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La UE exige a Ankara que abra su frontera a los refugiados sirios

La reciente oleada de refugiados sirios que huyen de la guerra en su país vuelve a poner en evidencia las contradicciones en las que entran todos los países que tratan de dar una respuesta a esta crisis humanitaria que dura ya casi cinco años. Alrededor de 35.000 personas, según fuentes oficiales turcas, se agolpan en el lado sirio del paso fronterizo de Bab al Salama. Esta inmensa cantidad de personas se ha acumulado en solo dos días debido a la ofensiva del régimen de Bashar al Assad, con apoyo aéreo ruso, sobre los alrededores de la ciudad de Alepo.

No obstante, solo 5.000 personas, aquellos en situación de extrema vulnerabilidad, han entrado en territorio turco a lo largo de las últimas horas, de acuerdo con los datos proporcionados por el Ministerio de Exteriores. El paso, que en turco tiene el nombre de Oncüpinar, ha permanecido cerrado durante gran parte de los últimos doce meses. Y con la crisis actual las autoridades no han cambiado de parecer.
«Nuestras puertas no están cerradas, pero por el momento no hay necesidad de hospedar en nuestro territorio a estas personas», aseguró ayer Suleyman Tapsiz, el gobernador de Kilis, la localidad turca junto a la frontera. Tapsiz subrayó que ya se ha distribuido comida, mantas y tiendas a los sirios que esperan a poder entrar en Turquía. Las organizaciones humanitarias en el lado sirio de la frontera señalan que, ante esta decisión, muchas personas deciden buscar refugio en la cercana ciudad de Azaz, controlada por las milicias rebeldes, o en Afrin, una región bajo el poder de los kurdos de Siria.

La Unión Europea exige a Ankara la apertura de la frontera. La demanda fue remarcada ayer por la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, durante la reunión informal celebrada en Holanda entre los ministros de asuntos exteriores de los Estados miembros y su homólogo turco. «El apoyo que la UE está dando a Turquía está destinada precisamente a, entre otras cosas, garantizar que Turquía tenga los medios, los instrumentos y los recursos para proteger y acoger a las personas que buscan asilo político», dijo Mogherini. El pasado miércoles se aprobaba definitivamente la ayuda de 3.000 millones de euros que Ankara va a recibir de Bruselas a cambio de reforzar el control en la frontera oeste del país y frenar el número de refugiados e inmigrantes que llegan a Grecia.
Turquía acoge ya a más de 2,5 millones de refugiados sirios, según cifras oficiales. Solo en Kilis, por ejemplo, existen dos campamentos de refugiados. Y los 35.000 que ya esperan a entrar al país euroasiático serían solo los primeros de muchos más. «Ya hemos recibido a 5.000 de ellos, pero otros 50.000 o 55.000 se dirigen a la frontera y no podemos abandonarles porque los ataques aéreos continúan y las fuerzas del régimen apoyadas por las milicias chiíes iraníes están atacando también a estos civiles». Así se expresaba el ministro de Exteriores, Mevlüt Çavusoglu, al abandonar la reunión de Amsterdam. Turquía, así como el resto de países de la OTAN, acusa a Rusia de bombardear a civiles. Desde Moscú aseguran que sus operaciones están centradas en «grupos terroristas».
Kurdos y sirios

La carga de personas que huyen de sus hogares debido a la violencia se acumula en Turquía. Además de los refugiados sirios, ahora se suman hasta 200.000 desplazados internos, según cifras de organizaciones humanitarias, que proceden de las provincias de mayoría kurda, en las que el Ejército turco mantiene una dura lucha contra las milicias del PKK. Los expertos señalan la dificultad extrema de gestionar estas crisis. «Las condiciones en Turquía están empeorando y los desplazados kurdos van a acabar empujando inevitablemente a los sirios hacia Europa», explica a ABC Ilke Sanlier Yüksel, del Centro de Investigaciones Migratorias de la Universidad Koç. «Y así lo creen muchos oficiales turcos con los que me he entrevistado», añade.
A pesar de ello, Turquía quiere dar pasos y mostrar que está reduciendo la llegada de inmigrantes. En este sentido, el ministro de Exteriores aprovechaba la reunión de Amsterdam para anunciar un endurecimiento de las condiciones para conceder visados a ciudadanos iraquíes. Se trata de una prueba de la «determinación para luchar contra la inmigración ilegal», en palabras de Çavusoglu. No obstante, algunas zonas de Irak se están viendo afectadas también por la guerra en la vecina Siria.

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