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Las reuniones bilaterales retrasan el reinicio de la Cumbre Europea

Cuando en la madrugada del jueves al viernes las conversaciones políticas cesaron en la sala del Consejo Europeo en Bruselas quedó bastante claro que los grandes temas pendientes de la negociación entre Reino Unido y el resto de la UE seguían ahí. Pocos progresos, muchos detalles que perfilar y bastante cansancio acumulado.

La idea era dejar en manos de los ‘sherpas’, los negociadores jefe de cada delegación y de las instituciones europeas la redacción de un nuevo borrador, de un texto que fuera puliendo las discrepancias abiertas en temas de prestaciones sociales, gobernanza económica y el futuro de los Tratados europeos, entre otras. Y que a eso de las 11 de mañana del viernes se volvieran a sentar los jefes de Estado y de Gobierno en la mesa.

No ha sido así. Ni a las 11, ni a las 13.30 ni a las 14.40 ni a las 5.30 horas, según se fue anunciando y modificando. La última estimación es intentarlo al borde de las 16.00, pero sin ninguna garantía de que sea así, por lo que en Bruselas se preparan todos para una larga tarde e incluso noche. “Espero un acuerdo hoy o mañana”, ha señalado el primer ministro belga, Charles Michel.
¿A qué esperan?
Antes de centrarse en la redacción de un documento que será legalmente vinculante e irreversible, puesto que hace falta unanimidad, quieren aclarar todos los flecos. El equipo de Donald Tusk ha mantenido encuentros bilaterales con Cameron, Hollande y los primeros ministros de República Checa, Austria o Bélgica.

El presidente de la Comisión. Jean-Claude Juncker, se sigue viendo uno a uno con los países pequeños. Cameron y Merkel han tenido su sesión aparte. Y varios son los políticos que han tratado de calmar los ánimos del griego Alexis Tsipras, que según varias fuentes está presionando para ligar de alguna manera un acuerdo sobre Reino Unido a los problemas migratorios de su país, amenazando incluso con la posibilidad de impedir la redacción de unas conclusiones de los 28 si no recibe garantías de que Grecia no será aislada por la cuestión fronteriza.

Hay dos elementos que llevan a la prudencia. Por un lado, que el mensaje público de todos sigue siendo tranquilo, sin grandes aspavientos. Hablan de una “negociación dura” y “más larga de lo esperado”, pero siempre dentro de unos términos aceptables. Por otro lado, que nadie está bajando a la sala de prensa a malmeter.

No hay acusaciones ni reproches, no hay mensajes de Londres contra Praga o Varsovia, ni de los italianos hacia los austriacos, por poner dos ejemplos. A diferencia de lo que ocurrió en la crisis griega impera la calma y los abogados se pelean por la retroactividad, la aplicabilidad y los números exactos, como por ejemplo durante cuánto tiempo podrá suspender Reino Unido las prestaciones laborales de los trabajadores extranjeros una vez que se active el llamado mecanismo de emergencia que se negocia.

En Bruselas este viernes hay mucho tiempo libre. Los primeros ministros de muchos países (Estonia, Lituania, Luxemburgo, Bélgica) se dejan ver por la planta baja y atienden a los medios. El secretario de Estado para Asuntos Europeos de Polonia acaba de mostrarse confiando, pero reconociendo que hay pocos avances concretos y que esto va para largo. Y el propio Cameron ya avisó por la mañana, fuera de micrófono, que ha alertado a su mujer y sus hijos que es posible que no vuelva a casa hasta el domingo.

Nadie quiere prorrogar el debate en una nueva Cumbre en las próximas semanas. Prefieren dedicar el tiempo que sea necesario hoy e incluso mañana si fuera inevitable, pero creen que llevarlo a marzo complicaría la campaña, retrasaría la idea de Cameron de celebrar el referéndum en junio y mandaría un mensaje de división poco productivo.

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