronista de arte José Rafael Sosa ha recomendado -en un amplio trabajo- una posible forma de mejorar la selección de los artistas en el Renglón Clásico, especializando para lograrla a quienes asisten a las funciones escénicas de Teatro, Danza, Música y otras expresiones en las tablas

Sosa -quien no pertenece a la Asociacion de Cronistas de Acroarte- defiende la validez de Premios Soberano, como el principal galardón para reconocer el talento nacional y da un voto de confianza a la actual directiva que preside Jorge Ramos, a quien considera un profesional íntegro y sin ataduras para dirigir el proceso.

El Soberano, el más importante reconocimiento al talento artístico nacional, debe y tiene que ser defendido, y tiene ser visto por encima de las quejas, públicas y privadas de quienes no aparecen en sus casilleros, para entrar en el análisis que conduzca al perfeccionamiento del galardón, dejando claro que el mismo es infinitamente perfectible.

Los escarceos post-nominaciones son parte del proceso, pero se impone dar una mirada a fondo para mejorar criterios y normas de selección, por encima del derecho a la queja y al recurso prescindible de la quejumbre.

El organismo ejecutor, la Asociación de Cronistas de Arte de República Dominicana y sus patrocinadores, sobre todo la Cervecería Nacional Dominicana, merecen reconocimiento por el papel desarrollado al concretar cada año una noche inolvidable de emociones.

Analizar cada entrega deja reflexiones que pueden servir, a sus organizadores, el equipo de hombre y mujeres que dirigen la Asociación de Cronistas de Arte de República Dominicana a revisar en detalla cada uno de los aspectos que puedan perfeccionar mecanismos de selección pero no puede dejar se revisar sus ausencias en sus casilleros, algunas llamativas. Se impone abandonar egos y seguir mejorando sus criterios. ANALISIS JRS SOBRE ACTIVIDAD TEATRAL 2015

República Dominicana tiene en El Soberano el único y más importante premio al talento artístico nacional, por lo que este galardón debe ser defendido con sinceridad y firmeza, incluso de ataques del más diverso nivel provenientes, ya se sabe, de quienes no figuran en sus nominaciones anuales. El ego artístico es, por una parte infinito e insaciable, pero es también un sentimiento que aspira justicia aun cuando sus portadores no salgan a quejarse.

Una de las medidas aconsejables para afinar criterios, es que las nominaciones, sobre todo en el área clásica (teatro, cine, danza, artistas clásicos destacados en el extranjero y otras) es especializar sus electores y evitar el democratisimo excesivo de someterlos a votación de una asamblea en la cual la mayoría de sus integrantes, no asisten a esas presentaciones.

Los cronistas solo tienen oportunidad de ubicar cinco nombres por categoría y solo ellos saben del desafío de seleccionar con esa limitación numérica.

La directiva de Acroarte, presidida por Jorge Ramos, un profesional íntegro y alejado de intereses, ha evidenciado un empeño loable de mejorar los criterios de selección, pese a lo cual se pueden ir errores y falencias por la vía del voto asambleario, no siempre testigo fiel lo que están evaluando. Quienes asistimos a esas funciones no somos más de seis o siete personas. ¿Cuántos votan en la Asamblea? No sabemos. Nunca hemos estado ahí por no ser miembros de la asociación.

De ahí la necesidad de dar autoridad del voto a quienes dan seguimiento a esas manifestaciones para evitar decisiones “de oído” levantadas en nombre de la democracia mal entendida.

¿Y Bolo Francisco?

La primera ausencia protestada por las redes sociales fue la quienes aprecian a Vicente Santos, como actor y Waddy Jáquez como director, y sus talentos en Perfectus Quorum!, pero esa no fue la única. Es solo una, de un selecto universo que debió ser valorado. Este musical fue, con justicia nominado como tal, porque técnicamente no es obra de teatro y en ese sentido hay que reconocer la justicia de la decisión.

A nuestro modo de ver, la ausencia más resaltante es la de Bolo Francisco, escrita por Reynaldo Disla y ganadora en el certamen de Teatro de Casa de las Américas en 1985, al fin – tras 25 años del premio internacional, fue montada por la Compañía Nacional de Teatro en Bellas Artes en el mes de marzo y que no aparece como Obra Teatral del Año, pese a sus reconocimientos, ni sus talentos, en particular Jhonnié Mercedes, no fueron tomados en cuenta para la casilla Actor del Año.

Jhonnié tomó el personaje central de Bolo Francisco y lo desarrolla durante casi dos horas en escena, con su pierna derecha amarrada para dar la sensación de ser un mutilado, en uno de los esfuerzos histriónicos más destacados de este período. Mercedes es una especie de “actor invisible” pese a su empuje y talento y jamás protesta por no aparecer en nominaciones. Lo mismo se puede decir de la ausencia Maggy Liranzo, quien asumió el liderazgo actoral femenino en Bolo Francisco.

Claudio Rivera no fue nominado por dirigir esta producción, sin dudas el punto más alto de la escena criolla en 2015. Tampoco fue nominado como actor, pese al año que desarrolló desde Teatro Guloya, al lado de Viena González.
Una de las piezas de producción más profesional: Olivia&Eugenio. FOTO ELPERIODICO,COM

Olivia&Eugenio, del escritor peruano Herbert Morote (invitado al país para ver la función de estreno en Sala Ravelo) con las actuaciones de Cecilia García y Jochi Gil (a quien debió considerársele como Revelación del Año) fue una producción modélica y la única a la se le diseño una página web profesional, más allá de su presencia informal en las redes sociales. La pieza debió ser repuesta en la Ravelo por la demanda del público.

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