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Marco Rubio: “Se ocupó más de su futuro que del trabajo”

Publicó en 2012 el libro ‘El ascenso de Marco Rubio’, del que existe una edición en español, y que es la mejor biografía del político

Ser ambicioso es necesario en política. Pero parece que Marco Rubio se ha pasado. El que iba a ser, según algunos, el primer presidente cubanoamericano de EEUU, se retiró de su campaña el martes de forma ignominiosa, pulverizado por Trump en su propio estado, Florida. Y ahora Rubio no tiene a dónde ir, porque ha renunciado a la reelección al Senado.

Pocos conocen mejor a Marco Rubio que Manuel Roig-Franzia, nacido en Madrid de padre español, y nieto de un torero onubense. Roig-Franzia, que trabaja en The Washington Post, publicó en 2012 el libro El ascenso de Marco Rubio, del que existe una edición en español, y que es la mejor biografía del político cubanoamericano al que empezó a tratar cuando fue delegado del Post en Florida.

¿Es éste el final de las ambiciones presidenciales de Marco Rubio?
Rubio es muy joven [tiene 44 años]. Hay muchos ejemplos de políticos que sufrieron reveses en el camino a la presidencia y acabaron lográndola. Ahí están Richard Nixon, Ronald Reagan, y Bill Clinton. Terminar el cuarto en una campaña presidencial en la que llegó a haber casi 20 candidatos no es un mal resultado, y tal vez en el futuro intento de lograr la presidencia se vea menos como un fracaso y más como una campaña que tuvo bastante credibilidad.
¿Qué errores cometió Rubio en la campaña?
Uno, dejar que le pillaran en un debate repitiendo el mismo punto, casi palabra por palabra, una y otra vez. Dos, como el propio Rubio ha admitido, hacer comentarios inapropiados, como cuando bromeó acerca de las manos de Donald Trump [insinuando que su rival también tiene pequeños los órganos sexuales]. Y tres, dirigir su mensaje a muchos votantes en muchos estados, en vez de centrarse en un grupo específico. Aparte, la campaña también ha puesto de manifiesto los lastres de Rubio.
¿Qué lastres?
El más obvio es su participación en la ‘Banda de los Ocho’ [el grupo de cuatro senadores demócratas y cuatro republicanos que lanzó un proyecto de reforma inmigratoria]. Cuando Rubio ganó la campaña al Senado lo hizo con el apoyo entusiasta de los conservadores, en parte por su dureza en inmigración. Esos votantes se sintieron traicionados cuando vieron al senador formar parte de la ‘Banda de los Ocho’. El segundo problema de Rubio es que se ha notado que está mucho más centrado en su futuro político que en hacer su trabajo. No es algo nuevo. Ya en Florida, él promovió la creación de un Comité sobre el 11-S después de los atentados. Pero, pese a tratarse de una materia tan cargada de emoción en aquel momento, Rubio se perdió muchas de las reuniones de ese Comité.
¿Por qué no han apoyado a Rubio el actual gobernador de Florida, Rick Scott, ni otros ‘pesos pesados’ del Partido Republicano?
Mucha gente que apoyó a Rubio el inicio de su carrera política lo hizo por indicación de Jeb Bush. Y ahora esa gente está furiosa con él por sus ataques a Jeb en la campaña presidencial. Otros insisten en que, al presentarse, se saltó su puesto en la fila [por delante de Jeb Bush]. Y además a Rubio lo han criticado mucho por su supuesta falta de ética del trabajo para dedicar tiempo y esfuerzo a las cuestiones aburridas, burocráticas o meticulosas de la función pública.
Parece una persona con una ambición enorme.
¡Nadie que acaba cuarto en unas primarias puede ser acusado de falta de ambición!
¿Dónde está Rubio ideológicamente?
No soy un gran partidario de las etiquetas políticas. Digamos que Rubio está a la derecha. Es conservador en lo social, y puede ser agresivo y beligerante en política exterior, como refleja su oposición frontal a la apertura a Cuba. Sin embargo, quienes le sitúan en el Tea Party dejan de lado sus posiciones en materia de impuestos y de déficit público, donde se alinea con el ala más favorable a las empresas del Partido Republicano.

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