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Obama vs. Rajoy: cuando el carisma no es necesario para triunfar

Steve Jobs, Obama, Simeone, el Papa Francisco o Felipe González, frente a Ana Patricia Botín, Amancio Ortega, Rajoy, Iniesta o Satya Nadella (presidente de Microsoft). Todos ellos son líderes nacionales o internacionales, pero con una diferencia: mientras que unos han impactado por su enorme magnetismo, su oratoria y su capacidad de comunicación (carisma), los otros no destacan por esas mismas cualidades.

Y es que el liderazgo no tiene que ver con carisma, al menos según la última tesis que plantean investigadores de la Universidad de Florida y publicada en la revista de referencia del mundo de los negocios Iese Insight. No es difícil identificar a qué categoría pertenece cada grupo, y sin embargo, ¿son unos mejores líderes que los otros? ¿Es necesario tener carisma para ser un buen líder, o está sobrevalorado?

«Es distinto el carisma a nivel empresarial y a nivel social», explica Antoni Perramón, socio director de Neurons, consultoría estratégica de personas, y antiguo director de recursos humanos de empresas como Spanair, Codorníu u Honda Motor Europe. «A nivel empresarial es una consecuencia: es tener influencia global por ser un líder que cumple con los tres requisitos que ello requiere. No es la labia, ser la estrella de la fiesta, o una persona atrayente. De hecho, muchas organizaciones huyen de esto».

Hay tres características que, según él, hacen al buen directivo: buenos conocimientos técnicos, saber gestionar y ser un buen desarrollador, es decir, saber gestionar conflictos, tomar decisiones y organizar la comunicación. El carisma no está entre las cualidades para ser buen líder. Perramón apunta, además, que existe el «carisma tóxico, como el de Steve Jobs, quien sabemos que no era un buen jefe. Más bien era de los que queman a la gente, muy duro con su equipo».

Si lo que se busca es crear una estrella y que tenga seguidores, un producto comercial al fin y al cabo, el carisma es importante en la ecuación, según Elisa Sánchez, directora de la consultora de formación IDEIN, y Coordinadora del Grupo de Trabajo de Psicología y Salud Laboral del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Pero esta experta no cree que mediático ni carismático sean requisitos indispensables para el buen líder, aunque ayudan.

Para Perramón, este rasgo puede ser incluso perjudicial. «Para ser un buen líder has de saber mantener las expectativas, tener credibilidad. Las personas carismáticas saben venderse bien. Pero si lo que han explicado no concuerda con la realidad, difícilmente les seguirán, y dejarán de ser líderes».

Sánchez pone ejemplos de triunfadores sin el ingrediente mágico: «Amancio Ortega o Rajoy». El presidente en funciones reivindica incluso su anti-carisma: «Soy un señor de Pontevedra», dice de sí mismo. Y así lleva 25 años en política. Después de todo, quizás la Universidad de Florida haya dado en la diana: el carisma está sobrevalorado.

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