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Pasión por Donald Trump en su cuartel general

“Refleja los valores de mi patria” y “Tenemos derecho a elegir al que nos guste”; así se expresan sus incondicionales

El reloj no había dado las 11 de la mañana y decenas de personas esperaban en el hall de la Trump Tower, en la Quinta Avenida de Manhattan, para inscribirse como voluntarios ‘telefónicos’ en la campaña electoral de Donald Trump. Entre mostradores con gorras que lucían el apellido del magnate y libros con su foto en la portada, los seguidores del aspirante republicano a la Casa Blanca aguardaban instrucciones en fila.

Una escena que se repitió durante varias horas por la mañana y por la tarde. Ese día los seguidores no tenían que descolgar el teléfono sino mostrar su identificación al equipo de campaña para convocatorias futuras de las que serían informados por correo. Un proceso para el que habían recibido un aluvión de peticiones digitales, según la organización.

Entre las primeras en dar sus datos y pasar el background check -para que “el ambiente del call center sea seguro”, explicaba un email informativo- se encontraba Jenny Dalpe. “Lo que me pidan lo haré”, decía esta seguidora incondicional de Trump que alabó al empresario por “no andarse con tonterías”.

Madre de cinco hijos, Dalpe se confiesa fan del magnate porque quiere que “ellos vivan el tipo de vida que he tenido desde que emigré a Estados Unidos”. Nacida en Checoslovaquia, vivió en Alemania del Este con sus padres y cruzó el charco sola a los 18 años hace décadas. A base de esfuerzo, relata, salió adelante. “Completé mi carrera y tuve tres trabajos”, dice antes de desempolvar sus recuerdos infantiles del comunismo y las carencias que pasó.

Tras los incidentes violentos de este fin de semana en Chicago y las alusiones de Trump al “comunista Bernie” como responsable de lo ocurrido, Dalep asegura que le preocupa el ambiente. “La Unión Soviética trajo el caos. No necesitamos eso. Esto no es una dictadura. Bernie Sanders es un excéntrico”, subraya.

El ir y venir de voluntarios fue constante a lo largo del día. Por allí desfilaron jóvenes y mayores, mujeres y hombres, pocos afroamericanos y algunos hijos de latinos y españoles. A ojos de muchos de ellos, el senador por Vermont se ha convertido en el ‘villano’ de la campaña presidencial de Trump.

“Esos son los comunistas de Greenwich” dice el neoyorquino Adam (prefiere no dar su apellido) en español en referencia a los manifestantes que interrumpen al empresario. Hijo de españoles que emigraron a EEUU durante la Guerra Civil, cree que “Trump refleja mejor que ningún otro candidato los valores de mi patria”. Estos se centran en “la libertad del individuo”; especialmente, en lo económico.

Este trabajador del taxi, que asegura conocer la historia de España, resalta el mensaje de controlar las fronteras de Trump. “Mira los problemas de Europa con lo que yo llamo los ‘invasores’ que están combatiendo ahora”, dice en referencia a la crisis de refugiados. Adam cree que el magnate tiene muchas posibilidades de salir elegido porque su mensaje “toca a muchas personas que están buscando oportunidades con su discurso sobre nuestra cultura y nuestro idioma”. Y también por su mensaje sobre los sin papeles. “No tienen permiso para estar aquí, no son legales y eso afecta a mi bolsillo”, critica el neoyorquino.

Durante horas, las doradas escaleras mecánicas de la Trump Tower condujeron a decenas (que se hicieron centenares) de personas hasta el sótano donde se llevó a cabo el registro. Algunos lucían la gorra que Trump lleva en algunos de sus mítines con el mensaje Make America Great Again (‘Haz a EEUU grande de nuevo’). Otros como Romeo la compraron en el ‘corner’ con souvenirs del empresario. “Me gusta de Trump que está en contra del establishment y que no tiene deudas con los políticos de siempre”, subraya tras mostrar orgulloso la gorra blanca y ponérsela para unas fotos.

“Esta es una buena oportunidad para hacer América grande de nuevo. Estamos cansados de la corrupción y de las políticas de Obama“, explica Romeo, veterano del ejército de EEUU. De raíces italianas y colombianas, lamentó la presencia de ‘agitadores’ en los mítines del aspirante a la Casa Blanca y calificó de “muy preocupante” que ocurra eso. “Tenemos derecho a elegir al candidato que nos guste”, subrayó Romeo, que no entiende por qué, como le dijo un afroamericano, tiene que “tener cuidado en mi país de salir con la gorra del candidato que yo apoyo”.

El neoyorquino Ken Jay aboga porque “la gente que interrumpe en los mítines -que están pagados y son profesionales- sean arrestados y procesados”. Él también se acercó al edificio de Trump a primera hora para apuntarse al ‘call center’. Los más de 30 kilómetros recorridos desde el condado de Rockland merecían la pena. “Quería involucrarme en la campaña. Él es el único que puede arreglar esto. Es un empresario brillante y es el momento perfecto”, decía después de pasar el rápido proceso de inscripción e identificación.

Jay está al 99% con Trump. “Nadie es perfecto”, dice respecto a la campaña que está llevando. “La gente tiene tropiezos, pero la clave está en la gran foto”. Y en esto, a sus ojos, el magnate gana de calle.

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