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Los símbolos de La Pascua desde la tradición Judeo-Cristiana

Durante La Semana Santa conmemoramos la Pascua judía que proviene del hecho historio del pueblo de Israel mientras era esclavo en Egipto. En los evangelios Cristo, retoma esta tradición judía y la transforma haciéndola universal.

Moisés ese gran caudillo de los tiempos bíblicos, fue salvado milagrosamente por la hija del Faraón, después que su madre coloca al niño en un artefacto para que este flotara sobre las aguas del rio donde más adelante la hija del Faraón disfrutaba de un baño.

Su nombre Moisés, significa que fue rescatado de las aguas. Él fue educado en el conocimiento egipcio, pero al llegar a adulto descubre no solo su propia identidad, sino que también elimina a un egipcio quien peleaba con un hebreo.

Al día siguiente de ese incidente, Moisés quiere desapartar a dos judíos que peleaban entre sí. Y uno de ellos, le dice: “quién te ha puesto por juez entre nosotros dos, quiere matarme como hiciste con el egipcio ayer.”

Moisés entonces teme por su vida y sale corriendo del lugar y llega a las tierras de Jetro quien luego se convierte en su suegro. Pero antes de todo eso, Moisés defiende como un hábil guerrero, las hijas de Jetro. Cosa esta que le permite relacionarse con esta familia. Y luego, toma por mujer a una de sus hijas. Es Jetro quien orienta a Moisés para que conozca a Yahveh, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Según el teólogo y escritor Norman K. Gottwald, el nombre Hebreo es un apodo que significa pobre. Los judíos habían vivido por 400 años como esclavos, haciendo trabajos muy forzados y en condiciones deprimentes. El pueblo se quejaba constantemente, y clamaba a su Dios.

Dios llamó a Moisés cuando este se encontraba cerca de un arbusto, que ardía en llama pero no se consumía mientras el fuego seguía encendido.  Dios llamó a Moisés, diciéndole quita el calzado de tus pies porque el lugar que tú pisas, santo es.

Es allí es donde Dios llamó a Moisés para que fuera y le dijera al Faraón, “Deja ir a mi pueblo.” Moisés no deseaba aceptar semejante trabajo y puso muchas escusas para no ir, pero Dios no aceptó ninguna de esas escusas. Luego, Moisés regresa a Egipto para comunicar a Faraón el pedido de Dios.

Era natural que el Faraón con todo su poderío rehusara dejar ir libre a miles y miles de esclavos a quienes no pagaba justamente, lo que estos merecían por su trabajo. El Faraón resistió conceder la petición divina.

Entonces, Moisés que era varón poderoso en palabra y obra, tuvo que usar del designio divino para persuadir al Faraón de que Dios no aceptaría otra cosa que no fuera dejar ir al pueblo para que este le ofrezca sacrificio y se establezca una alianza entre el pueblo y Dios.

Moisés castiga con diez plagas al pueblo de Egipto. La última consistía en la celebración de la Pascua. Cada judío debía celebrar la Pascua matando un corderito, y tomando la sangre de este animal para pintar la puerta de cada hogar judío en cautiverio.

Los judíos debían comer en celebración por su liberación, la cena pascual, que contenía entre otras cosas, pan sin levadura, yerbas amargas, la carne del cordero como víctima inocente, y el vino.

Esta comida pascual tiene un simbolismo espiritual muy profundo para el pueblo judío y  no deseo entrar en detalles, pero la pascua judía significa la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo por parte de los egipcios. Esta la liberación proviene de Dios quien no se complace con la injusticia ni la exploración de ningún ser humano.

El ángel de la muerte, enviado por el creador Dios, pasaría sobre la nación y sobre las casas de todos los habitantes en Egipto y quienes no tuvieran esa señal en su puerta, el primer hijo varón de los egipcios, debería ser eliminado y esta última plaga finalmente fue la que convenció al Faraón para que dejara ir libre al pueblo de Dios.

Muchos judíos todavía celebran la Pascua, en la cual se celebra la liberación del pueblo Hebreo por parte de Dios, quien uso a Moisés para que sus propósitos y designios se cumpliesen.

Sin embargo, es Jesús como judío al fin, quien seguía la tradición hebrea de celebrar la cena pascual, quien convoca a sus discípulos, los 12, para que estuvieran con él y celebraran la pascua. La celebración convocada por Jesús, fue un jueves, en el aposento alto, donde Cristo celebró la pascua con sus discípulos.

Jesus después de haber celebrado la Pascua comiendo los elementos de la cena hebreo, tomó el pan y dio gracias a Dios por el pan. De esta acción de gracia se desprende el término original griego que usamos como “eucaristía”. San Mateo nos dice que cuando llegó la hora, Jesús y los apóstoles se sentaron a la mesa.

Lucas nos cuenta que Jesús dijo: Cuanto he querido celebrar con ustedes esta cena de Pascua antes de mi muerte! Porque le digo que no la celebraré de nuevo hasta que se cumpla en el reino de Dios.

Regresando al evangelio según San Mateo Jesús dice: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo. Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos diciendo: “Beban todos ustedes de esta copa, porque esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre que es derramada en favor de muchos para el perdón de sus pecados. Pero les digo que no volveré a beber de este producto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre. Así que todas las veces que comáis de el pan y bebáis de esta copa, la muerte del Señor anuncias hasta que el vuelva.

Jesús compartió el sacramento de la Santa Comunión, no solo con Judas, quien lo traicionó, sino con los otros discípulos que le negaron y lo abandonaron esa misma noche cuando lo arrestaron.

En verdad, Jesús transformó esta celebración judía dándole un significado más profundo. Mientras Moisés, liberó al pueblo de la esclavitud del Faraón, Jesús nos libera del pecado, de la ley y de la muerte.

Cristo Jesús es el cordero pascual que se sacrifica para redimirnos de la esclavitud del pecado. En la cena pascual judía, y en los posteriores sacrificios, un animal inocente moría, y se colocaba la mano del penitente sobre la cabeza del animal sacrificado. Es decir que el pecado del ofrendante, pasaba al animal inocente.

Pero los sacrificios tenían que hacerse cada año, el animal moría y el sacerdote que ofrecía el sacrificio en el altar, también moría y ambos tenían que ser remplazados.

Pero Cristo, como sumo sacerdote, murió como ofrenda eterna por el pecado de toda la humanidad. Y como Dios no se agrada del sacrificio muerto, Cristo se levantó de la tumba el tercer día, y subió hasta los mismos cielos, y se presentó ante su Padre Dios como el único sacrificio aceptado por Dios para perdonar el pecado humano.

Cuando Cristo murió en el cruz, el velo del templo en Jerusalén se partió en dos, significando esto que tenemos entrada a la presencia de Dios por medio de la oración. No necesitamos ya más de un sumo sacerdote, que ofrezca sacrificios, o plegarias delante de Dios por nosotros.
Al morir Jesús, en una cruz, colocada sobre el Monte Calvario, se rompe el velo que dividía el lugar santo del lugar santísimo, no necesitamos de nadie más para que interceda delante de Dios por nosotros.

Cristo nos abrió el camino directo para entrar a la presencia de Dios, y pedir a Dios sin ningún otro intermediarios que no sea Jesucristo, porque solo hay un Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, y este es Jesucristo.

La pascua Judía es transformada por el Mesías, quien ha venido de parte de Dios para integrarnos a ese reino de paz, amor y justicia al cual los cuatro evangelios nos invitan a pertenecer.

Judíos y gentiles, todos por igual son invitados a ser parte del pueblo de Dios. Cuando abrimos nuestros corazones, y aceptamos la obra expiatoria de Jesucristo por nuestros pecados, empieza en nosotros la nueva creación que Dios está formando a través de Jesucristo, y por medio de su Santo Espíritu él nos hace nueva criatura.

Con el Domingo de Resurrección se sella esta nueva alianza, porque Cristo conquisto los poderes de la muerte, por eso es Señor, de los vivos y de los muertos. No hay otro nombre por el cual podemos ser salvos, solo a través de Jesucristo.

Finalmente, Cristo es nuestra Pascua, pues con su sangre él nos ha librado del poder de la muerte. Como dice claramente un himno de la fe cristiana, “Por fe en Jesús el salvador, se hace salvo el pecador, sin merecer tan rico don, recibe plena salvación.”

Rey Díaz

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