MeditaciónNoticias

La vida no consiste en la abundancia de los bienes que posee

Meditación diaria para la Mente y el Alma
Jesús les dijo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Jesucristo está interesado en guiar a sus discípulos por el camino de la vida eterna. No pone en ellos restricciones y cargas pesadas que no pudieran llevar. Más bien les da la libertad de escoger advirtiéndole sobre aquello que es relevante para la vida de todos.
Parece ser que los hombres y mujeres del primer siglo se preocupaban mucho en poseer cosas materiales que le indicaría su status social entre los demás. La vida entonces consistía para muchos, en la adquisición de bienes materiales. Estos deseos humanos no han cambiado mucho desde entonces.
Al observar con frecuencia como la gente se gastaba tratando de lograr acumular objetos materiales, Jesús les advierte que deben guardarse de la avaricia. La avaricia se convierte en un deseo sin control, por poseer aquello que para muchos en símbolo de la vida. Pero para Jesús, la vida no consiste en eso precisamente. Así que Jesús les refiere una parábola para ilustrar lo que desea ensenarles. Las parábolas son relatos que Jesús hace para enseñar una verdad irrefutable.
Dijo Jesús, “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lucas 12: 15-21).
Notemos que este hombre de la parábola de Jesús está centrado en su ego personal. “Pensaba dentro de sí, haré, guardaré mis frutos, derribaré mis graneros, edificaré mayores, guardaré todos mis frutos y bienes, diré a mi alma, alma, muchos bienes tienes guardados por muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate”.
Este hombre había personalizado todo alrededor de él para satisfacer todos sus gustos y caprichos. Ni contaba con Dios, ni se interesaba por su prójimo. Parecía que el mundo solo existía para saciar todos los deleites y gustos de un hombre tan excéntrico. Lo que no estaba bajo su control, era el poder para disponer sobre su vida y el futuro de su alma se convierte así en un fracaso total. Además cuando el hombre muere no puede llevarse consigo nada de lo que acumuló durante toda su vida.
Si la vida descrita por Jesús no consiste en los bienes que poseemos entonces qué es la vida. Jesús describió la vida en estos términos, “Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre si no es por mí.” (San Juan 14: 6). Creer en Jesucristo, en el sacrificio que hizo por nosotros en la cruz del Calvario, pedir a Jesucristo que more en nosotros, que nos perdone de todos nuestros pecados, nos garantiza la vida de la cual Jesús habla aquí.

Entonces debemos cuidarnos de no vivir para sí mismos pero vivir para Dios. Por lo tanto debemos vivir para amar a Dios sobre todas las cosas, y para servir al prójimo con nuestros bienes, talentos, recursos y obras. En definitiva, el único que puede decidir sobre la residencia eterna de sus inquilinos es Dios, pero siempre respeta las decisiones que hayamos tomado y la forma de vida que hemos llevado en la tierra para recibirnos en su regazo o para rechazarnos.
Al final, una vida improductiva es aquella que solo se vive para sí, sin importar aquellos que tenemos a nuestro alrededor. Cuando compartimos nuestros bienes entonces vivimos como Dios desea que seamos en este mundo.
Oración: Señor ayúdanos a ser instrumentos tuyos y a usar los bienes que has colocado en nuestras manos para administrar estos, en favorecer a los que menos tienen. Te pedimos ayuda para lograr ser ricos para con Dios. Permítenos vivir en este mundo construyendo riquezas que redunden en el beneficio de los demás. Destruye el orgullo en mí que solo conduce a pensar que soy más importante que los demás, cuando en realidad tu amas y cuidas a todos los seres humanos. Ayúdame a enfocarme siempre en Jesús, el autor de la vida eterna. Amén

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba